Curé la epilepsia de mi perra con cannabis

Pueden tratarse problemas como epilepsia y, en ocasiones, desaparecen casi por completo.

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nov. 20 2017, 6:00am

Foto cedida por el autor

Desde hace dos años, mi perra Nanú toma CBD, un cannabinoide proveniente de la marihuana que ha espaciado sus ataques epilépticos hasta la anécdota. Desgraciadamente, en España, tratar a las mascotas con cannabis no es algo común, así que el proceso para encontrar la forma adecuada de hacerlo fue complicado.


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Antes de empezar, hay que aclarar que el Cannabis es un género o grupo de organismos que a su vez puede dividirse en varias especies. La Cannabis sativa L. es la especie más conocida, y de ella proviene la "marihuana", que generalmente arroja altas concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC), y el "cáñamo", que se ha seleccionado para usos industriales y apenas contiene THC.

A grandes rasgos, hemos usado estas palabras para diferenciar algo legal de algo ilegal, pero, curiosamente, se trata de la misma planta, seleccionada durante generaciones para que en unos casos dé la mayor cantidad de THC posible y, en otros, la mínima posible.

En España es legal realizar plantaciones de Cannabis sativa L. siempre y cuando no supere el 0,2 por ciento de THC (algo sumamente difícil de asegurar, incluso con variedades estables, puesto que se trata de una cantidad ridícula); y es ilegal llevar a cabo plantaciones que superen este porcentaje.


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En el caso que nos ocupa, administro un extracto de Cannabis sativa L. a mi perra Nanú desde hace algo más de dos años para tratar sus ataques de epilepsia.

Este extracto proviene de cultivos de cáñamo certificado, que arrojan grandes cantidades de otro cannabinoide, el cannabidiol (CBD), pero ni el extracto ni las plantas tienen suficiente cantidad de THC como para ser considerados ilegales.

CBD y epilepsia

Este cannabinoide no psicoactivo se ha hecho especialmente famoso por su eficacia en casos de epilepsia infantil. Aunque han sido muchos los padres que han hecho públicas las situaciones vividas junto a sus hijos, el caso de Charlotte Figi es, sin lugar a dudas, el más famoso. Con solo seis años, Charlotte sufría unas trescientas crisis epilépticas graves a la semana.

Durante los primeros años de vida de Charlotte, los médicos le diagnosticaron síndrome de Dravet, también conocido como epilepsia mioclónica grave de la infancia. Generalmente, la respuesta de los enfermos a tratamientos convencionales es negativa y, además de no paliar los síntomas, suele empeorar su funcionamiento cognitivo. Exactamente lo que le pasó a Charlotte.


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Después de probar todo tipo de remedios y ver cómo su hija estaba cada vez peor, Matt y Paige Figi descubrieron un estudio científico en el que se hablaba de la capacidad del CBD para reducir la hiperexcitabilidad neuronal, que normalmente es causante de las crisis epilépticas. Por aquel entonces, Charlotte cumplía seis años y los médicos recomendaban a sus padres que le indujeran un coma para dejarla descansar. Los ataques habían empeorado tanto que Charlotte no podía llevar a cabo acciones tan básicas como comer, hablar o caminar.

Paige decidió usar el CBD como último recurso, pero para ello necesitaba que un médico aprobara la administración de la sustancia. Cuando la doctora Margaret Gedde y el doctor Alan Shackelford estuvieron al tanto de todo lo que había sufrido Charlotte, pese a los problemas que conllevaba tratar a una niña de esa edad con un extracto de cannabis, se comprometieron con la causa y aprobaron explícitamente la administración de CBD.

Gracias al cannabis Charlotte Figi pasó de sufrir unas trescientas crisis epilépticas graves a la semana a dos o tres al mes

El siguiente paso fue conseguir una variedad de cannabis con un porcentaje muy bajo de THC y uno muy alto de CBD. Paige encontró esta variedad gracias a los hermanos Stanley, quienes cedieron la cepa y la bautizaron como Charlotte’s Web.

La doctora Gedde estimó que la dosis terapéutica de CBD va de 4 a 12 mg/kg/día, así que Charlotte comenzó a tomar su dosis de aceite rico en CBD dos veces al día, junto a sus comidas. En la actualidad, ha pasado de trescientas crisis a la semana a dos o tres al mes. De hecho, la evolución de Charlotte ha sido difícil de creer para médicos y especialistas: ha pasado de estar prácticamente en un estado vegetal, siempre al borde del daño cerebral y la muerte, a comportarse prácticamente como una niña normal.


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¿Qué tiene esto que ver con las mascotas?

