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Arqueólogos en Argentina descubrieron lo que podría ser un escondite nazi

Sus paredes son de 3 metros de ancho y tiene una torre de vigilancia; además encontraron cinco monedas alemanas fechadas entre 1938 y 1941 y fragmentos de un plato hecho en Alemania.

El fin de semana pasado, el periódico Clarín reportó que arqueólogos de la Universidad de Buenos Aires habían descubierto lo que podrían ser los restos de un escondite nazi construido como un refugio para los líderes que huyeron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El sitio, en el Parque provincial Teyú Cuaré, justo en la frontera con Paraguay, ha estado asociado con mitos nazis durante muchos años. Hace varios años, los locales pusieron un letrero que decía que las pocas piedras por encima del suelo habían pertenecido a la casa de Martin Bormann, el brazo derecho de Hitler. Pero no había pruebas de estos siniestros lazos hasta que los arqueólogos descubrieron el compuesto entero, que contenía cinco monedas alemanas fechadas entre 1938 y 1941 y fragmentos de un plato hecho en Alemania.

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La gente sabe de la presencia nazi en Argentina posterior a la guerra. El país, bajo el régimen de Juan Perón, hospedó a refugiados nazi hasta 1955 y amparó a líderes como Adolf Eichmann y Joseph Mengele durante los sesenta y setenta. (No obstante, es casi seguro que Bormann murió en Berlín en 1945, lo que hace de la leyenda local algo dudoso). Según archivos de la migración nazi a Sudamérica desclasificados en Chile y Brasil en 2012, al menos 5,000 nazis llegaron a Argentina. Pero la mayoría de ellos vivieron en grandes ranchos o ciudades, sin la necesidad de tener que esconderse en refugios.

Esto hace que el nuevo búnker sea un encuentro novedoso tanto por su condición de aislamiento como por ser una fortaleza (sus paredes son de 3 metros de ancho y tiene una torre de vigilancia), lo que sugiere que, antes de que los nazis supieran si tenían partidarios en la región, ya estaban planeando fugas clandestinas a la selva.

Sin embargo, algunos críticos han dudado de etiquetar al sitio como un búnker nazi. Ellos señalan que en ese tiempo sólo un 7 por ciento de la población de Misiones era alemana. Pudo haber sido que algunos comerciantes alemanes o subsecuentes guías de turistas que intentaron aprovecharse de la leyenda de Bormann hubieran plantado monedas de la era nazi en el sitio. Originalmente el sitio pudo haber sido algo como un refugio jesuita o una finca fallida.

Ansiosos por saber más de esta extraña ruta de escape en la jungla, VICE se encontró con Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires y arqueólogo líder en la excavación que descubrió el escondite (y el primero en admitir que ésta es sólo una clasificación preliminar del sitio y que se necesita mayor indagación). Nos contó de la completa soledad y hostilidad del sitio, del posible origen de la leyenda de Bormann y de la reticencia argentina para aceptar que el país ayudó a los nazis.

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VICE: Cuéntanos del escondite nazi. ¿Qué tan grande es?
Daniel Schávelzon: No es un edificio que proteja de bombas o cosas por el estilo. Es un lugar de soledad. Está compuesto de tres edificios a media selva. Nadie podía ver los edificios desde el río. Todo está cubierto por vegetación. Un edificio es una casa normal, pero está rodeada de una enorme pared. Otro es como una granja o granero. El tercero está en la cima de la colina, tiene una torre de vigilancia en la base de la colina y enormes ventanas sin vidrios para poder ver los alrededores.

No habría hospedado a más de dos familias o a un grupo de seis a ocho hombres. Sólo tiene un baño, una cocina y dos cuartos: una sala común y una terraza.

¿Alguien habría podido sobrevivir allí?
Las condiciones en el lugar son bastante extremas. No es un buen lugar para vivir. Pensé que estaba planeado como refugio [para los nazis porque] en 1945 no había nadie allí. No había ciudades al rededor. En verdad era un lugar solitario. No era un buen lugar para quedarse.

