Testimonios

Esta mujer vive en el Ártico dentro de un coche

La fotógrafa neerlandesa de 36 años Sarah Gerats ha pasado siete años en una de las ciudades más septentrionales del mundo.

por Tom Peeters
14 Febrero 2020, 5:00am

Alle foto's via Sarah Gerats

Criada en la ciudad neerlandesa de Alkmaar, la fotógrafa Sarah Gerats siempre ha sentido el impulso de explorar más al norte. Su deseo la llevó a instalarse en Longyearbyen, una diminuta población de la isla noruega de Spitsbergen, a 78 grados de latitud norte.

Al cabo de siete años, el día a día de Gerats consiste en viajar en barco por el Ártico y la Antártida y vivir entre su residencia de Spitsbergen y su viejo Volvo. Hablé con ella para que me explicara cómo es vivir en un lugar en el que no sale el sol entre octubre y febrero y no puedes salir de casa sin un arma.



VICE: ¿Cómo acaba una en un sitio como Spitsbergen?
Sarah Gerats: Por casualidad. Vivía en Helsinki y supuestamente debía volver a los Países Bajos. En mi vuelo había overbooking y me dieron un vale de viaje como compensación. Cogí un mapa de destinos de la compañía aérea para inspirarme y me fijé en una isla muy al norte de la que nunca había oído hablar. El norte siempre me había fascinado desde que pasé una temporada viviendo en Islandia como estudiante de intercambio.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones?
La naturaleza en Spitsbergen es sobrecogedora. La primera vez que me quedé sola en aquel paisaje de montañas nevadas, casi se me sale el corazón del pecho. Y el sol de medianoche… ¡todo luz! Supe de inmediato que debía quedarme.

Antes solo me planteaba vivir en las capitales de los países. Pero en una ciudad tan pequeña como esta, con 2000 habitantes, los aspectos prácticos de la vida son mucho más sencillos. En la ciudad, siempre estás de camino a algún sitio: una exposición, el súper… Aquí solo hay una tienda y ningún anuncio.

"La primera vez que me quedé sola en aquel paisaje de montañas nevadas, casi se me sale el corazón del pecho"

Pero luego llega la larga noche polar.
El sol se pone en octubre y no vuelve a salir hasta febrero o principios de marzo. Aun así, casi no echo de menos el sol. Cuando siempre es de día, trabajas sin parar. Cuando oscurece, por fin tienes tiempo para hacer otras cosas. Más al sur, en la parte septentrional de Finlandia o en Noruega, cada día hay un poco de luz. Si estás trabajando cuando sucede, te da la sensación de que te has perdido algo. En Spitsbergen no existe ese sentimiento de culpa.

El primer invierno que pasé aquí, estuve viviendo en una choza sin electricidad. No tenía reloj, por lo que no sabía si mi rutina diaria había cambiado. Un día estaba desayunando cuando vi un brillo tras las montañas. Resultó que era la medianoche de Nochevieja. Durante los meses de invierno, leía hasta las seis de la madrugada, me quedaba dormida y me despertaba a mediodía.

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Técnicamente, eres una sintecho, ¿no? Vives en tu coche.
Aquí tengo un pequeño estudio, pero por ley no puedo vivir ahí. Me paso 300 días al año en el mar, pero cuando estoy en Spitsbergen, duermo en la parte trasera de mi Volvo. Está llena de pieles de reno. Obviamente, sería más práctico tener una casa, sobre todo cuando hace tanto frío que se congelan las ventanas del coche por dentro, pero lo bueno es que me despierto en plena naturaleza todos los días.

¿Qué clase de gente puedes encontrar en Spitsbergen?
Gente que ha elegido estar aquí. No necesitas un visado; cualquiera puede venir. El cinco por ciento de la población viene de Tailandia porque aquí pueden trabajar sin permiso. La única regla básica es que seas capaz de cuidar de ti misma. Aquí no hay seguridad social, por lo que Longyearbyen solo atrae a gente muy independiente. Aquí nadie va a cuidar de ti, y el día a día es muy caro. En comparación, Noruega parece barata. Un litro de leche te cuesta 4 euros, por ejemplo.

