Identidad

Charlie Chaplin era un sádico que follaba con adolescentes

Aunque todo el mundo adoraba a este actor y director por sus comedias slapstick, pocos saben sobre su comportamiento con las mujeres.
4.5.16
Photo via Wikimedia Commons

Charlie Chaplin, un hombre cuyo rostro conoces pero cuyas películas nunca has visto, habría celebrado su 127 cumpleaños el pasado 16 de abril. Aunque nunca se ha encontrado el certificado de nacimiento de este icono británico del cine, se acepta de forma generalizada que nació el 16 de abril de 1889. Los cumpleaños de las celebridades son completamente irrelevantes, pero aun así mucha gente ha destacado el hecho de que este adorado Aries llegó al mundo solo cuatro días antes de otro famoso bigotudo: Adolf Hitler. Aunque el ridículo vello facial de Chaplin contribuía a configurar su aspecto cómico, a menudo se compara a ambos personajes y no solo porque el "tiránico director" satirizara al tiránico dictador en su película de 1940.

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Nacido en el sur de Londres en el seno de una familia pobre formada por un padre irresponsable y una madre enferma mental, Charlie Chaplin tenía todo lo necesario para que la suya fuera una historia de superación hasta lograr el éxito. Charlie Chaplin, que trabajó muy duro y recibió una educación bastante irregular e intermitente, pasó su infancia como bailarín de bailes folclóricos, entrando y saliendo de hospicios y casas de familiares, antes de aprender comedia física de la mano del legendario cómico británico Fred Karno. A partir de ahí, según se explica en la biografía escrita en 2014 por Peter Ackroyd Charlie Chaplin: A Brief Life ("Charlie Chaplin: una vida breve"), Chaplin alcanzó el estatus de "hombre más famoso del mundo" cuando contaba 26 años de edad. Este contundente logro —combinado con el increíblemente elevado salario que percibía en Hollywood y con el respeto y la adoración que suscitaba Chaplin a pesar de su metro sesenta y cinco de estatura— permitió al actor acostarse con las aproximadamente 2.000 mujeres con las que él calculaba que había compartido cama a lo largo de su vida.

Aunque como fanfarronada resulta repugnante y como hecho podría ser neutral, lo cierto es que fueron esas mujeres—junto con los hijos que algunas de ellas le dieron— quienes sufrieron las consecuencias de la personalidad egoísta, dominante y cruel de Chaplin. Al parecer, la "Chaplinitis" o "Chaplinoia" que el público empezó a experimentar se le subió a la cabeza y una de las primeras mujeres que fueron testigo de ello, según Ackroyd, fue Edna Purviance, una actriz de 19 años de edad que Chaplin contrató a través de un anuncio en el San Francisco Chronicle que decía "Buscamos a la chica más bella de California para participar en una película". La pareja pronto pasó a ser algo más que compañeros de filmación, pero cuando la dedicación que profesaba Chaplin a su trabajo acabó por eclipsar la atención que dedicaba a su novia —cuando el actor visitó Nueva York, indica Ackroyd, no le escribió ni una carta—, él se sorprendió de que ella empezara a verse con otro hombre.

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La siguiente conquista de Chaplin se produjo en un momento en que su rutina durante las fiestas era "imitar el modo en que las damas más destacadas de la sociedad experimentaban sus orgasmos", escribe Ackroyd. Fue con Mildred Harris, una actriz todavía más joven (tenía 16 años) que no tardo en informarle de que estaba embarazada de él. Aterrorizado tanto por la perspectiva de asumir responsabilidades domésticas como por que se produjera un escándalo, Chaplin preparó su boda, que tuvo lugar en octubre de 1918. Finalmente el embarazo no fue más que una falsa alarma, o quizá un truco. Poco después, según Ackroyd, Chaplin empezó a arrepentirse de todo aquello: creía que Harris le había embaucado para que se casara con ella y empezó a detestarla y a verla como una mala actriz y como "un peso pluma del intelecto". Se comunicaba poco con ella y cuando lo hacía era de forma malhumorada. Con frecuencia se marchaba de casa durante días y no le decía dónde iba. Cuando ella se quedó por fin embarazada de verdad, sufrió una crisis nerviosa debido en parte al modo en que él la trataba.

