Hace un par de meses que se anunciaron las nominaciones a los Grammys Latinos. Entre todos los habituales y categorías algo voladas -¿mejor álbum cristiano?- nos sorprendió la aparición de uno de nuestros artistas favoritos: El Guincho estaba nominado al mejor videoclip por "Comix", probablemente la canción que más haya sonado en nuestra cabeza este 2016 ("Aunque sea sin pastillas yo quiero ir a bailar" ha sido nuestro mantra cada semana desde que la escuchamos el pasado enero). Desde enero apretando ahí arriba para que se lleve el Grammy Latino.
Publicidad
Imaginaba lo que nos encontraríamos pero no su efecto. Nuestras expectativas reparaban en lo estético y en lo extremo pero no en lo que podría significar en lo psíquico. Pablo me dice que es el sitio más extremo en el que ha estado. El New York, New York Hotel y el Casino son una misma cosa 24/7, el humo y la luz tenue son una constante, el alcohol es gratis para los jugadores y todos somos jugadores. Las cosas no suceden al ritmo al que estamos acostumbrados, en diez minutos me han ofrecido droga y ha intentado seducirme una "Ginger", no era pelirroja, de manual. En los ascensores que llevan a las habitaciones suben auténticos freaks envalentonados por la victoria de Donald Trump, que ha significado un "Here we go" para un perfil de norteamericano tan concreto como extendido, que me incomoda mucho. A nuestra derecha, un señor mayor muy parecido a Hyman Roth se sostiene en pie llevando una silla de ruedas vacía a modo de andador, también es asistido por una sonda que le ayuda a respirar aportándole un tono más tétrico y penoso. A nuestra izquierda, un tipo gigantesco le dice al viejo "Did you forgot somebody" cayendo a posteriori en una jodida carcajada: "Curb Your Enthusiasm". No encontramos nuestra habitación -hay 150 por planta- pero por suerte una mujer madura con brandy y cigarrillo en mano nos ayuda con un "follow me". Existe una especie de sentimiento de comunidad en Las Vegas, un "estamos aquí todos por lo mismo y no nos vamos a juzgar". Los pasillos huelen a dinero y solo cuando entras en la habitación esa sensación se desvanece. Ya no estás al filo de la locura, ya no dejarías toda tu vida atrás por una prostituta y parece más débil la idea de ganar un millón de dólares y pedir el champagne más caro. Ahora bien, la habitación también resulta un espejismo. Lo bonito y lo jodido de Las Vegas es precisamente eso, que todo parece una mentira pero nadie nunca esperó que fuera diferente.
Nos despertamos a las 4:00, no podemos dormir más, en Barcelona son las 13:00h y eso tiene mucho que ver. Intentamos desayunar a las 5 de la mañana y sé que lo conseguiremos, "we are in Vegas". Hoy es el día en que se rinde homenaje a Marc Anthony como "Person of the Year" y recibimos nuestra medalla de nominados. Tras una intensa jornada de entrevistas, nos metemos a comer en un vietnamita. Un consejo muy útil, cuando en la costa Oeste les pregunten por el grado de picante entre 1 y 10, muchos no estarán preparados para el 7. La gente que tomó en su día el 10 eran norteamericanos estúpidos que acabaron en un cuadro dentro del restaurante, probablemente minutos antes de ser trasladados al hospital a la espera de certificar la hora de su defunción. No sé si es por el exceso de picante, -creo que no porque esto es algo que constatamos varias veces durante el viaje- pero en Las Vegas el tiempo pasa muy lento así que unas cien horas más tarde nos dirigimos al MGM hotel para recibir nuestras medallas y homenajear a Marc Anthony. Vamos a cruzar la alfombra roja por primera vez. Hemos llegado a la conclusión de que no sabemos sonreír en frío como hace el resto de asistentes. Estamos a punto de enfrentarnos por primera vez a los fotógrafos, diversos titanes del mundo del espectáculo y del entretenimiento posan con una sonrisa de boca a oreja, con dientes muy blancos, con pómulos perfectos, con una felicidad que asusta. Nunca había experimentado tantos flashes en mi cara. Soy incapaz de replicar una sonrisa tan perfecta y no me gusta hacer las cosas mal así que creo que salgo serio en cada una de las fotos que nos hicieron. "¡Guincho!, aquí por favor", "¡sonrían!", "¡a su derecha", ¡"a su izquierda!". Pasamos a una cena para 1400 personas con actuaciones de estrellas que le cantan a Marc, solo puedo decir tres cosas al respecto: Laura Pausini impresiona mucho por histriónica que pueda parecerme, Carlos Vives es una presencia onírica y muy potente encima de un escenario y Marc Anthony supo surfear como una estrella la ola que sus colegas le habían preparado.
Llegó el día de la fuckin´verdad, el día de la gala, el día en el que sabemos si El Guincho y CANADA ganan su primer Latin Grammy. Cada hora que pasa estamos más nerviosos. Tardamos mucho en vestirnos y ponemos