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Mientras Dirk Nowitzki siga siendo feliz, el mundo será un lugar bello

Dirk Nowitzki fue MVP y campeón de la NBA, y en un futuro será miembro del "Hall of Fame": es vital mantener al alemán con una sonrisa en la cara, porque así la vida de todos es mejor.
14.1.16
Photo by Jeff Hanisch-USA TODAY Sports

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El pasado martes—unos 17 años después de su debut en la NBA, nueve años después de ganar su único premio MVP, y cuatro años y medio después de liderar a los Dallas Mavericks hacia su único campeonato hasta la fecha—, Dirk Nowitzki recogió un balón muerto cerca de la canasta y decidió hacer una rápida demostración de potencia física: el alemán saltó para machacar con una mano… pero falló.

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Por un segundo, a Nowitzki le fallaron las piernas y se quedó a medio camino. No sabemos cómo se sintió en ese momento: aunque reaccionó sonriendo y devolviendo el balón al árbitro, la frustración física debió sentarle como un jarrón de agua fría. Al fin y al cabo, esta acción aparentemente anecdótica viene a confirmar que la barra de energía de 'Robin Hood' se está acabando.

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Nowitzki se burló del incidente en Twitter; la red consideró el episodio como una prueba de su alegre personalidad y de la humildad con la que el jugador de 37 años ha navegado en la última etapa de su carrera. Nowitzki tal vez sea el más alegre de los veteranos de la NBA, en contraste con el semblante serio de Kobe Bryant, la caminata aletargada de Tim Duncan y la mirada arrogante de Kevin Garnett.

Además de su aparente naturalidad carismática, Nowitzki es capaz de sonreír incluso ante una prueba evidente del deterioro de su cuerpo. Se encuentra jugando a un buen nivel y lo lleva haciendo toda su vida… aunque parece altamente improbable que compita por el título una vez más, porque los Mavs no están precisamente a su mejor nivel histórico.

Durante años, los Dallas Mavericks fueron los eternos favoritos incapaces de dar el paso definitivo; después se convirtieron en uno de los campeones más sorprendentes de la historia reciente al vencer a los Miami Heat de LeBron James en 2011. Hoy en día, con Nowitzki en la pista, con Rick Carlisle en la banda y con la habitual manada de fichajes raros en el banquillo, el equipo de Dallas parece haber vuelto a un estado de satisfecha mediocridad. Dirk, como siempre, es su líder.

Cuando cuentas cuánta gente sois en la mesa mientras al mismo tiempo le pides al camarero lo que vais a beber. Foto por Kevin Jairaj, USA TODAY Sports.

En la pista, los Mavericks parecen tener un plan inicial: otra cosa es si funciona. El equipo juega como si su quinteto inicial incluyera la mejor versión de Deron Williams y un Wesley Matthews en forma; Zaza Pachulia, JaVale McGee, Raymond Felton y David Harris, sobre el papel, deberían funcionar como una máquina engrasada, mover el balón entre lado fuerte y lado débil, dividir con decisión y generar tiros liberados desde la línea de tres.

Los Mavericks meten 105 puntos de cada 100 posesiones, lo cual no está mal… pero para ser sinceros, casi nadie del plantel ha funcionado al nivel que se esperaba.

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La plantilla actual no es más que el plan C (o E, o incluso D) del que seguramente tenían los dirigentes en mente tras el anillo de 2011. Los Mavericks campeones dejaron ir a Tyson Chandler con la esperanza de atraer a Deron Williams a su ciudad natal; después de traer a Chandler de regreso un par de años después, lo dejaron ir una vez más el verano pasado en busca de DeAndre Jordan.

Ninguno de estos planes funcionó. Por si fuera poco, otros traspasos realizados entre aquellas decepciones —los intercambios por Lamar Odom en diciembre de 2011 y Rajon Rondo en diciembre de 2014— terminaron en tragicomedias. El caso de Rondo fue especialmente duro: los Mavs apostaron muy fuerte por un jugador con un carácter difícil y este les decepcionó completamente. Jaque mate, fin de la partida y hora de volver a colocar todas las piezas sobre el tablero.

Todos saben que, en la cultura del baloncesto, abrazar a Nowitzki trae buena suerte. Foto de Jerome Miron, USA TODAY Sports.

Hay que reconocer cierta frescura en el juego de los actuales Mavericks a pesar de sus fracasos intermitentes. En parte es gracias a Williams y Matthews, que sin estar a su 100% son capaces de ofrecer minutos de calidad partido tras partido, pero principalmente los Mavs se lo deben a Nowitzki. Dirk atrae las marcas de los rivales gracias a sus movimientos y a su capacidad anotadora, y el entrenador Carlisle desvía la anotación de su equipo a las penetraciones y los tiros de tres desde las esquinas: Nowitzki genera una doble marca y el resto de Mavericks se mueven por el espacio que genera.

No quiero decir con ello que Nowitzki sea una especie de señuelo alto y rubio: en el mismo partido en el que falló el mate que antes decíamos, frente a los Sacramento Kings, Dirk aplicó todas sus habilidades siempre que se le necesitó. Williams anotó el tiro decisivo y se convirtió en el héroe de la noche, pero previamente el líder había sido claramente Nowitzki: el alemán metió cinco de sus seis últimos tiros y anotó hasta 12 puntos en los cinco minutos finales del último cuarto.

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Sin los puntos de Dirk, la canasta de Deron jamás habría existido.

Frente a la necesidad de mantener feliz a Nowitzki, todo lo demás es puramente secundario. Foto de Kevin Jairaj, USA TODAY Sports.

Tras el mencionado partido frente a Sacramento, los Mavericks celebraron la victoria como si hubieran ganado el campeonato… porque saben que no ganarán el anillo este año. Festejar así cuando ganas a un equipo de media tabla para abajo puede sonar un poco exagerado, pero los grandes jugadores, como antes decíamos, demuestran su personalidad en cada gesto: Kobe hubiese chuleado como el típico corredor que asegura que compite por diversión pero que llegado a la línea de meta se pone a presumir; Tim Duncan hubiera abrazado a sus compañeros como un árbol generoso.

Nowitzki, en cambio, es un tipo feliz, así que celebró con felicidad. El alemán siempre ha dado la sensación de disfrutar de los actos cotidianos de este deporte y así lo demostró frente a los Kings.

A día de hoy, el MVP de la NBA de 2007 —¡ya casi hace una década!— es el fulcro de un equipo que juega sets limpios, que consigue un número razonable de victorias y que se encuentra quinto en la Conferencia Oeste. Lo más probable esta temporada es que los Mavericks se queden en la segunda ronda de los play-offs (como mucho), y que la última oportunidad de Dirk de seguir haciendo historia sea sentenciar a muerte a alguno de los proyectos más carismáticos de la liga; tal vez los Rockets, o los Grizzlies.

A mí, qué queréis que os diga: me da bastante igual si ganan o no. Yo lo que quiero es seguir viendo jugar a Nowitzki el máximo de tiempo posible. Se nota que se acerca el final de la máquina de jugar al baloncesto que es el alemán, pero mientras él siga sonriendo en la pista, los aficionados también sonreiremos y el mundo será un lugar mejor. ¡Larga vida a Dirk el Feliz!

Sigue al autor en Twitter: @robertfoconnell