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Los quesos parmesano y gouda, uno de los grandes escollos del TTIP

Estados Unidos está intentando concluir las negociaciones del TTIP antes de que acabe el año, pero algunas disputas como el nombre de los quesos o la privacidad digital hacen que este objetivo sea improbable.
Imagen vía Wikicommons

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La canciller Alemana Angela Merkel ha sido, durante mucho tiempo, una firme defensora de la propuesta del mega tratado de comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE). Pero recientemente ha echado un jarro de agua fría sobre el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones, TTIP por sus siglas en inglés.

"Por un lado debemos poner de nuestra parte en el desarrollo de este ambicioso acuerdo", dijo el pasado miércoles en una conferencia de la industria electrónica. "Pero por la otra no debemos poner las expectativas demasiado altas".

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Más tarde, en un evento organizado por su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU en alemán), la mujer al frente de la economía más grande de Europa afirmó que EEUU y la UE deben concluir el TTIP lo antes posible. "Tenemos que hacer progresos rápidamente", sostuvo.

Los mensajes contradictorios de la canciller — urgiendo su resolución al tiempo que rebajaba las expectativas — ilustraba hasta qué punto el TTIP está en peligro de convertirse en un pacto zombie, muerto antes de que sus negociadores lo finalicen, según los expertos.

La representación de EEUU espera concluir las negociaciones del TTIP a finales de año, de acuerdo a un portavoz. Pero las disputas sobre el nombre de los quesos, la privacidad digital y los alimentos modificados genéticamente hacen improbable que las partes negociadoras puedan rubricar un acuerdo antes de que el mandato de Barack Obama concluya en enero de 2017.

De cómo el TTIP puede vulnerar la soberanía de los estados europeos. Leer más aquí.

"Es prácticamente imposible que seamos capaces de resolver las negociaciones antes de que Obama abandone la Casa Blanca", declaró John Hilary, director ejecutivo de War on Want, un grupo antipobreza afincado en Londres que hace campaña contra el TTIP.

"Cada mes que pasa son más conscientes de los grandes escollos aun existentes para tenerlo firmado lo antes posible, y ha devenido una pesada carga que aprieta el cuello de los políticos estadounidenses y alemanes".

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Aunque los representantes lleguen a un acuerdo en los próximos seis meses, las críticas de los candidatos republicano y demócrata en Estados Unidos y la amplia oposición popular al tratado en Europa sugiere que los nuevos líderes pueden reabrir conversaciones o matarlo definitivamente durante el próximo año, admitió Ed Gerwin, investigador senior del Progressive Policy Institute, que apoya al TTIP.

"Es una ardua batalla la de completar el TTIP antes de que acabe el año", dijo Gerwin. "No importa quién sea el presidente. Habrá una pausa. Aunque si el señor Trump deviene presidente, imagino que habrá algo más que una pausa".

Los negociadores americanos y europeos están sobrepasados. Ahora mismo, las dos partes no pueden ni acordar como identificar a los quesos, según informó Politico recientemente. Los diplomáticos europeos quieren impedir que los fabricantes de queso americanos utilicen nombres que se refieren a productos locales específicamente europeos como el gouda, el parmesano o el asiago. Pero los americanos creen que el gouda producido en Wisconsin no debe cambiar de nombre, pues eso echaría a los consumidores para atrás.

Ambas partes están embarradas también en cuestiones de privacidad y protección de datos. Europa impone que sus ciudadanos puedan demandar a las empresas tecnológicas para que elimineb sus identidades de Internet bajo el llamado "derecho al olvido", mientras que este tipo de leyes no existen en Estados Unidos. Las compañías tecnológicas americanas como Facebook quieren que los datos sean transferidos hacia los EEUU, mientras que las autoridades de la UE quieren que los datos se queden en Europa, contó Lori Wallach, directora del Public Citizen's Global Trade Watch.

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Al contrario del acuerdo trans-pacífico que EEUU firmó con 11 estados en febrero — y que será sometido a votación en el congreso el próximo noviembre en la sesión inmediatamente posterior a la elección presidencial —, los Estados Unidos no han sido capaces de convencer a Europa para que aceptara el acuerdo, afirma Wallach. Las corporaciones norteamericanas quieren vender en Europa alimentos modificados genéticamente, por ejemplo, sin el estigma de una etiqueta. Pero la UE no se ha movido de su posición.

