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Cultură

El verano ya está aquí

La lista de cosas que el verano te pone delante para joderte.
20.7.12

Foto: Javier Izquierdo

¡Felicidades! Has pasado todo el año esperando a que llegara el verano y ahora que ya está aquí te has dado cuenta de que lo odias, por mil y una razones. Estas son algunas de las que nosotros destestamos. Estamos en pleno julio y vamos de cabeza.

EL CALOR
Un problema fundamental del verano. La mejor manera de solucionarlo es visitando a un viviseccionista loco para que te transforme en un lagarto de sangre fría. Está claro que funcionó para la Duquesa de Alba. LAS TURISTAS SUECAS
Las suecas son un ente mutante. A través de las décadas han pasado de macizorras fans del cemento, de la espalda peluda y de la sangría de tintorro a Erasmus pop que se pasean vestidas de H&M sobre bicicletas de ruedas minúsculas. Antes aún había una remota esperanza de beneficiarse una sueca y con ello propulsar nuestro ingreso en la UE, el abrazo de la modernidad, la llegada de los parques temáticos y la consecución de unas Olimpiadas, o como mínimo, un europeo de atletismo en pista cubierta. Todo por España. Ahora, las muy suecas, se traen a sus suecos de casa, y lo único que hacen es subir los precios de los alquileres, de los bares, de los restaurantes y hasta de los condones. Las suecas de ahora han traído el estado de su bienestar aquí, subvencionadas por su mierda de gobierno buenrollista para venir a nuestras ciudades a tocar los bongos en los parques, a tostarse en las playas, a estudiar cine o cualquier otra cosa inútil y cara. Y sólo se follan a sus compatriotas o a los argentinos, pero sólo porque son novedad, no se vayan a pensar éstos que es por el acento, que esto ya está muy pasado de moda, y las suecas, si de algo saben es de moda.

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LA PRETEMPORADA
Hay algo más inútil y aburrido que la pretemporada? Vale, los films de Amenábar. ¿Algo más? Claro que no. La pretemporada consiste, esencialmente, en una serie de partidos entre una panda de tíos a régimen que juegan en equipos europeos y se enfrentan a unos sudamericanos de vacaciones por España, que tratan de meterse un gol en propia puerta antes de que pite el árbitro. “No podemos jugar la prórroga, tenemos reserva en el Mesón de Aranda”, les grita el entrenador desde la zona técnica. Con la globalización y tal, la pretemporada ha ampliado su campo de acción a países tan futboleros como China. Y ahí son los nuestros, que salen haciéndose fotos en Times Square o comprando cámaras digitales en Shanghai. Puedes sacar al futbolista del cateto, pero jamás sacarás al cateto del futbolista. Dicen que la pretemporada es para aquellos que les gusta tanto el fútbol que no pueden esperar a que la temporada empiece. Y es cierto, porque, si tras ver la final del Teresa Herrera entre el Colo Colo y el Depor todavía te gusta el fútbol es que tienes un problema. LOS NIÑATOS EN EL EXTRANJERO
Muchos todavía piensan que nos introdujo en la modernidad la Unión Europea, los Juegos Olímpicos, el AVE y las obras de la M30. Creen que tenemos multiespacios donde tomar una copa mientras contemplamos un pedo de Jasper Jones y al salir podemos comprar la última camiseta de diseño danés no sin antes haber saciado nuestro apetito con sushi de influencia sudamericana. Se equivocan. Entramos en la modernidad más de revista de diseño gracias a los cursos de inglés en el extranjero. Antes, cuando no hacía falta saber que había un mundo más allá de los bocatas de calamares, los hijos de los ricos hacían de mensajeros para el bufete de abogados de sus padres durante el mes de julio, esperando el momento en que papá cogiera vacaciones y se fueran todos a Begur. Pero en los 90, el resto del mundo empezó a existir, y los hijos de los ricos pasaron sus julios haciendo ver que aprendían inglés en Nueva York o Londres. Ni qué decir que no aprendieron una mierda, pero sí descubrieron que en aquellos países había gente que había logrado vivir del cuento. Gente que montaba restaurantes con dj, tiendas con dj, galerías de arte con dj, o peluquerías con dj. En fin, que volvían a casa y le pedían dinero a papá, no para comprar acciones del Santander, sino para abrir una cafetería como aquella en la que pasaba las tardes en el Soho. Y así el mundo español empezó a dividirse entre jóvenes aunque sobradamente preparados y jóvenes asquerosamente sobre puteados por aquellos que fueron al cole con ellos y ahora les cobran veinte euros por un cubata mientras te siguen torturando con el puto trip-hop.

