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Crisis

Una embalsamadora desmonta los mayores prejuicios sobre la muerte

Explica por qué tocar un cadáver es más seguro de lo que crees y desarma varios mitos sobre la muerte.

por Dominique Sisley
07 Marzo 2019, 4:15am

Amber Carvaly, fotografiada por Walter Peña

“Trabajar con cadáveres probablemente sea la parte más sencilla de mi trabajo”, explica Amber Carvaly, tanatopráctica de Los Ángeles. “Es un momento terapéutico y solemne en el que puedes tener un verdadero gesto de bondad para con otro ser humano. No tienen forma de devolverte el favor, así que es la muestra de amor definitiva”.

Carvaly trabaja con cadáveres a diario. Cuando no está preparando sus ataúdes o supervisando su incineración, los está bañando, vistiendo o maquillando. Carvaly lleva cinco años trabajando en el sector funerario y actualmente es la directora de Undertaking LA, una funeraria gestionada íntegramente por mujeres. “Fue una decisión bastante alocada”, bromea. “Quería hacer algo único”.


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Huelga decir que su trabajo está cargado de connotaciones morbosas de todo tipo. Mucha gente tiene miedo a la muerte, y en concreto a los cadáveres: son la fuente de inspiración de innumerables películas de terror y suelen asociarse con problemas de salud mental como la ansiedad y los trastornos depresivos, que a su vez se originan en el miedo a la muerte.

Por todo ello, la tanatopraxia sigue estando rodeada de misterio, y pocas personas entienden realmente lo que este trabajo implica. Pedimos a Carvaly que desmonte varios de los conceptos erróneos más comunes que se ha encontrado a lo largo de su trayectoria.

Todos los tanatoprácticos han sido góticos de jóvenes o tenían una obsesión morbosa por la muerte

¡Este seguramente sea mi mito preferido! En mi caso, no podía estar más lejos de la realidad. Yo sí diría que la mayoría de las personas que trabajamos en esto de algún modo han tenido un contacto cercano con la muerte y han sentido la necesidad de intentar marcar una diferencia.

Pero lo cierto es que este sector es increíblemente puritano. Yo tengo un par de tatuajes, pero en la funeraria en la que trabajaba antes me exigían que no estuvieran visibles. También nos hacían llevar unos horrendos pañuelos con volantes, y si llevábamos falda teníamos que ponernos medias. El mundo de las funerarias está anclado en la década de los 50: un gótico ni siquiera entraría por la puerta (con todos los respetos para los góticos).

Enfrentarse a diario a la muerte te predispone a tener un estado de ánimo serio y melancólico

La melancolía realmente no es una reacción natural a la muerte, por que realmente no es similar a la autopreservación. La gente que lleva tiempo en este sector tiene un gran sentido del humor. O eso o te vuelves loca. Te acabas dando cuenta de que nada de lo que hagas importa, porque al final ¡todos vamos a morir! Así que te partes de risa y eso te libera. También intento ser muy amable con la gente, porque no saben lo que tú sabes. Esas personas siguen atrapadas en ese marrón.

Las mujeres no forman parte de este negocio porque no tienen estómago para ello

En este sector hay cada vez más presencia femenina (en Estados Unidos, cerca del 60 por ciento de los estudiantes de Ciencias Funerarias son mujeres, según la Asociación Nacional de Directores de Funerarias estadounidense). Uno de los mitos recurrentes que me molestan es el de que las mujeres hacemos esto porque por naturaleza estamos hechas para cuidar. ¡Me cabrea mucho! Los hombres que se dedican a esto lo hacen porque son buenos en el aspecto del negocio y la ciencia y tienen “estómago” para ello, pero si lo hacemos nosotras es porque somos dulces, amables y tenemos ese instinto maternal. Pues no, señor.

embalsamadora
Carvaly trabajando. Foto cortesía de Amber Carvaly

Las funerarias son lugares corporativos en los que hay poco lugar para la creatividad

Aquí no me queda más remedio que darles la razón con un sonoro suspiro. Yo, que llevo mi propio negocio, puedo decir que hay mucha presión para no cometer errores. Quieres ser creativa con la marca y lo que ofreces y también quieres cobrar a fin de mes. Porque no nos equivoquemos: la muerte es un negocio. Muchas veces el aspecto creativo de este trabajo son cosas que no te aportan un beneficio, por lo que no vale la pena dedicarle tiempo y recursos. Ojalá fuera distinto, pero como propietaria de una funeraria te digo que me siento menos resentida con la maquinaria corporativa que rige este negocio.

Los cadáveres son peligrosos

He luchado mucho para desmentir la idea de que el embalsamamiento es un requisito legal y necesario para proteger la salud del público. Eso no es verdad de ninguna de las maneras. No estoy defendiendo prácticas poco seguras, sino pidiendo a la gente que entienda que tocar un cadáver es más seguro que manipular carne cruda. De hecho, son tan distintos en lo que respecta a la seguridad que podría decirse que no hay relación alguna. (He puesto ese ejemplo porque manipular un pollo crudo es tan común que nadie se lo pensaría dos veces).

Nosotras vestimos cadáveres regularmente con ayuda de sus familiares, y mis compañeras y yo a veces también los maquillamos; casi parece magia. Esos son los momentos que evitan que quiera arrancarme los pelos. Tiene que quedar claro que es una práctica segura que los familiares pueden llevar a cabo. Sé que parecerá una locura, pero cuando alguien especial en tu vida muere, puede que quieras honrar su memoria siendo la última persona que lo consagre con estos rituales. Porque peinarnos, maquillarnos y vestirnos no son más que rituales. Ahora que el mundo es cada vez menos religioso, es importante recrear o redefinir esas cosas que nos hacen humanos. No debemos dejar esas oportunidades demostrar nuestro duelo en manos de otras personas

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