Terelu caga y su asistente tira de la cadena

Un relato de ficción sobre el clan televisivo de las Campos.

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oct. 18 2013, 10:17am

“La crónica social no es nada nuevo. Es un género. La telebasura es más reciente. Y es, en mi opinión, un subgénero. La frontera está en el asalto, a saco, de la intimidad de las personas, en estos casos de los famosos, y en abordar sus vidas, que no sus obras, sin la menor consideración. También es cierto que algunos de esos personajes lo que no tienen, precisamente, es obra: tan sólo una vida que ponen en el mercado bajo múltiples, rocambolescos y miserables pretextos. Es decir, la telebasura son ellos y los que les pagan: actores mediocres en busca de un papel y empresarios desalmados en busca de una audiencia”.

¿Quién diríais que ha escrito estas palabras? ¿Eduard Punset? ¿Fernando Arrabal? ¿Séneca? No. Las ha escrito la misma persona que contrató a Lara Dibildos, a Rociíto, a la Jesulina, a su propia hija o al maltratador Ernesto Neyra para que comenten la actualidad. Las ha escrito María Teresa Campos. La malagueña es una experta en justificar su discurso dando del todo la vuelta al mismo. En una ocasión le preguntaron por su origen marroquí y ella lo negó, cuando es sabido que nació en Tetuán en 1941.

Los hechos que relatamos a continuación podrían ser ficción. Me los ha contado un amigo de un amigo de un amigo. La carrera de María Teresa comenzó con Hermida, que se acompañaba de mujeres tertulianas (Consuelo Berlanga, Irma Soriano…) en su magacín mañanero, y terminó usurpando aquella codiciada franja horaria. Fue la primera en detentar el discutible honor de ser “La reina de las Mañanas”. Su carrera ha crecido exponencialmente desde entonces y no precisamente por su preparación y bondad, sino por una desmedida ambición y falta de escrúpulos éticos.

Todo comienza en los años 60 en Málaga. Una joven María Teresa inicia carrera periodística en radios locales y una historia de amor con su futuro marido, José María Borrego, con el que contrae matrimonio tras un largo y tradicional noviazgo. Llega a matricularse en “Filosofía y Letras”, una carrera facilita, considerada para mujeres y que equivaldría hoy a Humanidades y cultura general. Sin embargo, la licenciatura no llegaría jamás. Con un ansia de grandeza desmedida, trepa por las radios malagueñas con soltura. Y lo hace a pesar de que hay pocas mujeres en el mundo laboral, o quizá gracias a ello.

Tiene dos hijas, Teresa Lourdes y María del Carmen. En cuanto se le presenta la oportunidad de medrar, trasladándose a Madrid, no se lo piensa. Se instala en la capital, dejando a su familia en Andalucía. En su autobiografía “Mis dos vidas” (Planeta, 2004) narra con una pasmosa soltura un pasaje que a cualquiera marcaría de por vida: “En ese momento sonó el teléfono. Era mi compañera Ángeles Macua. Me dijo que llamara enseguida a mi casa, a Málaga, ya que me tenían que decir una cosa. A mí me dio un ataque de nervios, porque mis hijas estaban allí y pensé que habían sufrido un accidente. Empecé a gritar y a preguntar a voces:

.- ¿Qué ha pasado, qué ha pasado?

- ¡Dime lo que pasa! -le rogué angustiada a Ángeles. 

Y me lo dijo: 

- Tu marido se ha pegado un tiro. 

(…) Creo que era un enfermo y para mí es como si se hubiera muerto de un infarto.”

Con ese lenguaje tan propio y metafórico de las señoras de cierta edad, ha llegado a decir “La primera satisfacción como mujer, la tuve con casi 40 años” lo que viene a ser “Disfruté del sexo con casi 40 años”. Osea, que tan espabilada esta mujer no debe ser (o bien, su interés por prosperar eclipsó todo lo bueno de la vida). Allá donde iba, llevaba a sus hijas, Terelu, un tanto cortita, sin base cultural alguna, y siempre vestida con cuatro tallas menos de lo que le corresponde, y Maricarmen, algo más tosca (más si cabe) que su madre y hermana y siempre en la sombra (es decir, detrás de las cámaras).