LOS ITALIANOS
Vienen a España con la fantasia de acostarse con las españolas que tienen los novios de vacaciones en Italia pero son en realidad ellas las que se han marchado a Italia y se están tirando a sus compatriotas que se lo tomaron con mas calma. Los italianos parecen ser los únicos que se creyeron aquella estupidez de que los futbolistas eran las nuevas estrellas del rock. Visten como ellos, llenos de bolsillos, gritan como si el móvil les impidiera escuchar bien y en verano parecen comportarse bajo la máxima “si está mojado, te lo bebes; si se mueve, te lo follas” Un momento, ¿hablaba de italianos o de españoles? Todos estos europeos del sur es que me parecen iguales. LOS FESTIVALES
Los jóvenes ya no se enamoran como antes, bajo la luz de la luna y el Cadillac solitario a todo meter en el campo de fútbol del pueblo, mientras la abuela pide más sangría para remojar la dentadura postiza. Y es que hay que ser muy imbécil o estar muy desesperado (o ambas cosas, que es lo más común) para encontrar el amor veraniego en una carpa dance, o en un festival indie con los acordes del último disco de Mogwai como romántico acompañamiento. Los festivales están acabando con el romance. LA HORCHATA
El producto más típico y asqueroso de la huerta valenciana. Una suerte de achuchón de azúcar, empalagoso e imposible de digerir. Tan veraniego como las camisas de franela, las películas de Won Kar Wai o los discos de Sigur Ros. Por muy fría que la sirvan, la puta horchata es el peor invento español desde la sangría y la Transición. Lo mejor es que, de tanto construir chalets y campos de golf, la huerta de Camps y los Fabra ha dejado de producir horchata. Fueron a Afganistán a ver si allí podían cultivar algo, pero les dijeron que lo que daban las amapolas era más bueno y más rentable. Producto no elástico, lo llaman: misma demanda todo el año y sin depender de las fluctuaciones del mercado, los tipos de interés o la OPEP. Ahora lo producen en África.

LAS REPOSICIONES
Las reposiciones no son más que disparadores de una serie infinita de abyectos sentimientos. Te recuerdan que ya eres mayor, porque este episodio del Equipo A en que sale Ana Obregón ya lo viste antes de que ella se convirtiera en la Mrs. Robinson de la generación Salsa Rosa. Y es que mira que somos nostálgicos en este país. Es como todo el rollo de la Movida, con ese Madrid de los 80, que era como la Factory de Warhol, pero con mejor comida, que aquí podemos hacer cualquier cosa que hagan los guiris, pero siempre con la ventaja de que comemos como reyes. El tema es, ¿a quién coño le importan todos estos refritos en el 2012? Cada vez que al director de un periódico o al locutor de una radio pública le entra morriña de cuando esnifaba pegamento con Almodóvar o se ponía leotardos fucsia para fregrar los platos de Santiago Auserón, llega otro recordatorio de esos años de creatividad extrema. Jamás nos quitaremos de encima la idea de que esta nación fue modernizada por un tipo que cantaba aquello de que “La coca me vuelve loca”. Y lo peor, que aún lo canta, el muy cansino.

Foto: Javier Izquierdo

LA CANCIÓN DEL VERANO
Esta es una de las mayores jodiendas veraniegas. Además de destruir la industria discografica, estamos creando monstruos cocainómanos. Ya nadie se acuerda de aquella época, antes del flamenco chill, antes del french touch. Antes del armagedón cultural camuflado de revista de tendencias, estaba el verano del salmonete. Era una época en la que la gente, en vez de silbar, chapurrear en inglés de Cuenca, o convencerse de lo obsoleto de Shakespeare gracias a las letras de Andy y Lucas, cantaba sin verguenza y sin camisa temas que ya entonces hablaban de los problemas que nos acechan hoy en día. Del calentamiento global (“La barbacoa”) a la inmigración (“Mami, qué será lo que tiene el negro”), Georgie Dann, aunó, como nadie desde Gang of Four, la más desenfrenada pulsión hedonista con la crítica social más radical. Política de baile. El sistema patas arriba en cuatro compases. Denostado por rockeros (ya se sabe que estos, sentido del humor, poco; los árboles de la autenticidad no les dejan ver el bosque de la felicidad), vilipendiado por modernos de pantalón de lino (ya se sabe que éstos, hasta que Dazed & Confused se pronuncia, mantienen un elegante silencio) y reivindicado como coartada irónica por indies de cotolengo (ya sabemos todos que éstos más vale que no digan nada) Georgie se mantiene hoy como un persona a quien, como a Harry Truman, la historia absolverá LOS REGALOS PROMOCIONALES
La maldad de la industria de la moda no tiene límites. Hawaianas de diseño, bañadores modernos y complementos de nombres indescriptibles. Las camisetas ya no valen. Y si antes eran lo pareos las prendas que marcaban la distancia entre la que se había puesto lo primero que había encontrado y la que había leído Marie Claire antes de depilarse las axilas, ahora esta labor la cumplen los kaftan. Sólo deberían llevarlo los dictadores sudamericanos y Gabriel García Márquez, pero los maridos de Mar Flores lo encuentran joven y a la moda, no sabemos aún por qué. Cada año, alguna revista femenina te regala uno con su número de verano, un diseño exclusivo de la semifinalista de la pasada pasarela de l a ONCE. Se te rompe el segundo día de baño, pero crea tal adicción, que al día siguiente ya estás comprando la revista de nuevo. Al revés que Playboy, estos magazines no se compran por los artículos, ya ven. LA MEDIA PENSIÓN
La media pensión (MP) estaba aquí como evolución casi darwinista del alojamiento y desayuno (AD), pero fue superado, primero por la pensión completa (PC) y últimamente, sobre todo, desde que nuestras cadenas hoteleras compraron media República Dominicana, por el todo incluido (TI). Pero la MP aún existe en algunas zonas de recreo de nuestro litoral como instrumento de tortura. Pervive en su más malévola encarnación, aquella que ofrece la comida entre 14.30 y 15.30, menú de tres platos fijo, en un salón que las señoras de la limpieza no se han molestado en siquiera barrer y con platos creados a base de las sobras de la cena del hotel de al lado. En algunas cárceles tailandesas se come mejor, más variado, con más espacio y en horario más respetuoso con las necesidades de los reclusos. El cliente de la MP no puede ir a la playa, porque cuando llega ya han cerrado la cocina. No puede alejarse más de media hora del hotel, porque si lo hace, seguro que acaba comiendo un bocata en un Medas. La única manera de asegurarse que se llegará a tiempo de volver a comer por cuarto día consecutivo aquellas croquetas de puerros es quedarse en el hotel, merodeando el salón comedor para, cuando abran, abalanzarse sobre un jubilado alemán y quitarle de sus frías manos europeas la única mesa que no tiene vistas al lavabo.

