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Cultură

La belleza y ambigüedad moral de la tauromaquia

Es posible odiar las corridas de toros y tener una mascota, como también es posible amar a los animales y disfrutar una corrida.
10.2.15

Todas las fotos son cortesía del autor.

La primera vez que un toro pasó corriendo a su lado, Wena Poon me dijo, "la arena se alzó como pequeños pedazos de oro golpeando mis botas de piel. Y es como pssshhh, mágico, y ves su cuerpo brillante deslizarse a tu lado. Me perdí tanto en la belleza del sonido que me tuvieron que gritar que me hiciera a un lado antes de que el toro volviera a embestir".

"Tienen pies sorprendentemente suaves y delicados", añadió Coleman Cooney. "Sentir a un animal que pasa a tu lado de esa forma es una sensación increíble. Y cuando vuelves a casa, es como si hubieras estado en la luna porque no tiene sentido contarle a nadie. Nadie lo entendería".

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Los tres estábamos practicando toreo de salón en el campo de béisbol de una secundaria en Alpine, California. Cooney, fundador de la Academia de Tauromaquia de California, estaba toreando con su pupila, Poon, una novelista de Singapur. Ella lo atraía y ondeaba su capote mientras lo burlaba: "Ha!" Cooney sostuvo la ayuda (espada) como cuernos sobre su cabeza. Se dirigió en cámara lenta hacia la capa magenta que Poon movía con elegancia, siempre fuera de su alcance.

"La técnica básica del torero", explicó Cooney, "se basa en poner una parte de la tela más cerca del animal que de tu cuerpo. Para el animal yo soy una forma y este capote es parte de mí. Ellos van a atacar lo que les quede más cerca ".

Un matador puede haber luchado en cientos de encuentros, pero siempre que un toro entra a la arena, es como la primera vez. La lidia, o secuencia de toreo, sólo funciona si el toro es ingenuo. El matador debe aprender a explotar los instintos animales.

"El toro aprende rápidamente la diferencia entre las herramientas en tus manos y la inteligencia detrás de ellas", apuntó Cooney. Al final de una lidia de unos 15 minutos, el toro ha sido perforado en los hombros por lanzas y banderillas. En ese punto, continuó Cooney, "el 99 por ciento de los toros entienden por completo que tú, el humano con dos piernas, eres el motor de este desastre. Es entonces cuando se vuelven increíblemente peligrosos. No obstante, sus reacciones son tan rápidas que aún cuando se hayan dado cuenta de eso, siguen siendo engañados por la tela. Incluso a veces puedes ver el arrepentimiento en sus expresiones: Ah, lo hice de nuevo. Caí de nuevo".

A lo largo de la lección, el instructor cambiaba sin esfuerzo de la mente del matador a la mente del toro. "Si hubiera realmente algo cruel acerca de la tauromaquia, sería la separación del animal de su rebaño para soltarlo en un área cerrada", dijo. "Eso realmente los espanta. Es por eso que animales que no son bravos irán a la carga: porque tienen miedo. Pero una porción de estos animales son verdaderamente valientes. Lo sientes por la manera en la que atacan. El toro ataca desde una posición de fuerza. Él dice: 'Eres asqueroso. Te odio. Te voy a borrar de la faz de la tierra'".

Los toros modernos son criados para ser bravos. "Ellos atacan desde el nacimiento", mantuvo Cooney. "He sido atacado por un animal aún cubierto con placenta. Ellos pueden caminar casi inmediatamente y su primera reacción ante el peligro es atacar".

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Los toros de pelea también son educados para estar obsesionados con el movimiento. Tanto es así, insistió Cooney, que "de hecho puedes torear sólo con tu mano. Es muy difícil porque es un blanco muy pequeño, pero puedes hacerlo".

Practicamos meciendo el capote toda la tarde, haciendo círculos concéntricos en la tierra, una y otra vez, como si estuviéramos hipnotizados.

"Mi mayor desafío con estudiantes adultos", observó Cooney haciendo una suave crítica, "es que ellos tienden a hacer todo tipo de movimientos extra. La mayoría del trabajo de entrenamiento que realizo es eliminar esos movimientos extraños. Los niños no tienen ese problema. Aún así, con suficiente tiempo y dinero puedo convertir a cualquiera en torero".

La mayoría de los alumnos de Cooney han sido principiantes adinerados. Hubo un hombre que quería matar a un toro durante su luna de miel en Francia. Hubo un CEO que también llevó a entrenar a su secretaria para que pudiera tener siempre a alguien que toreara para él. Hubo un adicto a la adrenalina irlandés que, tras años de entrenamiento, finalmente logró torear profesionalmente en arenas españolas.