Terelu es el paradigma del enchufismo español: Una persona sin tan siquiera estudios medios, ordinaria hasta la erección inconsciente y malrollera, incapaz de mantener una conversación de una altura mínima y tan prepotente y creída como su madre. Como ha crecido con dinero fácil, tiene la costumbre de gastárselo en ropa de firma de muy dudoso gusto y tacones enormes como de hormigón armado. Abusa de muletillas y comodines propios de su condición intelectual, y se cree cercana y accesible por tratar con familiaridad a su asistente.

Vivió sus momentos de máximo esplendor en TeleMadrid.  Estaba medio buena y las audiencias respaldaban en su espacio “Con T de Tarde”. La propia cadena, le proveía de una asistente que le daba un yogur durante la publicidad. Se lo daba literalmente, metiéndole la cuchara en la boca como parte de su estricta dieta. También aprovechaba cualquier rato para fumar, hábito que ha cultivado con esmero hasta hace unos días. Su actual asistente (una chica que ahora paga ella de su bolsillo) tiene como uno de sus cometidos encenderle un cigarro cada vez que sale de del plató de Sálvame en las pausas publicitarias.

Ha sido siempre un apósito de su madre y la época de mayores beneficios la vivió en el programa Día a Día. Ahí las Campos vivían endiosadas, ejerciendo un sibilino despotismo basado en la adulación a sus superiores y el menosprecio a sus subordinados. Aunque se posicionan políticamente como demócratas socialistas, no ejercen jamás, porque les puede el amor al vil metal. Además de los sueldos millonarios, anunciaban cualquier producto a cambio de ingentísimas cantidades de dinero. Enseguida saltaron a Antena 3, pidiendo mucho más de lo que les ofrecen (y consiguiéndolo).

La Campos Jr acaba presentando en Antena 3 galitas variadas y “La granja de los famosos”. Sale con Pipi Estrada, y les pillan magreándose. Mientras, desde Antena 3 se insta a María Teresa a que cambie de formato y contenidos porque su programa no funciona. La imagen más fresca y dinámica de Ana Rosa Quintana acapara interés mediático, y la rivalidad profesional entre ambas se vuelve odio personal. La Campos se plantea la reubicación en Telecinco, exigiendo que sea con su niña, cuyas credenciales son haber participado en la única película que del humorista Joe Rígoli (“Zocta, solo en la Tierra se puede ser extraterrestre”) y sentirse muy exclusiva por usar Chanel número 5 y Manolos y chapotear en círculos de alcurnia, donde se ríen de ella.

La sentencia del vídeo con Pipi Estrada condenó a Telecinco a indemnizar a Teresa Lourdes Borrego ‘Terelu’ con 150.000 euros. Cantidad que empleó en engordar sin freno, taconazos para sus cada vez más abultados tobillos, cambiar de novio y nueva asistente. Dicen que a una llegó a pedirle que tirara de la cadena después de cagar. Nuestras protagonistas han tenido varias curas de humildad, que incluyen un cáncer que no llegó a mayores, pero su amoralidad no conoce límites. Carmina Ordóñez mentó en su programa al maltrato de género al que había sido duramente sometida por Ernesto Neyra y María Teresa frenó la confesión. “Bueno, vamos con temas un poco más alegres, que esto no es agradable”.

Anécdotas hay muchísimas más y todas tienen como telón de fondo una historia de ambición sin escrúpulos. Especialmente la madre, que ha tenido enfrentamientos y rivalidad con muchísima gente. Yo me quedo con cuando recientemente coincidió de modelito con Selena Gómez ¿No os parece encantador

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