juan celofan
(Foto cortesía del artista)

Juan Celofán solo quiere el aquí y el ahora

Platicamos con el uruguayo radicado en Santiago sobre su más reciente placa de estudio 'Incendiemos La Casa'.
30.1.19

Pocas veces es fácil y natural describir un producto artístico. Lo intentamos, pero siendo honestos, las etiquetas que ponemos a un sonido terminan siendo un vago cúmulo de palabras que muchas veces no tienen nada que ver con las intenciones del autor, más allá de nuestras interpretaciones como consumidores. Pero otras veces, los adjetivos son tan orgánicos que flotan sin la necesidad de sumergirse o ahogarse en el intento.

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Casero. Como sentirte cómodo a costa de todo. Como el espacio con más emociones encerradas de tu vida. Como recordar el olor del guisado de tu mamá. Como prender un amplificador y sacar cualquier cosa de la guitarra. Como disfrutar lo efímero del momento. Como tu mascota acurrucada en las piernas. Como el lugar con más seguridad de todo el universo. Así es Incendiemos La Casa, el segundo LP de Juan Celofán.

Juan se fue de Montevideo a los 22 años, y halló un nuevo hogar en Santiago. En Uruguay encontró la curiosidad de acercarse a la música, las primeras inspiraciones, los bocetos iniciales, y los amigos comenzó a darse impulso. En Chile, el estímulo hacia un proyecto más serio, los espacios, las influencias en voces de otros artistas, y las ganas de grabar su primer material, Tránsito, estrenado en 2016 como un álbum fotográfico de instantáneas que retratan la adaptación a su nueva casa.

A finales del año pasado, ya con su acto y hogar perfectamente amueblados, lanzó Incendiemos La Casa, su más reciente placa de estudio hecha en su mayoría debajo de su techo particular. Se compuso entre sillones, y se grabó junto a amigos dentro de su estudio casero, enfocándose en procesos muy genuinos como ir registrando con micrófonos todo lo que salía de voces e instrumentos, creando tracks a partir de improvisaciones y primeras tomas que dotan a su pop de una fragancia rústica a la vez que espontánea.

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En marzo próximo, Juan se presentará en SXSW para llevar su proyecto por primera vez al norte del continente. Platicamos de ello, de sus planes para 2019, de Incendiemos La Casa, y de un par de cosas más con él. Escucha su más reciente disco a continuación, y lee más abajo la charla por teléfono que tuvimos juntos.

NOISEY: ¿Cómo fue llegar a este momento? De crecer en Uruguay componiendo, establecerte en Chile, y ahora lanzar tu segundo disco?
Juan: Uff, te cuento. Yo nací en Uruguay, viví la mayoría de mi vida allá, y empecé a hacer música o a acercarme a la guitarra que fue mi primer instrumento quizás a los 12 o 13 años. Siempre fui muy autodidacta con la música, muy intuitivo, tomé algunas clases por momentos pero no tengo ninguna formación académica o formal al respecto. Y como a esa edad fue que empecé a tocar la guitarra, a hacer mis primeros bocetos de canciones, empecé a formar algunas bandas en Uruguay. En la adolescencia tuve la suerte de tocar bastante y de encontrar amigos con los cuales hacer música, que a esa edad resulta muy inspirador. Luego estudié sonido en Uruguay, y en algún momento, tipo a los 22 o 23 años, estaba trabajando produciendo a algunos artistas, tenía algunas tocadas en algunas bandas, y decidí salir de Uruguay por unos meses en principio. Uruguay es un país muy pequeño, Montevideo es todavía más pequeño, es una ciudad con millón y medio de habitantes, Uruguay entero tiene 3 millones de habitantes, entonces en términos de población es un pueblito en el mundo ¿no? [risas]. La curiosidad de salir de la ciudad y de conocer otros lugares siempre estuvo, y apareció el momento justo, medio sorpresivo por una relación amorosa en aquel entonces, que me hizo llegar a Santiago, sin saber a dónde iba a llegar, cuánto iba a estar, nada, me vine a la aventura. En aquel momento casualmente también estaba escuchando unos discos chilenos, que eran de ese momento de toda la efervescencia del pop chileno.

