Publicidad
Salud

Probé el 'free bleeding' y no fue un desastre total

No usar tampones durante todo un ciclo menstrual cambió mi visión de la regla.

por Aurora Tejeida; traducido por Julia Carbonell Galindo
10 Diciembre 2018, 4:30am

Foto por Jackie Dives 

La primera vez que oí hablar sobre el sangrado libre, cuando la exbaterista de M.I.A Kiran Gandhi corrió una maratón teniendo la regla sin usar ningún producto menstrual, pensé que era una estupenda forma de luchar contra la vergüenza y no dejar que un poco de sangre se interponga en el camino de una carrera. Me hizo sentir mejor sobre aquella vez, a los 13 años, que manché por accidente los pantalones de gimnasia, que es prácticamente lo peor que te puede pasar a esa edad.

También me hizo plantearme la posibilidad de hablar más sobre la regla. Cuando conozco a un tío que está visiblemente incómodo con la idea de la menstruación, por lo general me esfuerzo en hablar sobre la hinchazón o los calambres o sobre los extraños problemas digestivos que conlleva el desprendimiento del útero. Como lesbiana, lo veo como un servicio social importante para mis hermanas heterosexuales. A mí nunca me ha dado asco el periodo de otras personas, ni siquiera durante el sexo, y creo que el mundo sería un lugar mucho más sano si la gente pensara igual que yo.

Así que, conceptualmente, suscribía la idea del sangrado libre para darle una hostia al patriarcado, pero no lo concebía como una opción de estilo de vida a largo plazo. ¿En serio había mujeres que habían renunciado a los tampones, a las copas menstruales, a las compresas y a las bragas menstruales? Yo creía que no, hasta que hace un par de meses empecé a salir con alguien que, en ese momento, había optado por el sangrado libre. Me dejó completamente alucinada.


MIRA:


Desde entonces, he conocido o he oído hablar de otras mujeres que lo hacen por diferentes razones, desde reducir residuos hasta estar más en contacto con su cuerpo. Siendo alguien a quien le cuesta no tenerlo todo controlado, pensé que debería probarlo. No podía ir tan mal, ¿no?

Si echo la vista atrás, no sabría decir a qué tenía más miedo. Supongo que sería un empate entre manchar el sofá y que gente desconocida se diera cuenta de que no estaba comprando ningún producto femenino. El olor me dio más igual, lo cual es extraño, ya que tengo un sentido del olfato muy desarrollado (combinado con un reflejo nauseoso implacable). Además, había visto de primera mano lo sucio (y sí, a veces, maloliente) que podía llegar a ser.

DÍA 1

No nos engañemos: el sangrado libre no es limpio y lo primero que hay que hacer es asumirlo. Me pasé la primera mitad del primer día sentada en una toalla viendo Buffy, cazavampiros. Y no cualquier temporada, la sexta. La que tiene a la Buffy más triste, deprimente y problemática. Un gran consejo que me dieron es que bebiera mucha agua. Esto garantiza visitas más frecuentes al baño, donde puedes comprobar cómo va el sangrado libre. Así que no dejé de beber agua y fui a hacer pis cada 30 o 40 minutos.

Increíblemente, no sangré en las bragas ni una vez el primer día. Además, estaba mucho menos incómoda. Esto seguramente sea entrar en demasiados detalles, pero en eso se basa todo el artículo, así que da igual. Me dan unos calambres horrorosos cuando tengo la regla. Todo me duele, incluso el ano. Si no me tomo un naproxeno muy fuerte antes de que empiecen los calambres, el resto del día no soy persona. En serio, me he tenido que ir del trabajo por eso.

Es raro, pero los calambres fueron mucho más fáciles de sobrellevar durante el sangrado libre. No tengo pruebas científicas que demuestren que el sangrado libre sea la causa, pero estuvo bien no tener que tomarme ningún naproxeno.

Esa tarde había hecho planes con una amiga en un bar para ir a un evento. Esa iba a ser la primera prueba de fuego para intentar no machar de sangre una silla pública. Entonces pensé en qué era lo peor que podía pasar. ¿Un desconocido señalando una mancha de sangre? ¡Qué más da! Estaba extrañamente convencida de que podía con ello. Me puse unos pantalones cortos negros y allí que fui.

