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Noisey

​¿Por qué el reggaetón?

Últimamente la gente más avispada ha podido observar un giro mundial hacia el reggaeton: desde Justin Bieber a La Mafia del Amor, pasando por la gente que va a Corsica Studios y perrea con Kamixlo o Palmistry. Nicolás Prado nos explica porqué.
15.1.16

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Últimamente la gente más avispada ha podido observar un giro mundial hacia el reggaeton: desde Justin Bieber a La Mafia del Amor, pasando por la gente que va a Corsica Studios y en vez de escuchar música de pastilleros escoceses perrea con Kamixlo o Palmistry.

Aquí en el Reino de Castilla es posible que esto esté pasando más desapercibido. Las únicas excepciones que encuentro son las publicaciones de This Is Underground, los mixes de Motocross o el iPhone_Dembow (s/o a mí mismo) y la música de gente como La Mafia del Amor, DJ Kalimoxo, Dellafuente y más gente que se puede contar con los dedos de una mano.

España tiene una relación privilegiada y desaprovechada con el ragatanga. Me atrevería a decir que todos los que fuimos adolescentes entre el año 2003 y el 2010 hemos crecido hasta cierto punto bajo su influencia. Hubo una época en la que era inevitable escuchar algo de Don Omar o Daddy Yankee por la calle (antes de su beef) o encontrarse a Wisin y Yandel en MTV. El ragatanga vivía una época dorada que coincidió con el renacer del #indie_anglosajón que probablemente la mayoría de lectores aquí abrazamos sin miramientos.

El siglo XX (y lo que llevamos de XXI) han sido décadas de dominio cultural anglosajón, ya sea británico o gringo, y eso nos moldeó la cabeza para pensar que escribir canciones tenía más mérito que cantarlas, que la guitarra era superior al ordenador y que el objetivo era ser como un universitario londinense.

El reggaetón no era considerado "música" ni se le podía atribuir ningún tipo de relevancia, dignidad o mérito. Como aristócratas ingleses del siglo XIX, se creó la idea de que lo importante era música que pudiese considerarse "arte" y que fuese "buena". Mientras que en el mundo del arte, por ejemplo, alguien como John Berger empezó a cargarse ese mito en los 70, la música se salvó e incluso fue a peor con el boom y prevalencia de 'los medios especializados', dedicados a salvaguardar y guiar el buen gusto.

La música no es popular y por lo tanto debe ser 'curada' por una élite intelectual que con sus reseñas nos convertirá en #connaisseurs capaces de crear listas de Spotify para cualquier situación™.

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En la última década, el Reino de Castilla vivió una explosión de grupos pseudo_anglosajones amparados por 'la crítica', pero con un handicap gigante: la gente que formaba estos nuevos grupos no eran ni gringos ni británicos. Un montón hombres caucásicos de mediana edad empuñaron instrumentos del siglo pasado para perpetuar el estilo musical que crearon sus padres. Gente como Vetusta Morla, Dorian y ese número absurdo de grupos que aspiran a ser británicos pero son incapaces de conseguirlo.

Eso crea un gran complejo de inferioridad en el #indie_español. Constantemente intenta entrar a un mundo que por definición le excluye. La música anglosajona fue creada dentro y para una mentalidad anglo-protestante que aquí no tenemos.

No obstante, sí consiguieron expandir sus criterios musicales gracias a sus 'revistas especializadas', y eso dejó huérfanos musicalmente a los españoles.

Pero no temáis, el reggaetón de la nueva década ha venido a salvarnos a todos.

(Obviamente, no te tiene por qué gustar. Es realmente aburrido cuando a todos nos gusta lo mismo así que si después de leer este artículo el ragatanga te sigue pareciendo infumable, no temas, está bien. Pero lo que sí me voy a esforzar en contar es por qué es un género relevante e importante hoy en día.)

Creo que a distintos niveles, vivimos en una época en la que un montón de productores y músicos están cuestionando y jugando con los parámetros del reggaetón, manipulando hasta distintos puntos su tresillo característico pero en todos los casos, manteniendo su esencia de música de antro, música para ser bailada y disfrutada en grupo. Pero lo más importante es que está suponiendo una 'ruptura' con el modelo anglo-céntrico de interpretación y producción cultural.

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En la forma más ligera y bailable, gente como Fuego está hispanizando y retocando éxitos gringos, que pasan del trap a recuperar "Hotline Bling", una canción hispana desde el minuto uno, apropiada por Drake. J Balvin y Farruko aparecen en hits de Major Lazer o J Biebz para devolverle la influencia latina a los singles con ritmo ragatanga y voz de gente anglosajona.

Pero de forma más profunda, gente en España como La Mafia del Amor (aquí incluyo afiliados y afluentes como Fernandito KitKat, El Mini, Ms Nina y Tomasa del Real) o Dellafuente están añadiendo ritmos e influencias al perreo; ampliando su espectro hasta abarcar estrofas en árabe o cercanas al flamenco.

En México la crü de NAAFI y sus afiliados por toda Hispanoamérica o la gente de Salviatek en Uruguay están mezclando la electrónica de antro anglosajón con los éxitos de reggaetón conocidos por todo el hemisferio. Los compilados "Pirata" que saca NAAFI son un ejemplo perfecto, donde deshacen y reconstruyen éxitos de Plan B, Tinashe, Beyoncé, Ciara o Ñengo Flow. Crean una música de antro siguiente_nivel, donde reconoces de forma inconfundible la letra de "Fanática Sensual" de Plan B pero la ponen al ritmo de una producción de Drippin', un pavo noruego que lo mismo remixea a Lotic que produce a Sicko Mobb.

También en México está la gente de Éxtasis Records, la disquera del regiomontano Zutzut, que, junto con alguien como Mexican Jihad, (afiliado de NAAFI) llevan esta música a un plano político. Pero no "político" en el sentido 'canción protesta', que es una forma primitiva y perezosa de mezclar la política con música, sino abogando por la "re-construcción del poder y de la cultura". Moviendo el foco del mundo anglosajón a, como dice el eslogan de NAAFI, "ritmos periféricos". No es la imposición dogmática del cantautor con guitarrilla sino un cuestionamiento experimental diseñado para ser bailado.

Por eso considero realmente relevante y emocionante el reciente auge de todos los ritmos asociados al reggaetón, porque suponen por primera vez en décadas una ruptura respecto al producto cultural caucásico-protestante, a favor de una visión más compleja, rica y variada de la música contemporánea.

Nicolás Prados escribe en YoungVibez