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Tal vez pueda parecer excesivamente dramático esto, pero cinco meses después del 9/11 y para alguien que acababa de comenzar la universidad, durante un tiempo uno tuvo la impresión de que las cosas realmente parecían estar cambiando. Todavía no era posible determinar con precisión hacia qué dirección nos dirigíamos. Sí, es cierto, el mundo no se acabó en el 2000. No nos llegó el apocalipsis ni nada parecido. Pero dos años después, todo parecía más incierto que nunca. De repente se creó un clima de tensión post-milenario.Es en este contexto que la música de Boards Of Canada comenzó a tener sentido para mí. Para un adolescente en 1998, el concepto de nostalgia a través de la música electrónica –o la evocación de un pasado más inocente– no había sido del todo convincente. Sin embargo, tras el clima político que hubo en el 2002 por el 9/11, Geogaddi se presentó como una resultante de esa pseudo-utopía que duró casi una década tras la guerra fría, y cuyos delirios ahora eran obvios. Los ataques terroristas ciertamente ridiculizaron la hipótesis de "El fin de la historia" de Francis Fukuyama.
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