En 1920, el mismo año en que Harris y él protagonizaron un amargo divorcio, Chaplin conoció a la niña de 12 años que acabaría convirtiéndose en su próxima esposa, Lillita MacMurray, que más tarde adoptó el nombre artístico de Lita Grey. Aunque Chaplin admiraba a Grey (incluso llegó a encargar un retrato de ella), dejó de perseguirla hasta que cumplió los 16 años, una edad más apropiada para que ella representara un pequeño papel en su película de 1924 La fiebre del oro. Ella también se quedó embarazada fuera del matrimonio y Chaplin, aterrorizado esta vez por la perspectiva de enfrentarse a cargos criminales, se casó con ella en secreto en noviembre de 1924. Tuvieron dos hijos antes de divorciarse, en medio de varias aventuras por parte de Chaplin y del desmoronamiento de la carrera de ella, en 1927.

Chaplin en "Vida de perro", 1918. Foto vía Wikimedia Commons

Su siguiente matrimonio fue el más adecuado y menos desastroso para Chaplin: en 1932 empezó a salir con la actriz de 22 años Paulette Goddard, con quien disfrutó de una aceptable relación laboral hasta 1942 (probablemente se casaron, pero nadie está realmente seguro). La película más importante en la que trabajaron juntos fue la controvertida El gran dictador, rodada en la década de 1940, tras la cual su relación empezó a deteriorarse (cuando Goddard se enteró —gracias a unos ladrones de tumbas que buscaban un rescate— de que Chaplin había muerto, ella contestó, "¿Y qué?" y colgó violentamente el teléfono).

La película —una de las más conocidas e importantes de Chaplin— a menudo se interpreta como una sátira directa del epónimo Führer, ayudada por el bigote idéntico que lucía Chaplin, pero recordemos que no se dejó crecer aquel bigote para el papel, sino que Chaplin lo había llevado durante gran parte de su carrera. Aunque el filme parodia a Hitler como el absurdo y gesticulante Adenoid Hynkel, también resulta incómodamente benévolo en algunos aspectos; el mismísimo dictador vio dos veces la película en su sala de proyección privada y no era precisamente conocido por ser una persona que disfrutara con las críticas constructivas.

Pero volvamos a las mujeres. Normalmente se dice que a la tercera va la vencida, pero en su caso fue a la cuarta. En 1943, inmerso en duras críticas por parte del gobierno de Estados Unidos por simpatizar (presuntamente) tanto con la guerra como con los comunistas, Chaplin se casó con otra mujer mucho más joven que él, Oona, hija de la dramaturga irlandesa Eugene O'Neill. Oona tenía 18 años y Chaplin 54, y Eugene —de la misma edad que él— se puso tan furiosa que desheredó a su hija (aunque tuvieron una relación bastante tumultuosa de todas formas). Pero a pesar de las extendidas críticas hacia la pareja, el matrimonio tuvo ocho hijos y vivió una relación que fue descrita como "de auténtica felicidad" hasta la muerte de Chaplin.

Esta valoración se saca con frecuencia a relucir en las biografías en un esfuerzo por representar a Chaplin como un mujeriego convertido en marido fiel, que buscaba siempre la opinión y el consejo de su joven esposa tanto en el plató como en la vida real. Pero aunque puede que esto sea cierto, su matrimonio también se vio empañado por las exigencias, los arrebatos, la ira y la crueldad que Chaplin mostraba hacia ella y hacia sus hijos. Según el libro de Jane Scovell Oona:Living in the Shadows ("Oona: viviendo en la sombra"), la actriz Joan Collins afirmó que O'Neill "cuidaba" de su paternal marido con la "deferencia que profesaría una geisha". Y según la autobiografía de Marlon Brando, Chaplin trataba a Sydney, uno de los hijos que tuvo con Grey, "de forma cruel". Cuando Brando y Sydney, que también era actor, trabajaron con Chaplin en la película de 1967 La condesa de Hong Kong, Brando escribe que Chaplin humillaba a su hijo delante de Brando y del resto del reparto. De hecho, Sydney contó a Brando que su padre "trataba así a todos sus hijos". Y Brando también fue víctima de la ira de Chaplin: "Chaplin me reprendió y me avergonzó delante de todos los demás actores diciéndome que no tenía sentido de la ética profesional y que era una desgracia para la profesión", escribió Brando. ¿Su error? Llegar al plató 15 minutos tarde.

En otras palabras, que aunque los biógrafos más críticos pintan el retrato de un genio arrogante que manipulaba sin remordimiento a cuantos le rodeaban, Brando es un poquito más contundente: "Chaplin", escribe, "era probablemente el hombre más sádico que conocí en mi vida".