Publicidad
el raro de la clase

La otra cara de Tim Duncan: el MVP friki que quería ser Merlín

Con la retirada de Tim Duncan, la NBA pierde a mucho más que a una gran persona y un magnífico jugador: ninguna otra superestrella defendía como él los valores de ser friki.

por Guille Álvarez
13 Julio 2016, 12:05pm

Sigue a VICE Sports en Facebook para descubrir qué hay más allá del juego:

Tim Duncan se ha despedido de la NBA del mismo modo en que llegó y desarrolló una carrera de auténtica leyenda: sin hacer ruido... y, por supuesto, sin montarse una pomposa gira de despedida a lo Kobe Bryant.

El jugador de las Islas Vírgenes, que llegó a las pistas de baloncesto por culpa —o suerte, según se vea— del huracán Hugo y su miedo por los tiburones, ha cerrado 19 años de trayectoria que le han llevado al Olimpo de la liga norteamericana.

Sobre Timmy se podrá discutir si ha sido el mejor '4' o si está entre los diez mejores jugadores de la historia, pero en VICE Sports sabemos que, indiscutiblemente, habrá sido la superestrella más friki.

Más baloncesto: Nadie vio el mejor partido de todos los tiempos

Habitualmente, los jugadores de la NBA nos brindan innumerables anécdotas: fiestas locas que acaban muy mal, cantidades ingentes de dinero invertidas en cochazos, mansiones y otros objetos de lujo, consumo de estupefacientes a granel, relatos de alcoba de cuidado...

Tim Duncan, la piedra filosofal de los San Antonio Spurs —junto al entrenador Gregg Popovich, por supuesto—, ha sido todo lo contrario a una estrella arquetípica del deporte. De hecho, el bueno de Tim ha sido el MVP de los 'raritos', un hecho que va más allá de sus caretos cuando le pitaban una falta.

Para empezar, entre las aficiones más reconocidas del '21' están los videojuegos. "Bueno, eso no es nada del otro mundo", pensarás. Es cierto que la mayoría de deportistas son unos viciados al FIFA y al NBA 2K, pero a Tim le encantan los videojuegos de fantasía —léase Final Fantasy, World of Warcraft, Halo 3... y otros más típicos como el Call of Duty.

Por supuesto, Duncan esconde mucho más secretos tras su aparente posado de normalidad y apatía infinita. A Tim le encanta, todavía a sus 40 años, echarse unas partidas al Dungeon & Dragons, el juego de rol por antonomasia. No todos los frikis juegan al D&D, pero lo que está claro es que todos los que juegan al D&D son frikis de cuidado —y no me malinterpretes, que no lo digo como algo malo.

Timmy si que comparte algo con el resto de sus excompañeros en la NBA: el gusto por los tatuajes. Hay, sin embargo, una diferencia esencial, y es que la mayoría de tipos en la liga se tatúan nombres de familiares, motivos religiosos, diseños tribales horribles... o que sé yo, a Pedro Picapiedra.

Imágenes vía celebritytattosite.com

Duncan, en cambio, tiene a Merlín —sí, el mago de la leyenda artúrica— grabado en el pecho. EN EL PECHO. Según cuentan, cuando Tim entró en la liga les dijo a sus compañeros que quería que le llamaran igual que al mago, pero David Robinson y compañía pasaron del tema. Otro de sus tatuajes es un bufón en plan diabólico que luce en la espalda.

Otras aficiones curiosas del legendario ala-pívot son el coleccionismo de espadas y cuchillos, las ferias renacentistas —que en pocas palabras, son eventos donde la gente se disfraza según temáticas variopintas— y el paintball.

"Estábamos en pretemporada y nos escapamos un rato a jugar a paintball. Fue idea de Tim, él nos animó a 'escapar' de Pop... me di un buen golpe en la boca y se me hinchó tanto que Tim entró en pánico: '¡y ahora qué le digo a Pop!'", recordaba Stephen Jackson en Grantland.

"Estoy seguro de que ahora mismo debes pensar que estoy loco. Te aseguro que no, que soy un tipo normal. Lo que pasa es que siempre estoy pensando, a veces sobre cosas random, muy locas", escribía el propio Tim en un artículo de psicoanálisis publicado en la revista estadounidense Sport.

Sobre la cancha, las anécdotas que nos ha dejado son también notables: un día pagó 100 dólares a Brent Barry para que besara a David Stern durante la ceremonia de entrega del anillo; durante alguna de sus pájaras mentales ha imaginado que no tenía brazos; es capaz de pelear con Gregg Popovich en plan juguetón; y claro, puede reírse de los árbitros gracias a las habituales fiestas de disfraces junto a sus compañeros.

Ah, y a veces se ha puesto rodilleras que ni el más friki de los frikis...

La verdad es que el historial de frikismo de Duncan es muy extenso y se remonta a su adolescencia. En el instituto se hacía llamar 'Mr. Spock' y dicen que se puso a estudiar chino para impresionar a una chica —de este último dato no tengo una fuente fiable, pero tenía que decirlo... porque yo me lo creo—.

Una de las últimas acciones solidarias de Tim fue sortear un vehículo tuneado inspirado en el personaje The Punisher, de la Marvel: nuestro friki favorito consiguió recaudar más de 60 000 dólares con la acción.

Como él mismo reconocía, al final lo más importante de su figura es que siempre ha sido una "buena persona". La tranquilidad y bondad de Duncan ha contrastado siempre con las tumultuosas vidas del resto de superestrellas de su generación, y aquí le tenemos tras su retirada como uno de los mejores jugadores de toda la historia.

"Si tuviera que psicoanalizarme a mí mismo, tendría que reconocer que soy un payaso inteligentemente disfrazado de tipo normal. Me gusta bromear, sonreír y divertir a la gente. Quizás sea algo diferente al resto, pero eso está bien. De todas formas, ¿quién quiere ser normal?", sentenciaba el propio Tim.

Sabías palabras del mayor friki de la historia de la NBA, que sin hacer ruido nos ha dejado algo huérfanos sobre la pista.

El autor es un friki de cuidado, así que si compartes los hobbies de Timmy te entenderás con él en Twitter: @GuilleAlvarez41

Tagged:
Sports
VICE Sports
nba
Dungeons and Dragons
San Antonio Spurs
leyenda
tatuaje
Tim Duncan
Gregg Popovich
merlin
baloncesto
islas virgenes
Timmy
retirada
dragones y mazmorras
friki
jester