Por suerte, el sitio tenía unos taburetes tapizados en cuero negro que me hicieron sentir más segura en el caso de que el truco de beber mucho y mear mucho no funcionara. Me pasé a la cerveza y me aseguré de ir al baño. No tuve ningún problema aparte de manchar un poco las bragas. Por supuesto, mi amiga se dedicó a decirle a todo el mundo que estaba probando el sangrado libre y a nadie le dio asco. Alguien incluso me entró.

Dormir usando esta técnica sí que me preocupaba. Una cosa es lavar la ropa interior y otra muy diferente es tener que cambiar las sábanas o incluso la posibilidad de manchar el colchón de sangre. No voy a mentir: decidí dormir encima de una toalla por si se complicaba la cosa. Para mi sorpresa, no fue así. Y, como extra, no tuve que preocuparme por levantarme a las 5 de la mañana para cambiarme el tampón y evitar el síndrome del shock tóxico. Sí, es algo que me agobia mucho, aunque el riesgo sea bastante bajo.

DÍA 2

El segundo día suele ser en el que más flujo tengo. Intenté llenarme el día de actividades, porque si no, ¿para qué estaba haciendo eso? Hasta ahora he gestionado bien el sangrado libre porque podía ir al baño fácilmente siempre que quería. Decidí ir a clase de yoga, así que, de nuevo, me puse las mallas y fui al gimnasio.

No tardé mucho en darme cuenta de que es imposible no sangrar haciendo planchas. Esta es una de las conclusiones más interesantes. Todas las chicas saben que estornudar y toser hace que sangres cuando tienes la regla, pero ahora podía notar cada vez que esto pasaba.

Cada vez que era capaz de distinguir cuándo estaba sangrando, sentía como una revelación. Sí que me hizo sentirme más unida a mi cuerpo, aunque estaba segura de que estaba manchando las mallas de yoga cuando nos dijeron que hiciéramos el bebé feliz. Que yo notara, a nadie le molestó. No vi ninguna mancha en la esterilla cuando la recogí.

Convencida de que estaba empapada de sangre, no me di prisa en volver a casa después de yoga. Decidí saborear el momento. Paré a comprar pizza de camino a casa. En serio ¿quién era esa persona? Si quieres sentirte liberada, pruébalo un día. Que te la sude todo es lo mejor. Cuando fui a comprobar la masacre en las mallas, vi que no era tanto como pensaba.

Esa misma tarde fui en bici al cine y estuve dos horas sentada viendo la maravillosa Sorry to Bother You. Me cambié de bragas y de pantalones antes de ir, tampoco hay que portarse como una gilipollas. De nuevo, no quería salir del cine cada 30 minutos para hacer pis, así que lo dejé estar. ¡Y fue todo bien! Más o menos, es decir, manché de sangre las bragas y la parte de dentro de mis vaqueros negros (ningún asiento del cine sufrió daños, lo prometo).
Esa noche no puse una toalla para dormir.

DÍA 3

Mi recién descubierta confianza en la regla empezó a desmoronarse cuando me di cuenta de que seguía ahí la mañana siguiente. Era mi primer día en el trabajo nuevo y quería llevar unos pantalones monos, y los únicos vaqueros negros que tenía sin agujeros estaban manchados de sangre. No quería ponerme un tampón, pero tampoco quería llenar de sangre mis elegantes pantalones grises, así que tomé la siguiente mejor opción y me puse un salvaslip.

Es raro, pero ya casi no sangraba el tercer día. Me di cuenta de que podría haberme librado si hubiera seguido bebiendo agua y yendo al baño cada 30 minutos. Empecé a pensar que muchas de las costumbres que tenía cuando estaba con la regla eran más un exceso de control que algo necesario y que tenían mucho más que ver con imaginarme en las peores situaciones posibles que con la cantidad de sangre que mi cuerpo produce en realidad.

Entonces, ¿repetiría? Probablemente no para todo el periodo, pero seguro que no vuelvo a dormir con un tampón, solo con un salvaslip. Y antes de que me preguntéis por qué no uso una copa menstrual, ya lo he intentado, pero no fui capaz. Me dolía demasiado introducirla.

Sin duda alguna me pondré un tampón cuando vaya a ir a un bar o al cine, o cuando esté en el trabajo o sentada en el sofá de un amigo, pero desde que hice este experimento, he reducido la cantidad de tampones que uso en dos tercios.

Aunque aún uso tampones los días de más flujo, creo que fue un buen ejercicio para darme cuenta de que no necesitas uno todo el tiempo. Y si tienes algún accidente, de verdad, ¿a quién le importa?

Sigue a Aurora Tejeida en Twitter.