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Salud Mental

Varios psicólogos nos cuentan cómo nos comportaremos después de la cuarentena

Durantes estos 50 días de cuarentena nuestra salud mental se ha visto retada y ahora debemos adaptarnos a esta segunda realidad.
01 Mayo 2020, 4:00am

El pasado martes el Gobierno anunciaba el plan de desescalada, diferente al de Italia y Francia -claro que sí, porque Spain is different- y aunque con esta nueva información podremos seguir vaticinando con datos, audios, estadísticas, infografías y tesis doctorales -normalmente de fuentes no oficiales y compartidos por Whatsapp-, esta nueva nueva situación también nos generará miedo, incertidumbre y en consecuencia, ansiedad.

Por eso hablé con tres profesionales de la psicología para que nos den su opinión acerca de qué tipo de comportamientos podremos llegar a desarrollar al salir del confinamiento, aunque nos dejan claro que esto no deja de ser su propia opinión, ya que no hay base científica para predecir ni afirmar nada en términos generales.



Desde el señalado 14 de marzo se ha pecado de utilizar en exceso la palabra aislamiento, sobre todo porque vivimos las cosas como las definimos a través del lenguaje. "Esta circunstancia no es aislante en realidad, es un aislamiento parcial porque gracias a las herramientas que tenemos al alcance realmente estamos conectados a nivel emocional” me dice Kike Esnaola, Psicólogo Máster en Psicología General Sanitaria y Orientación Educativa. Si bien es cierto que esta situación no es natural, el aislamiento que sufrimos es físico y colectivo, porque si algo nos ha unido en esta crisis es nuestra propia vulnerabilidad; y este efecto igualador hace que los miedos se vayan reduciendo ante este sentimiento de colectivo, al no sentir que te pasa sólo a ti.

Desde el comienzo se nos incentivó a crear rutinas, instaurar otros hábitos y probar cosas nuevas para cuidar nuestra salud mental, pero sobre todo, a estar en contacto con nuestro entorno cercano. “En mi opinión, los riesgos psicológicos que más me preocupan de estar aislados físicamente, sobre todo en personas que se han encontrado totalmente aisladas durante el confinamiento, son los síntomas depresivos, así como los miedos y las posibles fobias a lugares abiertos y con gran concurrencia de personas”, me dice Susana, Psicóloga General Sanitaria y Máster en Terapia de familia y de pareja.

"Gracias a las herramientas que tenemos al alcance, realmente estamos conectados a nivel emocional"

En lo que para prácticamente la totalidad de la población ésta era una situación difícil de manejar, había alguien que ya había pasado por esto: Romain Charles, de la Agencia Espacial Europea, estuvo encerrado junto con otros 5 compañeros durante 520 días en una réplica de la estación espacial que simulaba la primera misión tripulada a Marte. Charles, en todas sus entrevistas y charlas coincide con nuestros expertos en que es normal sentir irritabilidad, depresión, claustrofobia, cansancio mental, … síntomas que se asocian al concepto de cabin fever -ligado a personas que están en el espacio, submarinos o estaciones polares- provocados por vivir en ese estado de aislamiento y que podrían llevar a las personas a actuar de manera irracional pudiendo llegar al suicidio.

La Fundación Española para la Prevención del Suicidio alertó que un confinamiento prolongado puede aumentar el riesgo de suicidio, denunciando que no se están teniendo en cuenta las posibles consecuencias a largo plazo y que se debería de estar atendiendo más a los temas que afectan a la salud mental. “Cualquier persona puede tener ideación suicida y esto tenemos que integrarlo y debemos tener menos tabús. Este comportamiento responde a un malestar muy intenso y de desesperanza, pero es mucho más complejo que todo esto. Además debemos diferenciar entre las ideaciones suicidas y las conductas suicidas" , me cuenta Kike, que estuvo trabajando en investigación sobre conducta suicida en Hospital Sant Joan de Deu.

Lejos de ser alarmistas, debemos entender las circunstancias individuales de cada persona y que aquellas más proclives son las que ya padecían algún tipo de patología o pertenecen a una población de riesgo. El aislamiento social no es positivo para la salud mental y es normal que experimentemos algún tipo de ansiedad estos días debido a la incertidumbre, pero me aclaran que debemos entender la ansiedad como una emoción necesaria, que puede o no ser patológica.

“La situación que estamos viviendo nos ha sido impuesta por lo que solo por ello puede tener un impacto psicológico en la población”, me confirma Susana, pero esto difiere mucho de hablar de una gran oleada de trastornos mentales que sufriremos tras esta crisis como han hecho artículos sensacionalistas con poco tacto y con mucho clickbait que solo induce al miedo y a una preocupación excesiva. “Hablar solo de trastornos mentales es medicalizar el malestar. Lo que tendremos sobre todo, será una oleada de dificultades socioeconómicas, no de trastornos mentales. Tendremos reacciones emocionales duras completamente ajustadas a una realidad complicada” me dice Kike adoptando un tono más serio.

“Lo probable o lo que se espera es que la gente actúe más compulsivamente"

Estamos a pocos días de poder salir y el pasado domingo gracias a los menores de 14 años y sus progenitores, pudimos vivir la antesala de lo que será esa breve prelibertad soñada. El joven psicólogo vasco no se sorprendió con lo sucedido: “Es evidente que vivimos en una cultura individualista y centrada en las necesidades personales y se dejó en evidencia. A mí lo que me sorprende es que la gente se llevara las manos a la cabeza cuando era algo bastante predecible en la sociedad que hemos construido”. Pero tanto él desde su punto de vista personal y yo como odiante y amante de la raza humana a partes iguales, os invitamos reflexionar que no generalicemos ya que eso es lo que nos contaron a través de medios y redes y no lo que vimos.

