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Medellín y el fantasma de las “casas de pique”

La disputa por la supuesta existencia de estos lugares parece haber desviado la atención del problema del descuartizamiento como mecanismo de terror.
16.10.15

El 27 de julio de 2010, el entonces alcalde de Medellín, Alonso Salazar Jaramillo, tomó un mazo de hierro y lanzó el primer golpe para demoler una construcción que había tomado aires de leyenda en el barrio San José la Cima, en el oriente de la ciudad. Varios túneles hechizos servían como ruta de escape y unían cuatro viviendas con la misma edificación. Según los vecinos, desde finales de los años 90, uno de los combos de la zona expulsó a quienes la habitaban para convertirla en su guarida.

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Se dice en el barrio que, a veces, se escuchaban gritos que trataban de camuflarse con música, que la casa se usaba para vender drogas, cometer violaciones, planear crímenes y torturar enemigos. Que luego de que las autoridades la compraron a sus verdaderos propietarios para demolerla, varias personas llegaron hasta la montaña de escombros y recogieron tierra para hacer maleficios.

Le decían "la 320", nadie parece saber por qué, pero todavía algunos cuentan que vieron entrar personas que nunca salieron. Que los "muchachos" descuartizaban adentro a sus víctimas y luego sacaban sus restos en bolsas o en costales para abandonarlos en otro lugar. Por lo que, se presume, ocurría en el sitio, las propias autoridades le dieron el nombre de la "casa del terror".

"Dicen que allí hubo muchos atropellos a los derechos humanos y encontraron cadáveres descuartizados, ese ese el vox populi. La situación en esa época era bastante complicada, teníamos cuatro bandas que se enfrentaban entre ellas mismas y la población estaba atemorizada sin saber para dónde coger. Le 'pedimos cacao' al municipio, vinieron a ver la situación, hicieron trabajo con los muchachos y decidieron tumbar la casa", cuenta Margarita*, una líder comunitaria.

Hoy los escombros de la casa están cubiertos por basura y maleza pese a que, antes de que una cuadrilla de obreros terminara de tumbarla, la administración se comprometió a construir en ese lugar un parque infantil o una guardería para los niños del barrio. De esa forma, dijo Salazar en su primera visita al lugar, en febrero de 2010, la "casa del terror" se convertiría en un "monumento a la vida".

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Y es que después de cuatro años de que los "muchachos" fueran expulsados, la casa demolida y aún sin rastro del "monumento" que prometió la Alcaldía, las historias sobre lo que allí ocurrió siguen rondando esas calles empinadas que hoy están bajo el dominio del combo de San Pablo, el que ganó la guerra y logró apoderarse del territorio que antes se disputaba con otros tres.

La "casa del terror" tenía varias salidas, una de ellas conectaba con varias escalas que, según algunos vecinos, eran utilizadas como rutas de escape. Foto Samuel Tabares Adarve.

"A mi hija una compañera le contó que el papá estaba desaparecido. Después de que metieron a la cárcel a varios de los muchachos que manejaban esto, dos de ellos confesaron que a ese señor lo habían descuartizado y lo habían metido en una caneca con cemento que después botaron por allá arriba. Como que ellos le debían una plata, le dijeron que viniera a cobrarla y aquí mismo lo mataron", cuenta Claudia*, una vecina que vive a unos pocos metros del lote que antes ocupaba la "casa del terror".

Ella misma es víctima del drama que se vivió en su barrio y que hoy se ha diezmado por cuenta, según dicen en la zona, de que ya es un solo grupo y no varios el que maneja el tráfico de drogas y las vacunas. "Mi esposo fue el que construyó eso para las hermanas. Cuando vinieron a sacarlas, él puso la denuncia en la Fiscalía y como que ellos tenían gente allá porque a los días vinieron y lo mataron".

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Después de ese crimen, salió desplazada junto a sus hijos, se fue a otro barrio y trató de empezar de nuevo. Sin embargo, se cansó de pagar arriendo y regresó. Recuerda que tiempo después, y con frecuencia, varios hombres se trepaban a su terraza y la usaban como plataforma para disparar contra la casa tomada por el combo enemigo. "Claro que me daba miedo, pero yo creo que nos fuimos acostumbrando a todo eso".

