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A Conor McGregor ya se le está yendo la pinza en las redes sociales

Conor McGregor ha decidido no callar en las redes sociales tras la polémica salida del UFC 200, pero su política de tergiversar los hechos empieza a volverse en su contra.

por Josh Rosenblatt
09 Mayo 2016, 6:07am

Imagen vía Twitter

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Dos semanas después de su "retirada" de las MMA —y de que la UFC cancelara su combate de revancha con Nate Diaz en el UFC 200 para devolverle el golpe—, parece que Conor McGregor está alcanzando límites inexplorados del autobombo.

De hecho, lo del irlandés ha sido más bien un triste espectáculo de narcisismo, falsas impresiones y un revisionismo histórico más propio de una campaña presidencial que de un evento deportivo. De nuevo, para lo bueno y para lo malo, McGregor se ha convertido en un pionero al lanzarse a una aventura que pretende obtener la atención completa del mundo del deporte.

Más lucha: McGregor quiso ser el héroe del pueblo... y la UFC se lo cargó

La estrategia en las redes sociales del luchador se ha reducido a provocar una guerra dialéctica basada en la creencia de que la realidad es solo una cuestión de percepciones y que, por lo tanto, si repites una mentira suficientes veces quizás vaya a colar.

Por ejemplo, fijémonos en el mensaje de Instagram que McGregor envió como respuesta a la promoción del UFC 200, que a pesar de no tenerle a él en liza sigue presentando uno de los combates de pesos pesados más anticipados de la historia de la competición:

"A nadie le importan una mierda los otros combates hasta que se resuelva este", escribió el irlandés. "Dejaos de sandeces. Ponedlo de nuevo. #RealFight".

Conor McGregor reflexionando sobre cuál será su siguiente mensaje a través de las redes sociales. Imagen cortesía de Monster

Solamente Conor McGregor podría declarar que su combate con Nate Diaz quedó sin resolver y que la pelea que les sustituirá como cabeza de cartel —una revancha muy esperada entre el excampeón del peso pluma Jon Jones y el actual poseedor del título Daniel Cormier— es una "auténtica mierda" y no una "batalla de verdad".

Y solo McGregor podría echar la mirada hacia atrás hasta su convincente derrota ante Diaz en el UFC 196 de marzo y ver el combate como una demostración de su incuestionable dominio de las MMA —en vez de identificar las debilidades de su juego y las fortalezas del rival.

En una respuesta a las críticas de un aficionado en Twitter, McGregor transformó su cercana claudicación en la lona durante la segunda ronda de ese combate en una declaración de su maestría en el grappling:

"No eres nada especial para serte sincero, un buen luchador y nada más. En el suelo eres un paralítico", le escribió un aficionado. La respuesta de McGregor fue la siguiente: "En el suelo barrí y controlé a mi rival. Cuando se acaba el depósito no hay habilidad que pueda salvarte, ya lo verás".

Poco después, con unos 30 minutos de diferencia, llegó un arrebato emocional que desafió una noción universalmente aceptada: no importa cuánto domine un luchador en los compases iniciales de un combate si después, en los momentos finales, el rival le obliga a claudicar.

Este es un hecho que puede corroborarse en cualquier tipo de competición: las estadísticas, encuestas y puntos significan mucho hasta que en el momento crucial ya no importan para nada. El triunfo es la fuerza que finalmente arrasa con todo lo anterior y queda para la historia... ¿quién podría negar esta evidencia?

"Diaz ha dado más excusas para justificar los primeros ocho minutos de nuestro combate que las que yo he dado para justificar los dos últimos", contestó McGregor a un aficionado que le decía que Diaz declaró que no le podría dar ni en pintura

Pues claro, solo Conor McGregor podría haberse justificado bajo un pretexto similar. La búsqueda de atención constante del irlandés desafía la incapacidad de los medios de comunicación para concentrarse en un solo personaje durante más de un día: el luchador está transformado su revisionismo de los hechos en una estrategia para obtener una relevancia perpetua.

El poder de las palabras es tal que el tipo es capaz de convertir una derrota en una victoria tirando de voluntad y mucha cabezonería en las redes sociales. La duda está en acertar hasta cuándo puede aguantar la estrategia actual de McGregor, al menos por el bien de nuestra especie: supongo que hay una línea de realidad incontestable incluso para el charlatán más carnavalesco del mundo.

Por suerte, en los deportes de combate, la línea roja la define una realidad imposible de esconder: los puñetazos a la mandíbula que te dejan sin conocimiento. Aquí es donde la estrategia de McGregor se le ha empezado a volver en su contra, ya que en Internet es tan fácil demostrar que llevas la razón y que podrías dar el golpe de gracia a tu rival en la siguiente pelea...

McGregor, en su cuenta de Instagram: "Trabajando el gancho con la mano trasera con Roddy antes del UFC 196, un golpe que vaticine antes de la pelea".

... como que algún aficionado —crítico o sencillamente defensor de la verdad— cuelgue un gif en respuesta a tu alegato que muestre —una y otra vez, hasta el infinito— la combinación que te lanzó Nate Diaz para marcar el principio de tu propio fin, una serie de golpes que llegó justo después de tu supuesto gancho ganador.

McGregor, además, presume en las redes sociales de haber vaticinado ese golpe, otro acto de innovación y audacia sin precedentes en su carrera.

Ni el mismísimo Babe Ruth, que pronosticó su famoso home run en el campeonato de béisbol de 1932, se habría atrevido a reafirmar su predicción después de que el tiro —o el golpe en este caso— hubiera salido tan increíblemente mal.

El autor todavía no tuitea como McGregor, pero quizás intente aplicar sus enseñanzas en el futuro: @JoshRosenblatt1

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