Photo by Todd Lussier/Zuffa LLC

Cómo José Aldo ejemplifica la miseria del ídolo caído

El brasileño José Aldo fue cruelmente derrotado por Conor McGregor y ahora se niega a pelear contra cualquier otro que no sea el irlandés. Su caso es un perfecto ejemplo de la tristeza de un mito roto.

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02 Febrero 2016, 4:50pm

Photo by Todd Lussier/Zuffa LLC

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Es una verdad reconocida universalmente que la peor posición que puedes tener en un deporte es la de 'gatekeeper': el eterno número dos que falló en su intento de ganar el título absoluto pero que aún así sigue siendo el mejor en su categoría. Es un estatus que no tiene ventajas: la victoria más deseada es ya imposible, así que el único camino que queda es hacia abajo.

Más lucha: Ronda Rousey o cómo volver a ganar cuando descubres que no eres invencible

Para los atletas profesionales, y en particular para los luchadores, el día en que te das cuenta que tienes el estatus de 'gatekeeper' —séase, cuando los demás quieren demostrar su valor enfrentándose a ti para posteriormente intentar llegar a un lugar que tú tienes vedado— debe ser un tipo de muerte emocional, una catástrofe mental.

El luchador promedio, al menos, se ha acostumbrado con el tiempo a su lugar en el mundo: las victorias le ilusionan, pero no excesivamente, porque al fin y al cabo sabe que la derrota le devolverá a su sitio más pronto que tarde. El 'gatekeeper', en cambio, se despierta un día encontrándose en el limbo. No va aceptando poco a poco su obsolescencia, sino que la siente de golpe.

Conor McGregor celebrando su victoria sobre José Aldo. En ese momento, al brasileño se le rompió algo en el interior... para siempre. Foto de Gary Vasquez, USA Today Sports.

Aunque el mundo del 'gatekeeper' sea muy duro, creo que aún existe una categoría peor para un deportista: el mundo del aquel que solía ser un campeón invencible y que de repente pierde su aura para siempre. En el UFC, un mundo con muchos menos enfrentamientos que permitan recuperarse —a diferencia de otros deportes individuales, como el tenis, en los que puedes levantarte rápido si caes—, últimamente hemos presenciado dos casos de durísimas caídas.

El primer 'shock' fue en noviembre, cuando la estadounidense Ronda Rousey, que hasta la fecha parecía imbatible, cayó dolorosamente frente a Holly Holm. El segundo lo vimos en diciembre, cuando el brasileño José Aldo sufrió una derrota aún más humillante —¡solo duró 13 segundos!— frente a Conor McGregor.

¿Qué pasa cuando pierdes el aura de invencibilidad? ¿Qué ocurre cuando dejas de ser el número uno? ¿A quién te enfrentas? ¿Cómo reaccionas?

¿Quién eres?

¿Qué ocurre con tu identidad cuando una parte central de la misma —ganar— se hace pedazos? Foto de Gary Vasquez, USA Today Sports.

Rousey lidió con su caída aislándose del mundo con la esperanza de desaparecer, al menos durante un tiempo. Considerando que su identidad pública en gran parte se basaba precisamente en el mito de ser invencible, ¿cómo podríamos culparla por evitar al público una vez su leyenda había caído?

Para el caso de Aldo, la mecánica es similar: es la historia del Verdadero Campeón ofendido, noqueado por lo que él mismo considera una casualidad y, ahora, privado de su revancha. Como el rey Lear que ve desmenuzarse su mundo debido a sus malas decisiones, Aldo ha empezado a dar vueltas frente a la tormenta, inseguro. ¿Cómo culparle por esto?

A diferencia de la mayoría de los héroes caídos a la tierra, además, Aldo no ha recibido la oportunidad de redimirse. McGregor venció al brasileño y corrió a la división de peso ligero con el cinturón que había pertenecido al luchador de Manaus en la cintura: Aldo, no obstante, solo podía combatir contra McGregor, porque enfrentarse a cualquier otro hubiera sido una humillación aún mayor.

Ese es el gran drama del campeón caído. ¿De qué le sirve a Aldo enfrentarse a Frankie Edgar, a Chad Mendes o a Max Holloway? Para un ex campeón como él solo hay dos cosas: o la oportunidad de redimirse, o como Rousey, retirarse del mundo. Es o bien McGregor o bien un monasterio.

Una vez has perdido la gran batalla, todo lo que viene demás pueden ser victorias, pero ninguna será como antes. Foto de Joe Camporeale, USA Today Sports.

Aldo lo sabe perfectamente, y por eso anunció en las redes sociales que no aceptará ningún combate que no sea por el cinturón de campeonato... o contra Conor.

"Estuve callado por un tiempo porque estaba esperando mi revancha", aseguró Aldo mediante su cuenta de Instagram. "De hecho, ya estaba entrenando para ello, pero aparentemente estaba equivocado. Así que quiero dejar una cosa clara: por todo lo que he hecho, todo lo que he aceptado, y en gran parte por cómo fue mi choque contra McGregor, no aceptaré otro combate que no sea una pelea por el título".

"Mi única excepción sería pelear contra McGregor, en cualquier momento, en cualquier lugar".

Personalmente, no creo que Aldo mandara este mensaje solamente porque quiere venganza contra McGregor, o porque considere que merece una revancha inmediata dada su historial. Me parece que Aldo sabe que está en una posición muy arriesgada: su figura perderá totalmente su prestigio en las artes marciales mixtas si no compite por el título.

Por primera vez en su carrera, la niebla ha opacado a José Aldo y el brasileño no puede ver el camino. Cada elección en este momento le lleva a lo ordinario, a la mediocridad, que es un estado intolerable para un antiguo mito.

La victoria de Aldo frente a Ricardo Lamas pertenece a otra época: un tiempo de gloria para el brasileño que irremisiblemente es ya parte del pasado. Foto de Joe Camporeale, USA Today Sports.

Desafortunadamente para Aldo, el UFC se dedica al negocio de los combates, no al manejo de crisis existenciales. La organización no considera que un nuevo combate Aldo vs McGregor sea prioritario, así que al brasileño solo le quedan dos opciones: o que Conor falle y regrese al peso pluma, o que consiga la gloria y, en su magnanimidad, dé a Aldo la oportunidad de redimirse.

En cualquiera de ambos casos, Aldo ha perdido totalmente la iniciativa. El hombre que le arrebató la gloria en un instante se la está llevando lejos y no volverá. Es un ídolo caído.

Sigue al autor en Twitter: @JoshRosenblatt1