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Cultură

Guía de la cerveza de lata en Madrid

Las birras-camineras mueven mucho dinero y son una salvación a la hora de ir de garito en garito. Nuestra experiencia nos ha llevado a descubrir los mejores sitios de Madrid para disfrutar de ellas.

Los lateros son ya un clásico del verano y la primavera. Como las verbenas y los puestos en los que se exprime el aceite para freír oreja. Los ladrones abriendo mochilas en la línea 10 del Metro. Las gentes con las voces más raras del mundo pidiendo firmas para 'nosequé'. O los guiris cayendo a plomo sobre el asfalto derretido de la Gran Vía. Pero la venta ambulante de birra (chino-lata, lateros, carrobirras, etc…) ha pasado de ser una cuestión estacional a convertirse en una actividad económica que se desarrolla con fluidez a lo largo de todo el año.

Además de ser un servicio reclamado por el público, también genera grandes beneficios al que lo practica. Según las asociaciones de hosteleros, se pueden llegar a vender hasta 50.000 latas de cerveza -multiplicar por una media de un euro- cada fin de semana y que el número asciende a 2,5 millones al año. Por eso reclaman a Botella que apriete las tuercas a los lateros, en especial a los chinos de la zona centro. Lo que ya se hizo el pasado año fue aplicar nuevas tarifas si te pillan bebiendo en la calle. Subir las multas. Ahora son 600 lereles para los mayores de edad (500 para los menores) y 1.000 si eres un sediento reincidente. Si te multan puedes pagar en diez días y entonces baja un 40%. Pero poca gente lo hace, porque según hemos podido leer solo se pagan una de cada cinco multas que se ponen. El año pasado hubo 40.000 'pillados' por privar en la calle. El 'take a beer' ha dejado de ser un servicio propio de los barrios (sobre todo Malasaña) y parques del centro de Madrid. La política de convertir el más allá de la M-30 en un lugar de peregrinación para modernos del centro ha hecho que el laterismo amplíe esta temporada sus horizontes. Por eso empezamos nuestro recorrido en el mapa de las birras callejeras de la ciudad por la zona denominada Madrid-Río (o el Bruclin madrileño). Podríamos haber llegado allí, ahora que estamos sobrios, conduciendo una de las bicis con asistencia al pedaleo (ayuda a la marcha) de Ana Botella. Porque ya por fin han aparecido. Circuló la teoría de que había miedo a que la mala gente hiciera suyas las piezas de valor que componen el motor. Era solo una teoría. El caso es que ya podríamos haber llegado hasta la ribera del Manzanares sin dar muchos pedales. Allí el laterismo es de nueva implantación. Por eso cuesta hacerse con una cerveza. No hay ofertas, el regateo no está establecido y la variedad es escasa. De momento es una alternativa poco recomendable a la cantina cercana en la que Felipe y Leticia celebran sus aniversarios. Seguimos con el tour, y a la hora de la comida es buen momento para transitar por el eje Vistillas-Templo de Debod. Nos saltamos Plaza de España porque está repleta de policía a caballo (y emos) y tristemente ha dejado de ser una referencia. El comercio se reparte en esta zona entre chinos y paquistaníes. La oferta es abundante y las marcas son Mahou y la cerveza 'blanca' del Lidl. El precio es estándar: 1 euro por lata de 33 cl. La zona lejos del Templo de Debod, en las inmediaciones del Paseo de Camoes, es un auténtico desierto de lateros. Se recomienda repostar antes de internarse en esa jungla. Pero si de parques hablamos el verdadero vergel de la birra callejera es el Retiro. Si los empresarios calculan que hay 150 vendedores ambulantes por la noche en Madrid, todos hacen los turnos de mañana y tarde en este parque. Es curioso, porque hace un año era relativamente difícil pillar allí birra, pero esta temporada ha empezado con fuerza. Ya no hay que esperar mucho tiempo entre visita y visita de los lateros. Así que sed no vas a pasar. Abunda la cerveza de marca blanca, pero se puede encontrar Alhambra de medio litro a 1,50 euros y el regateo llega a tres latas por 3 euros. Una de las novedades de la temporada es que algunos lateros han optado por la venta móvil (bicis plegables) para dar un toque más cool y acorde con las nuevas políticas que impulsan la movilidad urbana sostenible. Es un misterio cómo consiguen tenerla tan fría. Para camuflarla de los policías (que hay bastantes por el Retiro) utilizan de forma poco ingeniosa la red del servicio de parques y jardines para el riego del césped. Cae la tarde y es hora de moverse. Cuando llega la noche, Malasaña es el auténtico zoco de la tradición de cerveza callejera. Desde los 'pisos patera' donde se acumulan palés de latas de cerveza salen disparados los vendedores para combatir la sed de Malasaña. En cuestión de precios es bastante estándar. Por un 1 euro se puede adquirir una cerveza (Mahou clásica o marcas blancas baratas de las grandes superficies) y existen promociones como el 6 por 5 a la que los vendedores acceden sin darle mucha importancia al arte del regateo. Este verano han cambiado algunas cosas. El marketing ha llegado ya a un oficio tan tradicional como éste y ahora los vendedores pasean de la mano las latas vacías (no hemos entendido bien por qué) antes de poder acceder a la mercancía. Además, también se estila la venta de combinados. Los pelotazos son la última novedad de la venta ambulante de alcohol. Nosotros somos clásicos y la birra-caminera sigue siendo nuestra opción preferida para entretener el trayecto entre garito y garito las noches de verano. Y así poder saludar de vez en cuando a ese chino de Malasaña que tiene un perro que avisa cuando llega la policía y que nos parece (además de útil) muy entrañable.