Pasamos un día en la marcha por los derechos LGBTQI en Cuba
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Identidad

Pasamos un día en la marcha por los derechos LGBTQI en Cuba

La Habana fue anfitriona de una marcha compuesta por miles de personas a favor de los derechos LGBTQ, que incluyó una banda de rumba y drag queens disfrazadas de brujas.

Cuando salí del maltrecho taxi que me llevó hasta un concurrido lugar cercano al teatro La Rampa, esperaba—sin éxito— encontrar banderas con el arcoíris. En lugar de ello, tuve que atravesar una especie de campamento situado en las calles adyacentes al barrio de Vedado para descubrir a un grupo de gente engalanada con coloridos adornos que se refugiaba del intenso calor entre el escaso pero sombreado follaje.

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En el espacio que quedaba entre la empinada roca del Hotel Nacional y las rompientes olas de la explanada del Malecón, la reunión empezó gradualmente a multiplicarse hasta formar una multitud de varios miles de personas. Alguien desplegó una bandera gigante con el arcoíris mientras una banda de rumba se paseaba por toda la orilla y bebía ron, lista para marcar el ritmo. Ambas fueron en seguida eclipsadas por una drag queen que llegó en su moto vestida de bruja.

Era el mes de mayo y la Habana era anfitriona de una marcha en forma de conga para conmemorar el Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia. Esperamos pacientemente bajo el calor a que llegara las invitadas de honor: la actriz transexual estadounidense Candis Cayne y la hija del presidente cubano Raúl Castro, Mariela. Esta última es Miembro del Parlamento y líder del Centro Nacional para la Educación Sexual (CENESEX), una organización financiada por el gobierno que se centra en la salud y que lleva defendiendo los derechos LGBTQ desde 1989 (la homosexualidad dejó de ser un delito en Cuba en 1979).

Tras un prolongado photo call para la prensa, la conga se puso en marcha: el sonido de tambores, silbatos y salsa se oía por todo el Malecón. Los participantes del desfile permanecían en formación, con una mano o bien sosteniendo una enorme bandera con el arcoíris o bien una bandera cubana, mientras que los demás elevaban los puños al aire. Podían oírse apasionados gritos de "¡socialismo sí, homofobia no!". A un lado de la carretera, un mecánico vestido con mono dejó a un lado sus herramientas y corrió hacia la multitud para bailar con un hombre que vestía un traje de lycra con lentejuelas.

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Cuando la marcha alcanzó su destino en el Pabellón Central, la activista lesbiana Mercedes García la diferenció con orgullo de cualquier desfile del orgullo gay normal. "Esto no es un desfile por el Día del Orgullo Gay, es una conga cubana", me dijo. "Porque los desfiles por el Día del Orgullo Gay ya han dejado de ser inclusivos y la conga siempre contará con una gran diversidad".

Todas las fotos por Bex Wade

A pesar de la atmósfera de celebración, noté cierto toque de tensa anticipación. Es posible que Cuba se esté abriendo y experimentando sus primeras olas de libertad empresarial en más de medio siglo, pero el régimen continúa ejerciendo un poder inmenso. Aunque los derechos de LGBTQ cada vez cuentan con mayor visibilidad, los activistas han de enfrentarse a una población predominantemente católica y a un enorme estigma social. Hasta mediados de la década de 1970, el régimen de Castro enviaba a las personas queer a campos de trabajo para su 'reeducación'.

La defensa de los derechos LGBTQ por parte de Mariela Castro le viene de su madre, Vilma Espín, una revolucionaria feminista que fundó la Federación de Mujeres Cubanas y que apoyaba el matrimonio gay. Durante un foro celebrado en 2012 en San Francisco, Castro explicó a los profesionales médicos estadounidenses y a los activistas a favor de los derechos de los transexuales: "Si no cambiamos nuestra cultura patriarcal y homófoba no podremos avanzar como nueva sociedad y eso es lo que queremos, el poder de la emancipación a través del socialismo".

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Un año después del fallecimiento de su madre en 2007, Castro convenció al gobierno para que cubriera las operaciones de reasignación de género bajo el sistema de asistencia médica universal del estado. Aunque solo se ha realizado un número muy limitado de cirugías, el cambio en la legislación ha fomentado el apoyo a los derechos de las personas trans en Cuba, que se evidencia quizá en el número de mujeres trans que asistieron a la conga.

Lamentablemente, el gobierno cubano sanciona oficialmente toda reunión (como esta conga) que se celebre bajo la tutela de Mariela y se niega a reconocer otros grupos y celebraciones LGBTQ. Como consecuencia de su frustración, la activista y escritora Yasmin Portales se vio obligada a fundar su propia organización independiente, Proyecto Arcoíris.

"La mayoría de los logros que hemos conseguido hasta ahora —porque no tenemos una democracia real— fueron gracias a ella o a su madre, de modo que si elimináramos a Mariela de la ecuación, nos encontraríamos a grandes rasgos como el movimiento antirracista, es decir, que saldríamos una o dos veces al año en las noticias y poco más", afirmó Portales. "Las limitaciones del gobierno, especialmente en torno a la necesidad de CENESEX de enfocar los problemas de LGBTQ desde un punto de vista sanitario, impiden que ella y sus colegas ahonden en las raíces políticas de la homofobia en Cuba".

A pesar de esto, Mariela Castro parece decidida a continuar liderando el movimiento de defensa de los derechos LGBTQ. La conga fue resultado del apoyo que brindó a una boda masiva entre personas del mismo sexo celebrada a principios de mes. "El pueblo cubano está preparado", explicó los reporteros durante la marcha de hoy, "para avanzar por sí mismo".

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