Wikileaks ofrece una recompensa de 100.000 euros al que filtre el acuerdo del TTIP. Leer más aquí.

"El TTP tuvo a Japón", explica Wallach. "Pero EEUU es un gorila de 360 kilos. No era nada parecido a un acuerdo entre iguales. En contraposición, con la UE, es realmente una negociación de iguales. Unos iguales que te sueltan 'no vamos a dejar de etiquetar a los alimentos modificados genéticamente'".

Los negociadores europeos no son flexibles porque saben que sus votantes tienen sospechas de que el TTIP destripa sus leyes.

El pasado mes, la comisión de emisiones televisivas alemana ARD llevó a cabo una encuesta que constató que el 70 por ciento de los teutones siente que el TTIP será mayormente desventajoso, lo que implica un incremento del 55 por ciento respecto al año pasado. El líder laborista en el Reino Unido Jeremy Corbyn ha planteado desechar el tratado de comercio si acaba ocupando el cargo de primer ministro antes de que tuviera efecto. El presidente francés François Hollande ha dicho que no puede apoyarlo en su forma actual.

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Muchos alemanes no entienden porque necesitan reescribir las normas del comercio global. Su país ya es, de hecho, una potencia exportadora. "El movimiento contra el TTIP en Alemania es masivo", recuerda Hilary. "Ha habido un amplio debate público en Alemania. Más que en cualquier otro país, pues es una nación rica y tienen mucho que perder".

La oposición también está creciendo en EEUU. El lunes 450 organizaciones ecologistas escribieron una carta pública al Congreso señalando que el TTIP podría permitir a compañías petroleras foráneas llevar al gobierno estadounidense a tribunales extrajudiciales compuestos por representantes de las corporaciones.

Estos tribunales podrían, potencialmente, permitir que 750 compañías energéticas europeas expandieran la perforación en el litoral, sustrajeran más carbón y ejecutaran nuevas exploraciones a pesar de las objeciones de los reguladores americanos, o penalizaría a esos reguladores por apoyar la ley americana si sus decisiones resultan en pérdidas de las empresas. TransCanada, por ejemplo, anunció una demanda por valor de 15.000 millones de dólares contra el gobierno de EEUU a principios de año bajo condiciones similares al paraguas del acuerdo norteamericano de libre comercio, o NAFTA, firmado en 1994, por rechazar el oleoducto de Keystone.

Un acuerdo de libre comercio internacional podría suponer un enorme ataque a la protección del medioambiente. Leer más aquí.

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"Absolutamente, esto no está en sintonia con nuestros objetivos de limitar el calentamiento a 1,5 grados establecido en París", afirmó recientemente la directora del programa de comercio Sierra Club Ilana Solomon.

Los tribunales extrajudiciales han estado ahí durante años — tal y como sugiere el caso de TransCanada — y han permitido la falta de regulación pro corporativa que los críticos preveían, afirma Gerwin.

Cree que Estados Unidos y Europa deben llegar a algún tipo de acuerdo de comercio porque es evidente que ambos están experimentando un decrecimiento en la creación de empleo. Permitir más comercio digital seguro que hará que el empleo crezca, especialmente entre los pequeños negocios norteamericanos que Gerwin cree que podrían servirse de Internet sin las barreras europeas para sus negocios.

"Las pequeñas compañías podrán investigar clientes potenciales, comprender las leyes, hacer negocios en varias instancias más allá de los EEUU. Esto es muy grande. Un pequeño negocio no podía hacer eso 30 años atrás", opina. "Es por esto que es importante tener provisiones en estos acuerdos que aseguren que los datos puedan moverse entre países que no impongan leyes absurdas en el comercio digital, como 'si quieres vender en nuestro país debes poner tus servidores en nuestro país'".

Pero esta es precisamente la lógica que lleva a compañías americanas a bajarse del TTIP retirando su apoyo, contesta Wallach.

"A ambos lados hay un buen puñado de influencia corporativa", explica. "Pero es que en el lado estadounidense es tan abrumadora esta dinámica que si las compañías no consiguen lo que quieren, que es básicamente desregularizar lo que les impone la UE, que tiene unos estándares más altos, entonces ya dejan de estar interesadas".

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