¿Te costó hacer amigos?
No. Cuando llegué, estaba trabajando en una exposición y, al terminar la jornada, a medianoche, siempre iba al bar. Al no haber impuestos, el alcohol y el tabaco son lo único que no te cuesta un ojo de la cara. Una vez que has ido tres veces al bar, ya te conocen todos en el pueblo, aunque tampoco necesitas demostrarles tu valía ni nada. Muchas personas están solo de paso, por lo que los residentes no se molestan demasiado en conocerlas a fondo.

No tardaste en decidir que te quedabas. ¿Cómo reaccionaron tus familiares y amigos?
Mis padres se quedaron tranquilos de que tuviera un sitio en el que instalarme. Antes de venir aquí, estaba siempre viajando. Nadie podría haber predicho que acabaría aquí, pero viéndolo en retrospectiva, no era nada descabellado. Mis amigos también lo creen.

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¿Cómo ganabas dinero? ¿Tenías un trabajo?
Pasé los dos primeros veranos trabajando en un campamento. Luego, trabajé como guarda de osos polares. También trabajé en el bar, en la oficina de turismo… Hice de todo. Ahora, hago de guía turística o de líder de expedición en barcos de vela para turistas, en Spitsbergen en verano y en la Antártida en invierno. También gestiono la residencia de artistas Arctic Circle. Dos veces al año, vienen 30 artistas. Yo me encargo de la programación diaria, de guiar a los invitados cuando estamos en tierra y de vigilar que no haya osos polares.

Perdona, ¿has dicho que eres “guarda de osos polares”?
Exacto. Si un turista quiere salir del pueblo, necesita a alguien que lo proteja de los osos polares. En Spitsbergen, en seguida me di cuenta de que tenía que aprender a usar una pistola. Aquí no necesitas permiso de caza y los habitantes pueden llevar una, así que decidí aprender a usarla. Con permiso de caza, puedes cazar un reno al año. Lo hice una vez, solo para saber si era capaz.

"Me encanta estar sola y tomar decisiones que me afectan solo a mí y a nadie más"

¿Hay que preocuparse por los osos polares?
La gente cree que te van a atacar todos, pero no es verdad. Los osos polares son curiosos, pero también cautos. Suelen alejarse en cuanto ven a mi perro correr hacia ellos. La pistola es el último recurso. Tienes que estar preparada para un encuentro con un oso, sobre todo ahora que hay mucho deshielo y se han puesto a buscar comida en sitios nuevos. He empezado a verlos en sitios donde nunca antes habían estado.

¿Cómo estáis viviendo el cambio climático en Spitsbergen?
El paisaje ha dejado de ser estable. No solo se está derritiendo el hielo, sino el permafrost, la capa que hay debajo. Spitsbergen siempre se ha considerado un desierto ártico, pero actualmente hay veces en las que llueve durante varias semanas seguidas. En los siete años que llevo aquí, he visto cómo han menguado los glaciares mes a mes. Es imposible que vivas aquí y niegues que el cambio climático es un problema muy serio.

En Longyearbyen ya casi no queda espacio habitable, en parte porque una avalancha destrozó 180 viviendas hace unos años. Últimamente ha habido más avalanchas que antes. Las casas están construidas sobre pilares anclados en el permafrost, que se está derritiendo.

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¿Qué planes tienes para el futuro?
Llevo siete años trabajando sin parar y he viajado por todo Spitsbergen, pero no he tenido tiempo de estar sola o de explorar más hacia el norte. Me he comprado una embarcación de acero y tengo intención de trabajar menos y pasar más tiempo navegando por mi cuenta. Me encanta estar sola y tomar decisiones que me afectan solo a mí y a nadie más. Cuando eche de menos la compañía de alguien, atracaré en un puerto y me mezclaré entre la gente en un santiamén.

Para conocer Spitsbergen más profundamente, tengo que estar sola. Mi gran sueño es quedarme aislada en el barco durante el invierno. Así podría vivir la oscuridad de la forma más intensa posible, estar lejos de todo y concentrarme en cosas para las que nunca tengo tiempo: incógnitas para las que no encuentro respuesta, los libros que quiero leer. Un invierno sin distracciones. Spitsbergen siempre será mi hogar.