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Cultură

Yomango es el movimiento del robo ideológico de Barcelona

Además, hace instructivos para robar a esas cadenas de ropa que te han estado robando por años.

All images courtesy of www.yomango.net

La economía mundial está jodida. Y desde que Occidente entró en una crisis económica en 2008, el impulso consumista ha ido en constante aumento (cuando se supone que debes rechazar el materialismo porque tienes el poder adquisitivo de una libélula). Pero mientras que el proletariado de Gran Bretaña se ha dedicado a hacer plantones o protestas alrededor de la calle Oxford asustando turistas, el movimiento de la desobediencia civil catalana Yomango ha estado furiosamente activo contra el consumismo desde 2002. ¿Cómo? A través de una campaña de robo ideológico.

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Fue creado en Barcelona por unos tipos de bloque negro (de esos que son 24/7 fumadores de hachís) que ves dando vueltas con sus perros en el barrio gótico. Yomango es un juego de palabras con la compañía de ropa local, MANGO. Los miembros de este movimiento afirman que es algo entre un experimento social y una declaración política de preparatoria, y dicen que lo que están haciendo está enloqueciendo al sistema.

Practicantes de Yomango saquean franquicias multinacionales para hacer de sus descuentos del 50 por ciento una fiesta. Estas fiestas son como cenas de Navidad, pero contraculturales donde se participa compartiendo tácticas de robo (que, cómodamente, también están disponibles en formato de videos instructivos de YouTube). En esas reuniones intercambian botines y discuten de acerca de convertir el hecho de usar y tirar basura en accesorios de bricolaje. Si no usas un antidetector de alarmas o una gabardina con bolsillos de "magia", no eres un profesional, como estos tipos.

Un bolso hecho de una caja de galletas, que al parecer es antidetectores de alarma.

Paul Bannister, el jefe del Departamento de “mangueting” de Yomango, explica: "Es muy diferente a la idea de boicotear. El hecho es que queremos estas cosas y estamos atrapados dentro de mecanismos psicológicos que son muy difíciles de escapar. No estamos tratando de negar nuestro deseo, sólo estamos tratando de hacer que el producto ya no genere ganancias para sus fabricantes”.

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Más allá de atacar el consumismo, Yomango también intenta secuestrar todo el concepto de la marca, que es obviamente un poco más difícil que robar un poco de queso de un supermercado. "El hecho de hacer que alguien se enamore de una marca consiste en convencer a ese alguien de que ha pagando para lograr una especie de meta psicológica", reflexiona Paul. "Si compras estas botas, te sentirás como al aire libre, y comprar este reloj te hará sentir exitosa. Yomango te da esta experiencia, pero quita dinero de la ecuación, por lo que es un parásito que destruye el trabajo que las marcas están haciendo”.

Después de haber estado en España, Yomango se extendió a Alemania, Italia, México, Argentina y Chile, pero Paul señala que es simplemente una táctica, no un movimiento, por lo que sus objetivos o propósitos se definen totalmente por el individuo. Pero si se usa por diferentes personas para diferentes significados entonces, ¿cómo puede afirman que lo que están haciendo es diferente al robo regular, no ideológico? "La diferencia es que lo enmarcamos como una forma de desobediencia civil, como un acto político", explica Paul. "Tenemos cierto prestigio, estamos convirtiendo algo de lo que se supone es vergonzoso en algo de lo que estás orgulloso”.

Pero este aspecto de la celebración es esencial para el Yomango ya que ayuda a fomentar la comunidad contracultural que se ha cultivado hace una década. "Hay un montón de cosas para compartir y regalar en Yomango", dice Paul. "Cambia tu idea de valor porque el precio no es el valor; el valor del producto es el valor para ti y su valor a otras personas".

Algunos podrían verlo como idealistas extremos, en lugar de como una insurgencia política que ha intentado otras formas de protesta. En 2002, como muestra de solidaridad con la lucha, hubo un "Yomango tango" en un Carrefour, justo al lado de Las Ramblas de Barcelona. Un celular tocaba tango, mientras que los devotos de Yomango bailaron mientras robaron descaradamente 13 botellas de vino. Las botellas se abrieron para una celebración al día siguiente en un cerca de un Santander —una institución que se benefició generosamente gracias a la recesión Argentina de la década de los dos miles.

Hay algunas preguntas como por qué el hurto fue elegido como el modus operandi de Yomango. Paul me dice que es porque algunos de sus primeros pioneros fueron trabajadores descontentos y lo hicieron para rebelarse contra sus jefes. Pero algunas fuentes en internet dicen que es porque las condenas por robo son prácticamente nulas en Europa, y Paul admite que no ha oído hablar de alguien que haya tenido una multa tan alta como para dejar de hacer lo que hacen. ¿Qué nos detiene de dejar de pagar nuestros impuestos y robar nuestro camino de austeridad?

Sigue a Aleks en Twitter: @slandr