La cuestión es que en unas semanas una mayor cantidad de gente saldremos a experimentar lo mismo y me pregunto: ¿Cómo vamos a reaccionar? ¿Primará la prudencia o nos dejaremos llevar por la exaltación? ¿Seguiremos pensando en el resto o fluiremos irracionalmente? La respuesta es más sencilla de lo que parece y es que somos seres humanos, por lo que basta que nos prohiban y repriman algo durante mucho tiempo para que el cuerpo nos lo pida con ansia.

“Lo probable o lo que se espera es que la gente actúe más compulsivamente porque se lo han prohibido. A nivel cerebral cuando nos impiden algo, en el momento en el que podemos hacerlo, tendemos a tener una obsesión con ello. Por ejemplo, la gente que va a dejar de ir a los bares o va a tener unas ciertas reticencias será una minoría comparada con la gente que irá compulsivamente”, nos afirma Juan Uriarte, Psicólogo Máster en Psicología General Sanitaria. Pero a pesar de estas ganas de saltarnos las normas con un abrazo, también hay miedo y esto se deberá a la propia huella emocional que nos dejará todo esto que estamos viviendo.

Los tres me comentan que estos no serán los únicos comportamientos irracionales y compulsivos derivados de la situación de incertidumbre y que deberían remitir a largo plazo una vez no exista posibilidad de contagio, aunque Susana nos advierte de que “la mente nos mantiene en alerta y va por detrás de las explicaciones racionales que nos podamos dar. Sería muy normal que se desarrollaran obsesiones en relación a la limpieza por ejemplo”.

“Debemos tener en cuenta que el mero hecho de salir a la calle ya supondrá un factor que puede generar ansiedad"

Juan Uriarte coincide con ella respecto al desarrollo de este tipo de comportamientos: “Debemos tener en cuenta que el mero hecho de salir a la calle ya supondrá un factor que puede generar ansiedad y tener que adaptarse a esta nueva situación derivará en estrés. Las personas hipocondríacas podrán llegar a creer que pueden enfermar por estar a corta distancia de las personas y habrá quien pueda generar algún tipo de TOC, por ejemplo lavándose las manos compulsivamente"

Juan trabaja en el campo de los trastornos de la conducta alimentaria y nos habla de cómo podría afectar esto en el plano nutricional. “Esta situación, al afectar a nivel emocional el tipo de patología que más se podría disparar y en el que podría derivar es el hambre emocional, lo que se conoce como ingesta compulsiva”.

En el plano de lo sexual me preguntaba si por fin habrá más conciencia sobre el contagio de enfermedades sexuales en una época en la que está integrado acostarse con gente desconocida. Susana es clara con su respuesta: “Ahora tenemos más presente la enfermedad porque estamos inundados de información al respecto, pero existen muchas enfermedades contagiosas que no las tenemos presentes. Pero, ¿si antes no tenías miedo a contagiarte de una enfermedad, por ejemplo, de transmisión sexual, por qué lo ibas a tener ahora?”.

El cómo nos enfrentamos a estos miedos y a esta nueva realidad es un enigma. El distanciamiento social, las nuevas normas para estar un poco más controlados de lo que ya estábamos dentro de esta semilibertad; y las posibilidades de repuntes y presencia de nuevos virus y pandemias -gracias a lo mal que lo estamos haciendo con la situación climática-, puede hacer que nos fiemos menos y seamos más distantes. Quién sabe si hasta quizá nos pueda costar más conectar, sentir, e intimar a través de los demás... No lo podemos asegurar, pero lo que está claro es que nuestros comportamientos y emociones irán en paralelo a las propias medidas.

"No sabemos cómo seremos ni sentiremos para entonces pero, según los analistas, no volveremos a ser los mismos y que el mundo tal como lo conocemos, tampoco"

Lo previsible es que seamos más precavidos en un inicio o cuando comiencen los eventos públicos, pero en nuestro círculo privado, si sabemos que no hay riesgo volveremos a estar como siempre y a relacionarnos con nuestro carácter cultural tan marcado. Nos saludamos con dos besos, nos damos la mano y sí, somos muy de abrazarnos y tocarnos y tenemos ganas de todo esto, pero estamos pensando en el cuándo y deberíamos pensar en el cómo.

La comunicación no verbal se verá afectada y tendremos que conformarnos con sentir las sonrisas, intuir las emociones y escuchar las risas detrás de la mascarilla. Puede que saludarnos con los codos sea el new normal y que a estas alturas algunas personas hayamos desarrollado una especie de “Síndrome de Estocolmo” con nuestra casa.

Es tan difícil saber si tendremos miedo de volver a los eventos públicos y grandes acontecimientos en el 2021, que cuando dijimos que “2020 va a ser mi año” nos colamos y debimos usar la tercera persona del plural, porque 2020 nos marcará a todos sin excepción. No sabemos cómo seremos ni sentiremos para entonces pero, según los analistas, no volveremos a ser los mismos y el mundo tal como lo conocemos, tampoco. En cierto modo me alegro, porque la estábamos liando y mucho; y ahora, tenemos la oportunidad de hacerlo al menos un poquito mejor.

No sé si esto nos llevará a un aislamiento voluntario más a menudo, pero cuando hablo con la gente estos días y por lo que veo en las redes, queremos juntarnos con los nuestros y nos da igual dónde, pero al salir nos daremos de bruces contra esta otra realidad a la que no nos quedará otra que adaptarnos. Tan cerca y tan lejos.