LAS MOSCAS
Las moscas son ligeramente menos prevalecientes, irritantes y llenas de enfermedades que los turistas pero siguen siendo uno de los mayores coñazos durante el verano. Sin embargo, no tienes por que tolerar su sonido infernal si consideras que son el perfecto snack veraniego. Una mosca común contiende más del 6865% de tu cantidad diaria recomendada de chitina. EL URBANISMO Y LAS PUTAS OBRAS
¿No tendremos nosotros algo de culpa en todo esto? Porque claro, Muñoz era un chorizo, pero fue alcalde, y que yo sepa lo tienen que votar unos cuantos para llegar ahí. Y claro, su señora, salió en muchos programas donde le pagaban mucho dinero, porque tenían mucha publicidad y, para eso, debe de haber mucha gente mirándolos. Si alguien contrata a la Pantoja, imputada, presunta y actúa ante 15.000 personas, igual no es tan culpa de quien la contrata como de los 15.000 imbéciles que van a verla en una especie de macrocolecta con banda sonora racial y mediterránea para pagar su fianza (Ay, si Roldán no hubiese dejado las clases de guitarra para mudarse a Laos) Y digo yo que todo este cemento está ahí porque alguien quiere vivir ahí, ¿no? Puestos a darle la culpa a los otros, porque no se la damos a Chicho Ibáñez Serrador. De hecho, fue su 1,2,3 el que disparó la oferta al regalar apartamentos en Torrevieja,. Dejen a la Pantoja y vayan a por a la puta Ruperta. LAS DISCOTECAS DE PUEBLO
Con nombres como Xanadú, Pirámide, Laser o cualquier otro de evocaciones sexuales y verbenescas situado en cualquier mole de hormigón cerca del mar y lejos de las leyes del Ministerio de Medio Ambiente. Y en esa discoteca se encuentran los indígenas, que son brutos, insofisticados y transpiran sexo, y los guiris, que imbuidos por el espíritu veraniego que impregna nuestro litoral en estas fechas sofocantes, se apuntan a las fiestas de la espuma y a la elección de Miss Camiseta Mojada. En fin, a cualquier evento, aunque lo presente algún ex concursante de un reality y nadie en el local sea capaz de explicarle quién es ese ser casi humano. Pincha el hijo del alcalde, que es el único que sabe hacer funcionar el Spotify. Las camareras tienen muy mala leche y están hartas de que el moderno de ciudad de turno se las intente ligar (porque llevan un piercing) y los porteros son ex-paramilitares kosovares que, tras desvalijar chalets durante el día, la emprenden a mamporros con la clientela, para así bajar el estrés que significa conducir con el pasamontañas puesto a 42 grados en la sombra. LAS VACACIONES EXÓTICAS
Zanzíbar era un destino exótico y exclusivo y no había vuelos desde España. Pero un día un avispado empresario local decidió que aquella maravillosa isla podría ser la nueva República Dominicana. Y empezaron los hoteles para españoles y la semana todo incluido por 900 euros. Y ya no parecía tan cool que hubiera un pequeño islote que a veces alquilaban Bill Gates o Madonna. Nada. Los indígenas llevaban camisetas del Barça y te hablaban en andaluz. En el mercado de Stone Town oías acento de Girona regateando por un pareo, negándose a pagar 30 céntimos por él. “Claro, como somos guiris se piensan que nos pueden estafar. Va, Manel, rellena la botella en la fuente aquella de ahí”. Y uno no puede más que pensar en que los indígenas deberían tratarnos como nosotros tratamos a sus compatriotas cuando llegan a las Canarias. Darnos una manta, dos galletas Fontaneda y devolvernos a casa. Ellos, al menos, vienen a trabajar. Nosotros vamos a buscar un bar en el que podamos ver la final del Carranza.

Este artículo formó parte de nuestra Guía de Verano, 2009
Las claves de la moda veraniega
Pool's out for summer