El sistema endocannabinoide (SEC) es una de las cuestiones más interesantes que he descubierto desde que trabajo en el sector cannábico. Este grupo de receptores cannabinoides endógenos está localizado en el cerebro de todos los vertebrados, a través de los sistemas nervioso y periférico, y se forma principalmente por lípidos neuromoduladores y sus receptores.

Para no ponernos demasiado técnicos y resumir un poco la cuestión, tanto los perros como los seres humanos (como la mayor parte de mascotas domésticas) poseen un sistema endocannabinoide. Este sistema no solo sirve para trabajar de forma interna con endocannabinoides, producidos por nuestro propio cuerpo, sino que los fitocannabinoides (cannabinoides naturales, herbáceos o clásicos) y los cannabinoides sintéticos encajan perfectamente en nuestros receptores.

La perra Nanú

La epilepsia de Nanú

Nanú es una schnauzer miniatura blanca de unos once kilos. Cuando tenía cuatro años tuvo su primer ataque epiléptico. En un principio fueron ataques erráticos y espaciados, que con el tiempo fueron aumentando en frecuencia e intensidad. Después de consultar a diferentes veterinarios, el diagnóstico fue epilepsia idiopática o esencial. En otras palabras: no tengo la menor idea de qué le pasa a tu perra, dado que no he encontrado ninguna patología que provoque las convulsiones. Casi siempre se habla de algo de “carácter neurológico” y muy difícil de identificar.

La mayoría de veterinarios dicen que, cuando se trata de esta patología en concreto y los ataques aumentan en frecuencia e intensidad, se debe comenzar a administrar diazepam por vía rectal mientras se está produciendo el ataque o justo después. El diazepam es más conocido por uno de sus nombres comerciales: Valium. Como podéis intuir, la función del diazepam no es tratar la causa del ataque, sino evitar espasmos musculares y reducir la excitación y ansiedad en la perra para evitar que se produzcan nuevos episodios.

La función del diazepam no es tratar la causa del ataque, sino evitar espasmos musculares y reducir la excitación y ansiedad en la perra para evitar que se produzcan nuevos episodios

Si los ataques continúan aumentando, el dueño del perro debe considerar el uso de medicación específica. Generalmente se receta fenobarbital o bromuro potásico, pero como el diagnóstico de epilepsia en perros se ha disparado durante los últimos años debido a la convivencia urbana entre el hombre y el perro, diferentes laboratorios farmacéuticos han sacado al mercado prohibitivos y, supuestamente, novedosos medicamentos (zonisamida, levetiracetam, pregabalina…) que, en la práctica, no parecen resultar más eficaces que el fenobarbital.

Uno de los veterinarios me advirtió de que “es muy probable que notes un cambio en la personalidad de tu perra” y, para terminar la faena, me dijo que él se plantearía si tomar una decisión más drástica y terminar con su sufrimiento.


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Así que me informé sobre qué es el fenobarbital, un barbitúrico que tiene como efectos secundarios frecuentes los cambios de comportamiento, el aumento de tamaño del hígado y del bazo, el aumento de peso, la hepatotoxicidad y la dependencia y tolerancia al fármaco, lo que normalmente provoca que se tenga que ir aumentando la dosis y, por tanto, los efectos secundarios.

Buscando un tratamiento

Curiosamente, llevo desde 2012 trabajando con variedades de cannabis con altos contenidos de CBD y no se me había pasado por la cabeza usar este cannabinoide con Nanú hasta que mi amiga Patricia, a quien desde aquí le doy las gracias, me instó a ello.

Por aquel entonces, Nanú tenía casi siete años y la situación se había agravado considerablemente, sufriendo varios ataques muy fuertes a la semana. Así que me puse a investigar si el CBD podía tener el mismo efecto en perros que en personas.

Cuando Nanú tenía casi siete años y la situación se había agravado considerablemente, sufriendo varios ataques muy fuertes a la semana

La primera investigación con cannabis y animales data de 1899 y se publicó en el British Medical Journal, liderada por el farmacólogo Walter E. Dixon. Aunque en el artículo hay varias observaciones sobre la respuesta de los perros al cannabis, todavía no se había descubierto el SEC.

Existen otros estudios que hacen referencia al uso, pero la mayor parte de ellos son igual de inespecíficos e inútiles a la hora de dilucidar cuánta cantidad de CBD debía darle a Nanú. Gracias a medios internacionales como The Guardian, NBC News o The New York Times, descubrí que el CBD ya estaba siendo usado en perros con epilepsia, amén de otros muchos usos paliativos en todo tipo de mascotas, especialmente en lugares de Estados Unidos donde estaba regulado el uso de la planta.


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De hecho, hay varias empresas americanas que venden “productos milagro” enriquecidos con CBD, de esos que sirven para todo y transforman a tu compañero en una supermascota, aunque en muchos casos no dicen la cantidad de cannabinoide que tiene el producto y casi nunca aportan información sobre su procedencia y salubridad.