Wena Poon es diferente. La novelista fue comisionada para escribir una obra de ficción acerca de una mujer torera y necesitaba entrenar para poder entender mejor a su protagonista. "Siempre tuve estas típicas nociones hipster preconcebidas de la tauromaquia", confesó, "pero es bastante fácil de malinterpretar hasta que te metes en la arena. Si ves una corrida en la tele te preguntas por qué los matadores siempre están escupiendo. Piensas que sólo están intentando verse más machos, pero cuando yo estuve en la arena me di cuenta de que tienen que escupir. La boca se te llena de arena cada vez que el toro pasa".

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"No me di cuenta de que escupías", observó Cooney.

"Escupo muy discretamente", objetó Poon, "porque soy una chica".

La admiración de la novelista llegó de manera inesperada. "La primera vez que fui a una corrida, lloré", admitió. "Le escribí a mi editor: 'Esto es bastante deprimente. No hay nada hermoso en ver a un animal espléndido ser reducido a un cadáver con hoyos'. Pero mi editor insistió en que volviera a ir, y lo hice, y entonces me enganché".

"¿Qué fue lo que cambió?", le pregunté.

"Cuando ves a un hombre ser herido frente a tus ojos y está pálido por toda la sangre que ha perdido, pero continúa para terminar la pelea… Yo estaba sentada justo allí en la primera fila. Pude ver cada emoción pasar por su rostro. Yo crecí en Asia, soy mujer, soy budista y miembro de PETA [Personas por el Trato Ético de los Animales], pero como ser humano pude sentir todo".

Cooney se sorprendió. "¿Eres miembro de PETA?"

"Sólo contribuyo con dinero", contestó Poon.

"¿Así que estás a favor de la exterminación de todas las mascotas domésticas en Estados Unidos?", preguntó Cooney. "Porque esa es su posición oficial".

"Peta es la única organización que realmente hace algo para ayudar a los animales", mantuvo Poon.

"Tengo un primo que fumigó la casa de Ingrid Newkirk [la presidente de PETA] porque había termitas", contó Cooney. "Y es una experta".

"Necesitas cambiar al enemigo desde adentro", dijo Poon. "Necesitas enseñarles que eres racional".

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"¿Cuál es la mejor manera en la que pueden hacer esto los toreros?", pregunté.

"Bueno, primero necesitan admitir que les duele", replicó Poon.

"No", interpuso Cooney. "La ciencia nos dice que los animales de presa tienen un alto contenido de endorfinas en sus cuerpos. Cuando estás viendo televisión y ves a un león comiéndose una cebra, la cebra está en shock. Su cuerpo está lleno de hormonas por el shock".

"No podemos decirlo con certeza", reconoció Poon. "Pero cuando niegas que es cruel, te ven como bárbaro".

"La cocina es cruel", dijo Cooney. "Y a menos de que seas completamente vegano, eres parte de la cocina. Y me alegro de que lo seas, porque eso hace a la vida humana más rica".

"Cuando estaba escribiendo la novela", dijo Poon, "yo estaba buscando la fuente del descontento [que rodea a la tauromaquia] en ambos lados del asunto. Pero creo que todos estamos incómodos con nuestro poder sobre los animales. No sabemos cómo lidiar con este poder. Así que decidimos negociar una relación con los animales: cómo son criados, cómo mueren, cómo son comidos. Entras a una tienda de comestibles y siempre hay un constante diálogo acerca de la administración de los animales. Mira todos los diferentes tipos de huevos que puedes comprar: hay huevos con una distancia garantizada de 45.7 metros cuadrados por animal…"

"Pero no es sincero", aseveró Cooney. "Es algo falso. Es algo para hacerte sentir bien. La gente de tu organización sinceramente cree que tiene una capacidad de compasión extra y que la gente como yo tiene alguna especie de discapacidad. Yo pienso que, en el nivel más básico, ellos simplemente no quieren que nos divirtamos".

"Yo tengo un caballo y me preocupo por él como si fuera mi hija", ofreció Poon. "Y amaría estar en una cacería de zorros. Pienso que sería un evento comunitario bastante divertido. Pero también me gustaría que el zorro se escapara. Creo que debemos estar cómodos con la ambigüedad moral, pero muchas personas no lo están".

"Tal vez no te gusten las corridas", concluyó Cooney. "Puedes encontrarla aborrecible o realmente inquietante, pero lo que no puedes hacer es descartarla. No puedes descartar su belleza sobrenatural. No puedes descartar su poder".

La discusión divagaba mientras el sol se ponía y nuestras sombras se alargaban. El capote y la muleta yacían descuidadas, recargadas en una valla encadenada. La práctica había acabado demasiado pronto. Caminamos juntos de regreso al estacionamiento y nos separamos. Me despedí de Poon y luego de Cooney, dándome cuenta de que aún no había visto los ojos del torero. El instructor prefiere mantener un perfil bajo detrás de un permanente par de gafas oscuras y de un gorro de esquí. Tal vez sospecha que hay activistas de los derechos de los animales que amarían tener la oportunidad de hacerle lo que él les hace a los toros.

Mira aquí nuestro documental de sobre los jóvenes matadores.