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Por qué deberíamos temer a la Renta Básica Universal

Que el Gobierno te pague por existir no es tan positivo como podría parecer.
9.2.18
Montaje por VICE. Imágenes vía Clker-Free-Vector-ImagesStux/OpenClipart-Vectors bajo CC0

Imagina un mundo en el que cada vez hubiera más máquinas y menos trabajo. Un mundo en el que los robots suplantaran a las personas en sus puestos laborales, un mundo sin apenas curro. No es un capítulo de Black Mirror, es uno de los argumentos más esgrimidos por los defensores de la Renta Básica Universal. Que el futuro ya está aquí, y que ante la perspectiva de millones de androides quitándonos el trabajo, asignar un ingreso incondicional que garantice a cada ciudadano la existencia material se convierte en una necesidad. Si no, nos rebelaríamos como los luditas.


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La Renta Básica Universal, que ya aparecía en Utopía de Tomás Moro y con la que países como Finlandia ya han empezado a experimentar, implicaría que no solo las personas que no cuentan con recursos económicos suficientes para atender sus necesidades básicas recibieran ayuda estatal —en este caso hablaríamos de una Renta Mínima de Inserción—. Cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, independientemente de su situación económica, debería recibir una renta del Estado, una renta completamente incondicional, como derecho a la ciudadanía, como derecho a su existencia digna y como garantía de ella.

"Consideramos que la RBU es un derecho. O por decirlo de otra forma, la RBU asegura el primero de todos los derechos, que es el de la propia existencia. Como tal, debe ser universal, individual, incondicional y en el caso de la RBU, que es un ingreso monetario, suficiente. Elimina la pobreza material y da unas cotas mínimas de libertad que hoy por hoy mucha gente no tiene", apunta José María Herreros, del Observatorio de Renta Básica de Ciudadanía de ATTAC.

"La RBU facilitaría enormemente el discurso de la derecha de 'con la renta que te doy págate tú el médico o la educación, ya no eres mi responsabilidad" — Alejandro Quesada, economista

La propuesta, evidentemente, tiene a sus detractores más férreos en el liberalismo. Juan Ramón Rallo, el "polla gorda de los liberales libertarios", le dedicó un libro en 2015 a criticarla. Pero, más allá de los que piensan que es injusta y casi inmoral, como "todo lo que emane del papá Estado", más allá de los que afirman que generaría inflación y de los que creen que si nos dieran el dinero suficiente para sobrevivir nos convertiríamos automáticamente en seres gandules y holgazanes que declinarían pegar palo al agua, hay quien, desde la postura contraria, también le ve las pegas.

Quien concibe la Renta Básica como neocaridad, como una herramienta más del sistema capitalista para sobrevivir. Porque, a fin de cuentas, la RBU sería una asignación de dinero enfocada a acabar con la pobreza, pero no con la desigualdad. Y, según algunos de sus detractores, beneficiaría más al mercado que a los ciudadanos.

"La Renta Básica Universal supondría pasar de un modelo de Estado contributivo y proteccionista a otro más limitado y para casos extremos, puramente asistencialista. Digamos que facilitaría enormemente el discurso de la derecha de 'con la renta que te doy págate tú el médico o la educación, ya no eres mi responsabilidad", afirma Alejandro Quesada Solana, economista y responsable de organización de la Unión de Juventudes Comunistas de España.

"Además, al poner el foco de la responsabilidad social en el individuo, se rompe el sentimiento de colectividad. El culpable de mi situación ya no es el sistema sino yo mismo: no generas contestación ante los problemas sino frustración y sometimiento", añade.

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Y es que aunque Phillip Van Parijs, uno de los actuales referentes en la defensa de la RBU, la definió en su día como "una vía de entrada del comunismo en el sistema capitalista", hay quien opina justo lo contrario. Juan Carlos Martínez Coll, Doctor en Ciencias Económicas, Profesor Titular de Economía Aplicada en la Universidad de Málaga y autor del blog La Economía que Podemos nos cuenta un dato curioso: "el ejemplo más próximo (quizá el único) de una Renta Básica Universal es el del Dividendo del Fondo Permanente de Alaska, que se entrega una vez al año a los casi 750.000 residentes en ese Estado. Solo se excluye a los condenados por un tribunal o a los que hayan estado encarcelados en ese año. Es decir, es una renta básica universal condicionada a su residencia y buena conducta".

Que el gran ejemplo de Renta Básica venga respaldado por el Tea Party es, cuanto menos, curioso

Martínez Coll añade que que en 2008, cuando la gobernadora de Alaska era Sarah Palin, se repartieran más de 3.000 dólares a cada ciudadano da que pensar. Que el gran ejemplo de Renta Básica venga respaldado por el Tea Party es, cuanto menos, curioso.

Para Alejandro Quesada, la propuesta de la RBU, que fue contemplada por Podemos en su programa a las europeas de 2014, es una cobardía cuando parte de la izquierda. "No es una incongruencia, es la cobardía de no querer enfrentarse al problema fundamental: el conflicto de clases. En lugar de actuar, cogen el camino de en medio. El que, a primera vista, contenta a todo el mundo. Cuando algo en materia económica contenta a empresarios y trabajadores es porque en el fondo beneficia a unos más que a otros, normalmente a los primeros".

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Otro de las críticas a la RBU es que el esfuerzo recaudatorio de ponerla en práctica tendría un efecto negativo sobre esa renta básica que ya tenemos: los servicios públicos.

"Hay que distinguir entre las rentas rentas monetarias y las rentas no monetarias o en especie. Pensemos el caso de un enfermo crónico que necesita medicinas cuyo coste mensual es de 100 euros. Si se le proporcionan esas medicinas gratuitamente debemos considerarlo una renta básica (ya que no es contraprestación de nada) no monetaria y condicionada a que un médico del sistema la haya recetado.

Un sistema de salud gratuito y universal es en la práctica una renta básica universal no monetaria. También son rentas básicas universales no monetarias la educación gratuita para todos, el gasto en la protección del medio ambiente, el gasto municipal en parques y jardines y el que pudiera tener un servicio universal gratuito de ayuda a la dependencia", afirma Martínez Coll, que concluye que "las propuestas de RBU que implican el desmantelamiento del sistema de pensiones o el sistema de protección a los desempleados son, dicho llanamente, un fraude".

Sea la Renta Básica un parche o sea una solución, sea una artimaña del capitalismo para sobrevivir o el socialismo encontrando por fin la brecha para colarse en él, el futuro no parece muy alentador. Pensar en un mañana, o en un pasado mañana sin apenas trabajo y en el que una élite posee los medios de producción —los robots, los que vienen a quitarnos el curro—, unos pocos afortunados tienen la posibilidad de desempeñar un trabajo asalariado y una mayoría se ve condenada a sobrevivir no es lo más esperanzador. No es, al final, nada nuevo bajo el Sol.