Descuartizar para sembrar terror

La "casa del terror" de San José la Cima no es la única que está en la memoria de la violencia urbana que ha enfrentado Medellín en la últimas décadas. Otro de los casos emblemáticos fue el de la llamada cabaña de "El Viejo" en el barrio Sol de Oriente, comuna 8.

Ese hombre, cuyo nombre real es Julio Perdomo, había hecho el tránsito de integrante del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas a líder comunitario. Antes de que fuera capturado en 2010 por ser una de las personas al frente de varios combos de esa zona de la ciudad, estableció un supuesto proyecto productivo para el cual contó con recursos públicos, por cuenta de su desmovilización.

En la cabaña de "El Viejo", de acuerdo con versiones de la comunidad que más tarde fueron ratificadas por las autoridades, se cometieron asesinatos, torturas y, como en San José la Cima, descuartizamientos.

Era, en todo caso, una más de las "casas del terror" del paramilitarismo que parecieron extenderse por Medellín y el Valle de Aburrá luego de la consolidación del Bloque Cacique Nutibara que comandaba Diego Fernando Murillo Bejarano, alias "Don Berna".

El tema, sin embargo, ha sido una constante. La ONG Corpades ha insistido en que la práctica del descuartizamiento y la desaparición forzada podría tener relación con la reducción histórica de homicidios que ha experimentado Medellín en los últimos meses. Incluso, en una denuncia publicada a principios de 2015, esa organización aseguró que en la ciudad "se sigue torturando, matando y picando a la gente en casas acondicionadas para esta práctica".

Hace una semana, luego de una declaración del vocero de otra organización, el Centro de Consultoría en Conflicto Urbano (C3), el asunto volvió a reactivarse ahora con el nombre de "casas de pique", prestado del caso de Buenaventura donde fueron halladas varias casas destinadas al descuartizamiento.

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Sin presentar los datos de su investigación o un informe para soportar su denuncia, Luis Guillermo Pardo, presidente del C3, quien además integra la jefatura de debate de un candidato a la Gobernación de Antioquia, aseguró que solo en el centro de Medellín existen 15 "casas de pique".

A eso se suma que, citando información de Medicina Legal, varios medios aseguraron que en lo corrido del año 24 personas han sido descuartizadas en la ciudad. La cifra surgió de una declaración de Carlos Valdés, director de la entidad, quien afirmó que ese ese el número de "casos de desmembramiento" cuantificados en Medellín.

Las autoridades locales aclararon que cuando Medicina Legal se refiere a "casos" habla de los hallazgos de partes humanas en lugares diferentes aun cuando se trate de una misma víctima. Aseguraron, por tanto, que durante 2015 son siete las personas que han sido descuartizadas en Medellín y nueve si se consideran los casos registrados en otros municipios del área metropolitana.

El caso llegó incluso hasta el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien durante una visita a la ciudad dijo haberle dado instrucciones a la Policía "para tratar de prevenir las últimas y escabrosas noticias de que, sobre cuerpos de víctimas asesinadas, se está haciendo un exceso de terror y de inexplicable crueldad de desmembración, independientemente de las causas y de que si aquí hay o no casas de pique".

Antes, el tema pasó por las autoridades locales y fue Luis Fernando Suárez, vicealcalde de Gobernabilidad y Seguridad de Medellín, quien se refirió al tema: "Personas desmembradas, sí, claro que las hay. También hay un sitio donde los están desmembrando. Y eso tiene que ver con una confrontación. Entendemos que cuando se asesina una persona y se descuartiza se está mandando un mensaje a la sociedad y, además, se está mandando un mensaje a los integrantes de esas estructuras criminales", dijo el funcionario a RCN Radio y La Fm.

En el fondo, y más allá de la cantidad de víctimas y la existencia o no de lugares destinados como "casas de pique" en la ciudad, lo cierto es que el descuartizamiento sigue siendo un fenómeno criminal que no desapareció con la reconversión de las estructuras del paramilitarismo y que, por el contrario, puede haberse convertido en la expresión de una guerra vigente, aunque a veces soterrada.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de las fuentes.