¿Y pensaste en algún otro lugar para migrar, o por estos motivos solo pasó por tu cabeza Santiago?
Pues en general fueron muchas cosas. Uno fue la distancia, pero definitivamente también contribuyó mucho eso de que la música que se estaba haciendo acá me interesaba mucho. Pero como te digo fue una decisión realmente muy rápida, que yo pensaba que iba a estar a lo mejor seis meses o un año como mucho y me iba a volver. Y bueno, en el momento en que me fui de Montevideo dije ‘voy a hacerme un proyecto solista para poder llevar la música conmigo a donde vaya ya que voy a estar fuera de casa’, y así fue como surgió el proyecto de Juan Celofán, que hasta ese momento no existía. Cuando llegué a Santiago empecé a componer canciones, a conocer gente, a tocar de a poco, y digamos que tuve un proceso en el que estuve componiendo y grabando lo que fue mi primer disco que se editó en el 2016 [Tránsito]. Ese disco es un poco el resultado de todo ese proceso de llegar a Santiago desde otra ciudad, y adaptarse a otra cultura, a nuevos amigos, estar lejos de la casa, todo ese proceso que fue muy intenso. A partir de ese disco tuve la oportunidad de tocar bastante acá en Santiago, por suerte, tuvimos un año y medio muy lindo, de shows muy lindos, y que después tuve que parar un poco para meterme en el proceso que derivó en mi último disco, Incendiemos la Casa. Esto me lleva de nuevo a la pregunta inicial, porque me encuentro en un momento muy bonito, tocando mucho, con muchos proyectos. Es un disco que está hecho, digamos, desde un lugar muy genuino, entonces estoy muy contento porque salió, y listo para enfrentar el próximo año que viene con muchos proyectos.

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(Foto cortesía del artista)

Un poco retomando lo que decías, creo que Chile podría considerarse en cierto sentido la nueva meca pop de Latinoamérica. ¿Cómo ha sido tu experiencia tras cinco años allá?
Mi experiencia realmente ha sido muy gratificante. Siempre he sentido una gratitud muy grande en mi caso personal, porque tengo la particularidad de que vengo desde otro lugar ¿no? Realmente me siento agradecido porque me siento muy parte de la escena y eso creo que habla muy bien de los colegas y del contexto de la ciudad en sí. Y sí, creo que en Chile de hace muchos años hay muchas propuestas súper interesantes, lo cual es muy estimulante para todos los que hacemos música acá. En general siento un poco lo que te decía, que en Uruguay se me hacían súper interesantes varios artistas que hoy son referentes de acá, entonces es de alguna manera continuar un poco con cierto camino que esa gente comenzó, y que para mí siendo extranjero tiene un plus aparte. Mi experiencia acá sido súper buena con el pública, que me han hecho sentir como un artista más, y también con los artistas colegas, que me siento también parte de su comunidad y su escena.

La primera vez que escuché el disco me acordé cuando me juntaba con mis amigos en una sala y tocábamos lo primero que nos salía intentando componer algo. Obviamente tu caso ya no está tan cerca de ese ejercicio amateur, pero suena bien casero, bien cercano y bien auténtico. ¿Cómo fue el proceso de hacerlo? ¿Existía una intención de encaminarlo por ahí?
Sí, creo que es una lectura con la que concuerdo bastante. Todo el proceso del disco coincidió con un momento especial muy caótico en muchos sentidos, hubo muchos cambios en mi vida , algunas turbulencias digamos, donde sentía muchas dudas sobre si quedarme o irme, me estaba mudando y demás, un momento muy intenso. La manera en que se hizo el disco creo que tenía que ver con todo lo que me pasaba en ese momento. Es un disco en que quise exagerar mucho ese approach muy espontáneo de los músicos con las canciones. Por ponerte un ejemplo, muchas veces invitaba amigos que venían a mi casa a grabar, porque coincide que en mi casa tenemos un estudio de grabación, entonces teníamos esa facilidad de trabajar en la casa. Y bueno, venían entonces mis amigos a grabar, muchas veces sin tener ni idea de lo que iban a grabar, y justamente nos interesaba mucho grabar ese primer acercamiento del músico con lo que estaba escuchando. En algún punto creo que es un disco que tiene una gran premisa que fue ‘trabajemos y registremos lo que hay aquí ahora, y si hoy y en este momento tenemos una idea, hay que mantenerla, desarrollarla, y que sea la foto, digamos, de este espacio y este momento’. Eso que de alguna manera se extraña tanto en muchos discos de ahora, me pareció un gesto artístico bonito, aunque no lo haya hecho por eso, mientras lo iba viviendo me pareció un buen gesto de mantener las ideas iniciales y mantener ciertas frescura y espontaneidad que muchas veces en el trabajo de estudio y de escucharlo tanto tiempo y trabajarlo con tantas personas, la música entra en una especie de fábrica de Ford ¿viste? pierde un poco el espíritu inicial. En este caso quise exagerar mucho eso, al final hubo muchas primeras tomas que se quedaron en el disco, o que se grabaron en el momento que se estaban componiendo y quedaron en el disco, hay mucha de esa energía inicial.

