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Cuando murmuramos “¡Típico!” estamos expresando fastidio y resentimiento, pero también una especie de humorística indulgencia a regañadientes, e incluso hay un elemento de perversa satisfacción: puede que la lluvia y las interminables colas nos hayan supuesto una inconveniencia, pero no nos ha cogido desprevenidos. Sabíamos que esto iba a ocurrir, “te podríamos haber dicho” que iba a llover (siempre lo hace en fin de semana, días festivos y ocasiones especiales), y que habrían largas y tediosas colas para la exposición, el mostrador de la cafetería, la tienda de tes, el bar y los lavabos, pues nosotros, en nuestra infinita sabiduría, sabemos que así son las cosas: siempre hay colas, siempre eliges la cola más lenta, siempre esperas una eternidad a que llegue el autobús y entonces se presentan tres de golpe. Nunca funciona nada correctamente, siempre hay algo que va mal y, encima, amenaza lluvia. Empezamos a aprender estos mantras ya en la cuna, así que para cuando somos adultos, esta resignada visión del mundo forma parte de nuestra naturaleza. Por tanto, la gente que en estas imágenes está haciendo cola está, de una extraña manera, pasándolo bien. Están experimentando un placer que es una peculiaridad inglesa: el de ver cumplidas tus funestas predicciones.
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