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Música

A pesar de todo, ser bajista no está tan mal

Anímate bajista, aquí tienes unos buenos motivos para no tirar la toalla.

Imagen ​vía

Hay ciertos individuos que han nacido para estar en segundo plano, para ser eternos personajes secundarios. A pesar de que pueda parecer algo triste, es exactamente de esto de lo que trata la vida: pasar por aquí tranquilamente sin liarla demasiado y luego largarse para siempre. Esto sí que es un posicionamiento vital lúcido. Al fin y al cabo nadie hará nada trascendental, el tiempo es demasiado vasto y el universo es un ser insultantemente indiferente. Nada importará dentro de 10, 100 o un millón de años. Es precisamente este punto de vista sobre la existencia lo que hace grandes —me atrevería a decir que incluso casi gigantes— a los bajistas de los grupos de música. Ellos son conscientes de esto y golpean las cuatro cuerdas con toda la convicción y tranquilidad del mundo mientras todo a su alrededor se tambalea dentro de una noria de narcicismo, egolatría y ordinariez.

Pese a que acabo de poner a los bajistas en un pedestal —y no tiene nada que ver con el hecho de que yo toque dicho instrumento— el cuerpo de la sociedad general los percibe de una forma totalmente distinta, si es que los llega a percibir. Cuando varias personas deciden empezar un grupo de música los primeros instrumentos agenciados suelen ser las guitarras. Pese a que ya vivimos en el futuro y que existen cientos de grupos con sintetizadores, samplers y cientos de mierdas, la concepción que tenemos de grupo de rock es la clásica; la de guitarras, bajo y batería. Sus elementos son los que, en el fondo, se proyectan en todas estas nuevas y excéntricas propuestas. Si nos centramos en esta arcaica concepción de la música, las guitarras son las estrellas y en el otro extremo se encuentra el bajo, esa cosa.

¿Quién coño en su sano juicio querría tocar el bajo? Y es que una de sus principales características es la invisibilidad; tanto visual como acústica. Es muy habitual que un bajista se limite a la labor de tocar su instrumento, sin aportar apoyo vocal u otras movidas. Esto hace que a nivel de composición del escenario se encuentren trasladados hacia los límites de las tarimas, siendo eclipsada su presencia por las enormes pantallas de su propio amplificador o incluso viéndose desplazados detrás de las baterías. A nivel acústico, muchas veces me pregunto si realmente se sabe qué es un bajo, qué hace en una canción. La verdad es que creo que nadie lo percibe demasiado —al fin y al cabo las notas graves son difíciles de interpretar—y es probable que vean al bajo como una guitarra más que no hace demasiado ruido. Para escucharlo hay que hacer un mínimo esfuerzo y esto hace que el oyente tienda a ignorarlo. Con este panorama, los bajistas resultan ser unas personas que se tambalean taciturnas encima del escenario, bailando solos y tocando solo para ellos. Todas esas líneas de bajo que se "curran" en casa o en el local de ensayo no las escuchará nadie jamás. Es por eso que muchos "bajistas" ya han tirado la toalla y se limitan a raspar una sola nota para acompañar los acordes de las guitarras, sin ningún tipo de ilusión por crear pasajes interesantes. Y es que el único público que tienen los bajistas son los mismos bajistas. Existe una orden de bajistas que pulula por este mundo, es una sociedad ignorada por los humanos. En los conciertos los bajistas únicamente miran a los bajistas, analizan los movimientos de su "adversario" —así pensamos los bajistas, nadie sabe cuándo pueden echarle de un grupo y coger a otro bajista— y juzgan a todo el grupo según las acciones del bajista, que en su (nuestro) mundo es el alma del grupo. Es una forma de justificar su propia existencia, si no se aman entre ellos, ¿quién coño lo hará?

Otro tópico que existe sobre el instrumento es que cualquier persona puede tocarlo. Parece un instrumento sencillo porque únicamente tiene cuatro cuerdas bien gordas y bien separadas de las cuales solamente se utilizarán un par o incluso una. Esta simplicidad es la que hace que muchos "músicos" lo rechacen, ya que prefieren un instrumento "más complejo" que se ajuste a su creatividad desmesurada. Lo cierto es que pocas manos pueden tolerar la dureza de un trabajo tan poco recompensado. El bajo no es para todos, solo para los valientes. Y es que la presión que se debe aplicar sobre las cuerdas es muy superior a la de las guitarras. Es como si al tocar cada nota estuvieras abriendo una lata de cerveza el día más frío del año. Intenta hacer esto muy rápido y sabrás de lo que estoy hablando. Súmale a este esfuerzo el saber que la gente te percibe como "si no estuvieras haciendo nada" o que "ellos lo podrían hacer mejor". Un bajista requiere de una fuerza emocional descomunal, son hombres estoicos que no se deberían derrumbar ni con la muerte de toda su familia. El arma secreta de los bajistas es poseer un corazón de hierro y una autoestima sublime.

Este maltrato que recibe el instrumento es totalmente desmesurado pues es facilísimo probar su valía: es algo tan sencillo como escuchar un grupo sin bajista. Cuando aparecen todas esas formaciones extrañas y mutantes puede que al principio parezca que funcionen pero si luego escuchas un GRUPO DE VERDAD de los de formación de rock de toda la vida (con bajo y un buen par de cojones) se te caerán las pelotas al suelo. Se te caerán tanto que romperán las baldosas, pasarán a través de los cimientos del edificio, de la corteza terrestre y agujerearan por completo el planeta Tierra hasta perderse en la infinidad del universo estallando como cuerpos celestes. Cuando veas a una banda con un bajista rockeando al fondo del escenario rodeado de soledad entenderás la diferencia entre un grupo y EL grupo. Una banda no decide, así por las buenas, perder dinero repartiendo las ganancias con un miembro más. De hecho no hay dinero suficiente para agradecerle a un bajista todo lo que está haciendo por la felicidad de la humanidad, su sacrificio es la salvación de la música moderna (sigh).