Siempre he creído que los segundos discos son los más difíciles de crear, porque en cierto sentido ya hay alguien que espera tu producto. No es como el primer material donde puedes hacer como quieras porque no sabes qué va a pasar. ¿Cómo fue en tu caso?
Sí, tal cual creo que es lo que pasa. En mi caso al menos, traté de no pensar nada en lo que el resto podría esperar de mí. Y creo que eso de alguna forma eso se nota en el cambio de sonido, de estética, en que hay un cambio en las canciones, etcétera. Dentro de mi universo es una jugada que va por otro lado este disco, y de alguna manera es algo que me gusta porque siento que con este disco espanté mucho a algunas personas jajaja algunas personas que quizás querían que siguiera repitiendo una o dos canciones del primer disco. Quiero que decir que a partir de ahora, la música que siga escuchando mi música ya sabe que va a pasar esto de nuevo, que se van a tener que adaptar a otro disco. De hecho justo ahora estoy maqueteando ideas para el nuevo álbum, y no tiene nada que ver con el disco que acaba de salir, entonces de alguna manera ya queda el precedente de que va a ser la cosa así ahora, chicas y chicos.

Quiero pensar que esto tiene que ver con mucho de lo que pasa por tus oídos en ese momento. En el caso de Incendiemos la Casa, ¿qué estabas escuchando al momento de componerlo?
En general yo siempre estoy escuchando mucha música y enterado de lo que sucede con respecto a discos nuevos. En medio de este periodo caótico en que se gestó el álbum, creo que inconscientemente volví a escuchar discos que desde la infancia no oía, y que los volví a escuchar ahora con un montón de experiencias nuevas, con muchos años de diferencia y encontré ahí un lugar muy familiar. Ya ahora después de un tiempo y con el disco hecho, creo que fue una forma de protegerme un poco en ese momento en que estaba un poco perdido, ¿es algo que pasa no? Cuando uno anda medio perdido, siempre busca cosas que te dan un poco de seguridad, y para mí esa seguridad fue volver a esos discos que me encantaban cuando tenía 14 o 15 años. No sé, entre esas cosas había desde los Beatles hasta Charly García, música uruguaya como Eduardo Mateo o El Kinto, que es una banda mítica de los 60 en Uruguay, estaba Spinetta también, volví a escuchar discos de Fito Páez de los años 80, rock británico de los 60 y 70, música brasileña, Gaetano. Cosas que tenía años que no escuchaba porque venía escuchando cosas más actuales y fue a lo que recurrí en ese momento para encontrar una especie de ancla para decir esto forma parte de mí y a partir de ahí me maravillé de nuevo con ese sonido. En el disco creo hay influencias muy claras a ese sonido, muchos guiños a la música latinoamericana de los 60 y 70, las guitarras cómo suenan. Muchas personas me han dicho que se nota también una influencia muy clara del rock argentino. Entonces sí, esos viejos discos terminaron siendo nuevas inspiraciones.

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¿A qué dirías que se siente Incendiemos La Casa? ¿Cómo describirías su ánimo?
Creo que es un disco cálido por un lado, que tiene un grado de confusión también importante, además creo que de alguna forma reconforta a quien lo escucha, al menos así lo siento yo. Y por otro lado creo que sea luminoso, pero en cierta forma también esconde cierto grado de melancolía dentro de ese grado de alegría que tiene. Creo que están las dos cosas ahí.

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(Foto cortesía del artista)

¿Dejar de lado un poco el sonido sintético de Tránsito para acercarse más las guitarras y batería tiene que ver con generar un mejor en vivo?
Creo que en realidad el sonido del disco no fue pensado en función del en vivo. Hubo muchos placeres, por llamarlos de alguna forma, que nos dimos a la hora de grabar que quizás era como se grababan hace 20 o 30 años, entonces fueron influencias no solo musicales sino también de cómo hacer las cosas en el estudio. Cosas que quizás hoy se consideran innecesarias o demasiado románticas, y por suerte yo encontré a los amigos para darnos un tiempo y experimentar. El disco tiene mucho aire, se grabó con muchos micrófonos en una sala grande. Se hizo un trabajo en cinta después, que le agrega también esa calidez de los antiguos discos. Y bueno, ahora que lo estamos tocando en vivo está buenísimo porque como el disco tiene esa cuestión bien sanguínea en vivo pasan cosas geniales. Hay mucha energía en comparación con el show del disco anterior que era más quirúrgico por decirlo de alguna manera.

¿Qué planes hay para 2019?
Quiero tocar mucho, salir a tocar este disco por muchas partes, salir con la banda a tocar. En marzo nos vamos a Estados Unidos a tocar a South by Southwest, de ahí pasaremos por México, que es algo que estamos trabajando ya para poder encontrarnos con la gente de México, y después seguir tocando mucho acá en Chile, poder conocer más lugares. En 2018 fui por primera vez a Argentina y quiero volver, entonces eso, poder viajar. Espero también poder editar algo nuevo, no sé si alcanzaré a terminar un disco pero al menos sí un adelanto, algo de musiquita nueva y bueno, eso, tener un año muy activo.

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