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Es fácil decirlo, pero no hacerlo: ¿por qué Turquía no cierra su frontera con ISIS?

El presidente Obama quiere que Turquía selle su frontera con Estado Islámico. Sin embargo, el cierre absoluto de una frontera no es algo tan fácil de ejecutar. Y cortar de cuajo con sus proverbiales redes de contrabando, será todavía más complicado.
Imagen por Sedat Suna/EPA
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El presidente de Estados Unidos Barack Obama se ha dirigido a la administración de Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía, en un discurso sin contemplaciones. Obama ha emplazado al gobierno turco a que espabile y a que detenga de una vez por todas el indiscriminado tráfico de personas, dinero y suministros que intentan entrar en Siria; y el del petróleo, las armas y la gente que salen a diario del castigado país. Lo que está claro es que tal es la vía principal de abastecimiento de Estado Islámico. Lo que no lo está tanto es por qué nadie ha cortado el principal grifo de suministro a la organización yihadista, que sigue manando a borbotones desde que los terroristas salieron a la palestra.

"¿Por qué ahora?", se preguntan algunos. La respuesta es sencilla. Hace menos de una semana que Turquía derribó a un caza ruso. Y hace dos de los atentados terroristas de París. Los medios de comunicación rusos llevan una semana rasgándose las vestiduras por el derribo. Desde entonces, no han dejado de publicar información cizañera a raudales. Ni siquiera se han cortado a la hora de acusar (o, cuando menos, de insinuar), que Turquía está prestando apoyo táctico a Estado Islámico (EI).

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Y lo cierto es que, estrictamente hablando, desde un punto de vista auténticamente específico, los rusos tienen un motivo fundado para insinuar lo que insinúan. Es decir, tienen derecho a quejarse, a clamar que los turcos se han interpuesto en la batalla de Rusia contra Estado Islámico. En cualquier caso, más allá de eso, los atentados de París han puesto a muchos sobre aviso: o se ponen las pilas o no conseguirán deshacerse de Estado Islámico. Turquía ha desatendido su batalla contra Estado Islámico de manera paulatina. Por ejemplo, desprotegiendo la frontera. Y, hoy en día, cualquiera que le de concesiones a Estado Islámico se expone a terminar con la paciencia de quien se entere de que lo está haciendo.

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Y la verdad es que tal podría ser un problemón ahora mismo, aunque no responde a la pregunta de por qué nadie le cierra la puerta en las narices a EI. Según desde dónde se mire, es algo que cada vez resulta más fácil. A pesar de que la frontera más larga de Siria es la que la separa de Turquía (más de 800 kilómetros), no hay nadie que esté presionando a los turcos para que aseguren ese mastodóntico perímetro. En el lado sirio, la mayoría del territorio que queda cerca de la frontera es tierra de nadie. Discurre vacío y desolado hasta pasados unos 50 kilómetros, donde se transforma en territorio kurdo.

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Claro que lo más probable es que los kurdos sean incapaces de extender su control sobre la frontera entera, porque la población que lo habita no es mayoritariamente kurda. La mayoría, de hecho, está formada por sirios turcomanos; esto es, ciudadanos de etnia turca que viven en Siria. Los sirios turcomanos han sido recalcitrantemente apoyados por el gobierno turco. No solo porque se oponen, obviamente, al régimen de Assad, sino porque también luchan contra Estado Islámico y están estrechamente vinculados al Ejército Libre Sirio (FSA, en sus siglas inglesas, y también conocidos como los rebeldes sirios "moderados"). Ello se explica porque existen varias zonas de la frontera habitadas por sirios turcomanos que están bajo el poder del FSA. En cualquier caso, se trata de franjas que no son motivo de demasiada controversia.

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De tal manera, el conflicto se concentra en la franja restante de la frontera, una extensión de 90 kilómetros que Estado Islámico controla de manera íntegra hasta la frontera con Turquía. Se trata de una zona densamente habitada por sirios turcomanos. Lo más curioso del caso, es que se trata de la misma área que Turquía y Estados Unidos llevan tiempo deseando transformar en una especie de zona segura. La idea es que Estados Unidos y sus aliados en la coalición se asocien para suministrar una porción de su espacio aéreo y que los rebeldes, en este caso rebeldes de lo más turcos, se encarguen de infiltrarse por tierra hasta hacerse fuertes en su propio territorio. A fin de cuentas se trata exactamente de lo mismo que han hecho los kurdos con el resto de la frontera.

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Sin embargo, se trata de una idea de la que todavía no ha salido nada. Barin Kayagoglu, un analista radicado en Estados Unidos y especializado en política turca, ha explicado que "la idea de la 'zona segura' está más muerta que nunca, pero que eso no significa que Ankara vaya a dejar de apoyar a las facciones turcas del FSA — o, más exactamente, al FSA en su totalidad".

El primer problema que resultaría de cerrar la frontera de manera total y absoluta, sería que los turcos se verían obligados a reducir drásticamente su compromiso con los rebeldes sirios "buenos". Especialmente si asumimos que fuera incluso posible cerrar la frontera.

Actualmente se planea destacar a alrededor de 30.000 soldados para cubrir la superficie entera. Lo cual saldría a razón de un hombre por cada tres metros y medio. Obviamente, no se tratará de un despliegue que discurra de una punta a la otra.

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En la práctica, "sellar la frontera equivale a supervisar los puestos de control", explica Anthony Cordesman, miembro del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. "Lo cual nos permitiría poder detectar las infiltraciones gracias al patrullaje y al escrutinio".

El mayor problema es que se trata de una frontera de lo más porosa que lleva décadas convertida en una ruta de contrabando, un negocio de lo más lucrativo. Traficar con petróleo de un lado a otro contraviene todas las prohibiciones y las restricciones internacionales, pero llevaba convertido en un provechoso pasatiempo nacional desde que Saddam Hussein molestara por primera vez a Naciones Unidas en el lejano 1991. Estado Islámico no se ha inventado el tráfico clandestino de mercancías, simplemente le ha cambiado el nombre en sus libros de contabilidad.

"No cabe duda de que Turquía podría hacer más, ni de que desplegar efectivos sobre el terreno tendría un significativo efecto disuasorio", argumenta Cordesman. "Sin embargo, no puedes plantarte allí, levantar un muro, y declarar que la frontera ha sido sellada". Más allá de eso, tampoco es que toda la gente que hace negocios en la frontera lo haga embutido en una camiseta que diga: "Yo amo a Estado Islámico". Lo cierto es que existen un gran número de intermediarios, de transacciones y de movimientos que están perfilando una economía del contrabando de lo más suculenta.

Al final, Turquía podría — y es algo que probablemente terminará haciendo — destinar a algunos hombres en la zona y sacar una buena tajada, pero sería ingenuo pensar que la frontera va a cerrarse de la noche a la mañana. Incluso hasta la frontera más deleznable del planeta y la menos amistosa, la que separa a Corea del Norte de Corea del Sur, sigue siendo, a día de hoy, el escenario de alguna que otra deserción. Así que, incluso crear un país neutral entre Turquía y Siria — lo que provocaría el despliegue de un nuevo sistema fronterizo — sería insuficiente para soportar la presión osmótica de todo el dinero y de toda la gente, que prefiere eludir los canales convencionales.

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