En un empeño por asegurarme de que no iba a agravar el estado de mi perra, contacté, de nuevo, con los veterinarios que habían diagnosticado la epilepsia idiopática de Nanú. Haciendo justicia al tópico castizo, me topé de bruces con prejuicios, malas contestaciones y mucho escepticismo fundamentado en la absoluta ignorancia. Hubo incluso un veterinario que me dijo que si de verdad me estaba planteando darle marihuana a mi perra.

En España no existe acuerdo a nivel estatal entre los veterinarios sobre el tratamiento de cannabis para mascotas

Una veterinaria, mujer de uno de mis amigos de la infancia, terminó por convencerme de que dejara de intentar buscar el apoyo de un veterinario español: “Ningún veterinario español debería recomendar que tu perra tome CBD y mucho menos una dosis en concreto, dado que no hay fundamentación ni acuerdo a nivel estatal”.

De esta forma encontré numerosos artículos del veterinario y herborista norteamericano Robert J. Silver. En el momento en el que Colorado reguló el uso medicinal y recreativo, Silver intensificó su trabajo con perros y gatos y ha escrito un libro al respecto, en el que se trata pormenorizadamente el uso de cannabis en mascotas.


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Después de leer decenas de artículos, me topé con uno en concreto que resultó esclarecedor: “Las dosis efectivas de cannabis terapéutico todavía no se han estudiado lo suficiente en mascotas. Lo mejor es comenzar con la menor cantidad posible y aumentar gradualmente la dosis cada cinco días, aproximadamente, hasta que se obtenga el efecto deseado. Si se observan efectos secundarios no deseados tales como sedación excesiva, desorientación, excitación, vómitos, etc., la dosis de cannabis es demasiado alta y la administración debe interrumpirse inmediatamente [diría que esta puntualización se refiere, más concretamente, a los productos que también contienen THC]. Una vez que los efectos secundarios hayan desaparecido, el animal puede volver a comenzar el tratamiento con una dosis más baja. La dosis máxima recomendada para productos con CBD es de alrededor de 1 mg/kg/día por vía oral, pero se debe comenzar con una fracción mucho menor, aproximadamente 0,05 mg/kg/día”.

Extractos de CBD para mascotas

Así que comencé a investigar sobre extractos de cannabis con alto contenido en CBD (que se venden de forma totalmente legal en España). Lo más importante es encontrar un extracto que ofrezca análisis de contenido de CBD y otros cannabinoides, así como contaminantes, metales pesados, hongos o bacterias peligrosas. Después de probar diferentes extractos y dosificaciones, me decanté por Cibdol, principalmente porque me ofrecía toda la seguridad que reclaman los veterinarios a la hora de administrar este tipo de productos a una mascota, y decenas de análisis que demuestran su calidad.

En la actualidad, Nanú toma el concentrado medio, con un 4 por ciento de CBD. El envase grande, de 30ml, tiene 1.200 mg de CBD y más de 600 gotas, por lo que cada gota tiene, aproximadamente, 2 mg de CBD. Fui incrementando progresivamente la dosis hasta que Nanú dejó de tener ataques prácticamente por completo, en torno a los 0,6 mg/kg, es decir, unas tres gotas diarias. Durante el último año ha tenido algún ataque leve y errático, por lo que incrementé la dosis a cuatro gotas diarias.

Lo cierto es que Nanú ha pasado de ser una perra deprimida, ansiosa y asustadiza a ser una perra absolutamente normal

Al parecer, el cuerpo genera cierta tolerancia y debemos ir graduando la dosis en función al estado de la mascota. También debemos tener en cuenta que es recomendable dejar de dar CBD durante, al menos, una semana cada seis meses, para limpiar los receptores y evitar, precisamente, una escalada en la tolerancia.

Lo cierto es que Nanú ha pasado de ser una perra deprimida, ansiosa y asustadiza a ser una perra absolutamente normal. Es más, ahora, que acaba de cumplir nueve años, se comporta más como cachorro que como un perro que inicia la vejez, y los ataques resultan una cuestión anecdótica y llevadera. He pasado de una situación límite, en la que un veterinario me insinuaba la eutanasia, a disfrutar de una perra feliz. Además, no he notado ningún efecto secundario destacable, más allá de ingestas excesivas y ocasionales de agua, que bien podrían deberse a otros problemas propios de su edad.

Es importante resaltar que no todas las epilepsias son susceptibles de mejorar con CBD. Cada caso es totalmente diferente y debemos asesorarnos, de la mejor forma que podamos, antes de administrar cualquier tipo de sustancia a nuestras mascotas.

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