No es un buen lugar para la agricultura. Es imposible crecer algo aquí. Es la selva. Tal vez podrías cazar algunos animales. Bueno, es un buen lugar para pescado. Estás a dos minutos del río.

¿Qué tan aislado está el escondite? ¿Qué tan lejos está la ciudad más cercana?
Se puede llegar a la ciudad más cercana por río y nadie sabría de dónde viniste. Imagina: en 1945, Misiones era el fin del mundo. Hoy en día la ciudad más cercana está a 60 kilómetros de distancia, pero ésta no existía en 1945. Es una ciudad nueva. Antes sólo había algunos caminos para caballos o para caminar.

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¿Cómo le hicieron los nazis para construir algo a la mitad de la selva?
Pensamos que fue construido antes de que la guerra terminara, probablemente durante el '43 o '44. Creo que no fue difícil que un par de alemanes dirigieran la construcción, la cual hicieron los locales con recursos locales. Como dice la literatura de los historiadores, aquí había tantos espías y gente trabajando para los alemanes como en otros países. No creo que fuera difícil que un par de ingenieros vinieran a Misiones a edificarlo. Era un lugar aislado y la gente probablemente estaba agradecida de tener un trabajo.

¿Cómo encontraron el sitio si es que está en una parte tan remota?
Hoy en día el sitio es un parque provincial abierto al público. Vive gente en toda el área. Existe un camino a unos pocos kilómetros y hay coches y todo eso.

Una de las casas fue descubierta cuando el parque abrió a finales de los ochenta. La gente encontró piedras y dijo: "OK, es una casa". Había una leyenda de que ésta era la casa de Martin Bormann, el secretario de Hitler. Ésta probablemente surgió de que hubiera varios cazadores de nazis estadounidenses y europeos en Brasil, Paraguay y Argentina buscando a Mengele y otros. Estos cazadores hablaban de Bormann. La casa no tenía explicación; eran edificios de piedra en medio de la nada. Así que la gente asoció las dos cosas que sabía: extraños edificios con un hombre buscado; entonces podían decir: "¡Ésta es la casa de Bormann!" Había un letrero que hizo la gente que controlaba el parque hace cinco años que decía eso. Pero nadie lo había estudiado en los últimos 30 años. Hay demasiado trabajo que hacer en todo el país.

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¿Entonces cómo fue que decidiste venir a ver los edificios?
Esto está completamente fuera de mi línea de trabajo. Soy un arqueólogo urbano que trabaja en ciudades bastante lejanas al sitio. Pero tenía curiosidad de por qué nadie había excavado allí y por qué no había explicación alguna.

Ya no soy tan joven. Tengo 64 años y he hecho arqueología durante los últimos 40. Creo que es hora de que haga lo que quiero hacer y no lo que la institución me dice que haga [risas]. Y éste era uno de los proyectos que tuve en mente durante años. Así que mi grupo dijo: "OK, es hora de empezarlo. Puede ser interesante". Y fue mucho más interesante de lo que esperábamos.

Somos pocas personas. No tenemos dinero ni recursos. Todo sale de nuestros bolsillos y estamos intentando hacer lo mejor que podemos.

Encontramos artefactos [nazi], pero ninguno tenía que ver con Bormann.

¿Qué pensaste cuando te diste cuenta de lo que era el sitio? ¿Cuán importante crees que sea para la arqueología argentina que descubrieras, no un rancho nazi, sino un fuerte escondido?
Tenía mucho miedo porque no estaba acostumbrado [a trabajar en un sitio tan reciente] y porque vengo de una familia judía. Esas cosas junto con la condición del lugar… bueno, fue muy interesante. Fue toda una experiencia.

No puedo decir qué tan importante es hoy en día. Creo que para algunas personas es muy importante y para otras es algo que podemos volver a enterrar [risas]. Recuerda que nosotros [los argentinos] protegimos a los nazis durante el gobierno de Perón. Creo que muchas personas del gobierno y de otros lados no quieren hablar de Perón y los nazis. Para mí es historia y no política. Pero no sé.

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