Feminisme

Descubrí mi fetiche por las erecciones gracias a las nalgadas

"Miré su entrepierna y vi cómo su pene comenzaba a hacerse más grande bajo sus pantalones. Pulsaba y hacía presión contra la tela. En ese momento me di cuenta de lo que me excitaba de las nalgadas".
20.12.17
Ilustración de Niallycat

La primera vez que me dieron nalgadas fue gracias a un chico con el que salía a ratos en la universidad.

Los dos éramos unos pervertidos empedernidos. Solíamos leer juntos foros de BDSM para darnos ideas. Recuerdo que en alguna ocasión estábamos cogiendo y había una botella vacía de vino sobre mi escritorio. La tomó y dijo, "me encantaría meterte esto por el culo. ¿Te lo puedo meter?" No le daba pena sugerir cosas nuevas y probarlas.

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No me sorprendí cuando propuso darme nalgadas arriba de una silla de madera que tenía en una esquina de su sala. La silla tenía la altura perfecta para arrodillarme, inclinarme y dejar que me cogiera. Me excité cuando me dijo que quería darme nalgadas. Me encantan esos momentos cuando alguien propone hacer algo durante el sexo.

Desde que era muy joven he soñado, pensado, y platicado de lo mucho que me gustaría que me golpearan y cogieran agresivamente; prefiero los papales de sumisión. Pero, aún habiendo fantaseado con recibir nalgadas, el dolor apareció de sorpresa. Dije, "mierda, en realidad duele mucho".

Este chico solía hacerme contar los golpes regresivamente. A pesar de estar extremadamente excitada, no disfrutaba contar o el dolor. No me daba cuenta de lo que realmente disfrutaba.


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Creo que mi pareja podía pasar toda la noche golpeándome sin problemas y haciéndome cosas sucias y pervertidas. Pero yo soy muy impaciente. Después de cinco minutos de nalgadas, y sentir sus manos golpear mi culo y tocar mi vagina, pensaba "ok, definitivamente tenemos que coger ahora mismo".

Un par de meses después me di cuenta lo que verdaderamente me excitaba. Habíamos visitado un club fetichista. La encargada del lugar nos llevó a la banca de nalgadas y me preguntó si quería que me golpeara en las nalgas.

Mientras ella me daba nalgadas, mi ligue sostenía mis hombros hacia abajo. Miré su entrepierna y vi cómo su pito comenzaba a hacerse más grande bajo sus pantalones. Pulsaba y hacía presión contra la tela. En ese momento me di cuenta de lo que me excitaba de las nalgadas. No era dolor. No me gusta recibir nalgadas por ser una chica mala. Quería que me golpeara porque se la ponía dura. Tengo un fetiche por las cosas que provocan erecciones en los hombres.

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Desde entonces, he jugado con chicos dominantes en clubes fetichistas, pero a veces me hartan. Lo que busco es la ilusión de la pérdida de control. En ocasiones, los chicos en las fiestas de nalgadas y clubes fetichistas quieren tener el control, tranquilos, y mesurados. No es lo que quiero. Quiero la pérdida de control. Quiero que empiecen a darme nalgadas, pierdan el control, y me la metan.

En mi experiencia, necesitas introducir las prácticas BDSM gradualmente a tus parejas sexuales. No hagas lo que he hecho en el pasado, es decir, "¡Ahora golpéame en la cara! ¡Ahora escúpeme en la boca!" Probablemente he asustado a muchos chicos con los que he tenido sexo —mis deseos pueden ser intimidantes si no los presento poco a poco—. Es lo que he aprendido. Por lo general, no soy muy buena para comunicarme.


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Cuando se trata de sexo, nuestras parejas pueden llevarnos más lejos que un extraño. Se tiene una mejor relación de comunicación; ambos saben qué les gusta y qué no. Si quieres sentirte totalmente fuera de control —si buscas ese tipo de abandono—, entonces una pareja es lo mejor porque puede atreverse.

Existe una concepción errónea de que el BDSM necesariamente implica el uso de látigos y artículos de piel, pero la mayoría de las prácticas que he probado las he hecho en casa, con pantalones y una playera. No necesitas ir a un club fetichista para que te den nalgadas, ni siquiera necesitas el equipo de artículos. Por eso me gusta, porque sólo necesitas tu mano y un culo desnudo.

No sé si algún día podré satisfacer mi necesidad de ver a los hombres teniendo erecciones. No se trata de buscar a otra persona o probar las posiciones más pervertidas. Mucho tiene que ver con ese momento en el que te das cuenta que esa persona está excitada. A pesar de que he vivido toda mi vida fantaseando con prácticas BDSM —desde que era muy joven— y ahora soy blogger de sexo y pedagoga, a veces creo que no soy tan buena en esto. Me refiero a que pueden amarrarme y tener una escena BDSM, pero casi siempre pienso en coger inmediatamente.

La primera vez que conocí a mi pareja actual tuvimos un cogida desastrosa. Fue en nuestra segunda cita. Él nunca había probado el BDSM, y lo invité a mi casa para coger. Estaba nervioso y muy reservado. Intenté motivarlo, pero poco después tuvimos una conversación seria y me dijo que lo había asustado un poco. No estaba acostumbrado a las cosas que disfruto, porque creía que ese tipo de cosas eran horribles para las personas.

Sin embargo, ahora coge como si fuera el fin del mundo.