a sex worker in her room in Amsterdam's red light district
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Sexo

El barrio rojo de Ámsterdam reabre con nuevas medidas higiénicas

And their client rooms are cleaner than your kitchen.
13 Julio 2020, 2:20pm

“Puedes venir mañana”, me dijo Irina, la portavoz de la organización a favor de los profesionales del sexo de Ámsterdam PROUD, cuando pasé por allí el 1 de julio. “Hoy, celebramos y trabajamos tanto como podemos”. Los trabajadores sexuales neerlandeses han podido volver a sus puestos de trabajo a principios de julio tras estar cuatro meses parados. Era un día feliz para la comunidad local de profesionales del sexo, puesto que muchos tenían dificultades para pagar el alquiler y las facturas desde que se cerrara el famoso barrio rojo de Ámsterdam, conocido localmente como De Wallen.

En los primeros meses de la pandemia, los trabajadores sexuales que alquilaban las ventanas pudieron pedir una ayuda al Gobierno. Pero las chicas y chicos de compañía y otros empleados de bares y clubs no tuvieron la misma suerte, lo que significa que, durante meses, muchos no vieron un solo centavo. Esto se debe a que trabajan bajo una ley que no los considera autónomos, pero les obliga a pagar impuestos. Para esta gente, la reapertura de De Wallen es un rayo de luz al final de un túnel muy largo.

La atmósfera festiva continuaba cuando volví el 2 de julio. “Grité de alegría cuando me enteré de que podíamos volver a trabajar”, decía Foxxy, portavoz de PROUD y trabajadora sexual, que lleva años en el barrio rojo, pero ahora recibe a los clientes en su casa.

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Foxxy Angel, de PROUD

A pesar de la alegría, la zona, que normalmente atrae a manadas de turistas durante el verano, sigue algo vacía. “Nos avisaron que podíamos volver a trabajar una semana antes, lo cual fue inesperado”, dice Foxxy. “La mayoría de los trabajadores sexuales necesitan tiempo para prepararse: querían arreglarse el pelo y las uñas y no tenían una habitación alquilada para poder trabajar”.

Muchos tendrán que esperar a que los clientes vuelvan poco a poco, pero no todos. “Para algunas mujeres, esa primera noche fue la más lucrativa que hayan tenido nunca”, me contaba. “Solo había algunas ventanas abiertas, así que los clientes que llegaban iban directamente a verlas a ellas”.

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Por ahora, el barrio rojo sigue más o menos tranquilo

Pim van Burk también asegura que la vuelta a la normalidad está siendo lenta. Es el gerente de My Red Light, una organización que alquila habitaciones a trabajadoras sexuales y que asegura que puedan llevar a cabo su trabajo de forma segura.

“Comparado con antes de la pandemia, alrededor de la mitad de las habitaciones están alquiladas de noche. De día, alquilamos más o menos las mismas que antes”, dice Van Burk. “Es difícil predecir qué pasará. Muchos arrendatarios del este de Europa primero tienen que venir en avión a los Países Bajos”.

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Según Van Burk, el comportamiento de los consumidores también alimenta la incertidumbre. “Algunos clientes tenían muchas ganas y vinieron al barrio rojo de inmediato. Pero cuando te fijas en Bélgica, te das cuenta de que los primeros días estaban hasta arriba, pero después la demanda fue bajando porque el turismo ha caído a mínimos”.

De Wallen también depende de los turistas, que siguen siendo muchos menos que antes de la pandemia. Foxxy me explicaba que tenía sentimientos encontrados. “La mayoría de los turistas, como los alemanes y británicos, vienen de países donde las cifras del coronavirus no son las mejores. No creo que sea seguro dejarles entrar. Espero que los clientes locales que normalmente evitan el centro porque está demasiado lleno vengan a De Wallen.

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Anna en

Anna* trabaja en el barrio rojo como profesional del sexo. Ahora, se siente aliviada porque puede volver a trabajar y está tomando las precauciones necesarias para mantenerse a sí misma y a sus clientes a salvo. En la pequeña mesa que tiene en la habitación se pueden ver una botella de Yakult, un pequeño paquete de galletitas para ella, y una bolsa con mascarillas, desinfectantes y un termómetro infrarrojo que ha comprado para comprobar si los clientes tienen fiebre. “Ayer un cliente entró con 36,5 grados centígrados. Cuando se fue, tenía 36,7”, bromea.

Para minimizar los riesgos, Anna solo tiene coito a tergo con los clientes. “En cuanto llega un cliente, nos lavamos juntos las manos”, explica. También les dice que se pongan una mascarilla. Cuenta que algunos clientes también se lo piden a ella.

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Desinfectante y material de limpieza en una habitación

Van Burk de My Red Light nos explicó que el Instituto Nacional de Salud Pública neerlandés (RIVM) ha presentado nuevos protocolos para los trabajadores sexuales durante la pandemia. Él los ha impreso y colgado en la puerta de cada habitación, para que las trabajadoras puedan leer con cada cliente los pasos que hay que tomar. “Primero, les preguntan si tienen algún problema de salud. Si están enfermos, no pueden ofrecer el servicio”.

Las mujeres tienen que lavarse las manos con cada interacción, y deben limpiar a conciencia todo lo que toca el cliente. Pero la limpieza y desinfección siempre ha sido la base en estas habitaciones. Las mascarillas también están disponibles en las habitaciones que Van Burk alquila, pero ni los trabajadores ni los clientes están obligados a llevarlas por ley.

En Bélgica, el Gobierno ha prohibido ciertas posturas sexuales hasta nuevo aviso. Pero aquí, todo vale mientras no haya besos o se echen el aliento en la cara. “También hemos decidido no usar las bañeras, porque no parecen seguras”, dice Van Burk. Ducharse después de atender a los clientes no es legalmente obligatorio y Van Burk no les pide a los trabajadores que lo hagan. “Si te tienes que duchar cada vez que tienes un cliente, acabarías duchándote 80 veces a la semana. Es terrible para la piel y la salud en general”, dice. “Y a menudo no es necesario: las toallas que hay en las camas se cambian con cada cliente. Las mamadas son el servicio más popular en el barrio rojo. Siempre ha estado todo muy limpio”, remarca.

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The rooms could be among the city centre's cleanest.

Aunque estas habitaciones sean los espacios más limpios de la ciudad, las nuevas medidas de seguridad son un problema. “Algunos clubs del sexo no pueden volver a abrir, porque no pueden garantizar el metro y medio de distancia”, dijo Foxxy. Tanto los dueños como los trabajadores sexuales están ahora obligados a registrar el nombre y el número de clientes. Foxxy cree que es una violación de la privacidad.

Pero el mayor problema, explicaba, es el futuro del barrio rojo de Ámsterdam. Los trabajadores sexuales llevan años luchando contra el Gobierno local que quiere cerrar De Wallen. La pandemia y la consiguiente crisis financiera podrían provocar que el plan se haga realidad. “Ámsterdam se construyó alrededor de este área”, afirmaba Foxxy. El barrio rojo es el corazón de la ciudad. Espero que no usen el coronavirus como una excusa para prohibir los trabajos sexuales aquí”.

*Name changed

This article originally appeared on VICE NL.