De África a México: mis primeros días como refugiada
Ilustración por @sinmuchasfotos.
migración

De África a México: mis primeros días como refugiada

Me preguntan mucho si allá andan los animales en la calle, piensan que los leones andan por las calles de mi país y esto me hace reír mucho.
21.6.18

Artículo publicado por VICE México. Texto publicado en colaboración con La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Extraño mucho a mi gente porque nosotros vivimos más en comunidad. La construcción en mi país es diferente a la de México. Allá casi no hay edificios de departamentos, son como vecindades y se convive mucho con los vecinos, aquí es muy diferente, como que pasas todo el tiempo dentro de la casa y en mi país no es así: sales, ves, platicas con tus vecinos y los niños juegan. Acá es más solitaria la vida. Allá antes de ir al trabajo podía decirle a alguna vecina que me ayudará con mi hijo y se quedaba con el niño, hasta le daba la llave de mi casa, no tenía problema con eso, y ella sabía que si tenía que salir o algo podría llevar a mi hijo con mi mamá. Aquí en México batallé mucho para encontrar trabajo porque muchos son de tiempo completo y no tenía quien me ayudara a cuidar a mis hijos. Hay trabajos de medio tiempo pero pagan muy poquito y no te alcanza. Allá también podía juntarme con mis vecinos y nos poníamos a ver telenovelas de allá. Acá estar sola viendo la tele y reírme sola no es igual, me falta alguien con quien comentar.

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Acá hay de todo tipo de comida. Tengo la facilidad de hacer comida africana aquí. Sólo hay una verdura de mi país que me encanta que aquí no he encontrado: se llama fumbua, es verde, son hojas y para cocinarlo hay que cortarlo chiquitito. Se cocina con crema de cacahuate, jitomate, cebolla, aceite y es deliciosa, pero aquí no hay. Otra cosa que extrañaba mucho y casi no hay en México son las hojas de yuca, es difícil encontrarlas. El otro día fui a la central de abastos y encontré una mujer que vende yuca, le pregunté si me podía conseguir las hojas y me preguntó “¿cómo que hojas de yuca? ¡Eso no se come!” Le dije que no sabía de lo que sí se comen y me llamó después para decirme que ya las había conseguido y sentí mucha alegría. Le avisé a otros paisanos que el domingo iba a cocinar hojas de yuca, para mí fue increíble, me llegaron como 15 personas a la casa, me quedé sin nada, pero muy contenta. Extrañaba eso. También hay otra comida que se hace con la yuca, se pone en agua y se hace como una masa. Todo esto nunca lo cocinaba en mi país, pero aquí con el internet he aprendido a hacer todo, y cuando los demás lo prueban piensan que ya lo hacía desde mi país porque me ha quedado muy bueno.

Yo escucho música cristiana. Aquí me metí al coro de una iglesia cristiana porque esa era la música que escuchaba en mi país.

Aquí en México piensan que los leones andan por las calles en mi país y me hace reír mucho, ¿cómo pueden pensar eso? No están en las calles. Lo que sí hay mucho en la ciudad son árboles. En cada vecindad hay árboles, pueden ser de mango, naranja, limón o lo que sea. Acá tienen jacarandas que se ven muy padres, pero sólo una temporada florecen. En África hace mucho calor, eso sí es cierto, pero la diferencia es que aquí el sol quema mucho y creo que es porque en las calles casi no hay árboles.

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Lo que me gusta mucho de México son las fiestas de cumpleaños de los niños, porque invitan payasos y tienen piñata. De hecho en diciembre busqué en internet y aprendí a hacer una piñata. En internet hay de todo, como dice mi cuñada: “en el internet puedes aprender hasta fabricar tu persona”. Hice la piñata para navidad porque me invitaron a celebrar con una familia y no tenía dinero para llevar algo, así que decidí hacer una piñata y llenarla de dulces y a todos les gustó mucho. A mis hijos les encantan las piñatas. Para bromear con ellos les digo: “mañana regresamos al Congo” y se enojan, me dicen, “mamá allá hay guerra y matan a la gente”. Ellos aman México, el grande tiene ocho años va en tercero de primaria y el chiquito tiene cinco años y va en segundo de kínder, les encanta ir a la escuela y ya tienen muchos amigos.

Aquí hay una cultura de pasear que casi no hay en mi país. Allá casi no tenemos esta costumbre, pero aquí puedes salir los fines de semana al parque o donde quieras, pero en mi país no. Aquí siento toda la semana el estrés y llega el fin de semana y pienso que necesito divertirme, necesito relajarme. Una vez fui a un balneario a Hidalgo y me encantó, estuvimos todo el día. Ni siquiera comí la comida que llevaba porque todos me ofrecían comida, eso sí, me encanta la convivencia en México. En cada lado hay de todo, pero los mexicanos son muy amables. Al principio hay unos que te llegan como a mandar, pero luego con el tiempo se nota que son buenas personas.

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Cuando me tocó rentar la primera vez no fue fácil, me pidieron fiador y nos costó trabajo, pero al final del día nos dijo un compañero que es más fácil decir que mi hermano y yo éramos esposos, y la primera vez que intentamos eso nos aceptaron, así que fue un consejo que agradecí mucho.

Un día fui a comprar un cinturón, y el vendedor estaba a unos metros de mí y escuché que le decía a un cliente que costaba 100 pesos y cuando me acerqué para preguntar por el mismo cinturón, me dijo que costaba 150 pesos. “¿A qué hora subió eso? Apenas acabas de decir que cuesta 100 pesos y ahora 150, ¿de qué se trata?”, el vendedor me decía no había escuchado bien, pero me quiso subirme el precio por ser extranjera. “Aquí tienes 80 pesos, pásame el cinturón”, le dije y me dijo que sí. Los mercados de aquí se parecen a los de mi país y también pasan este tipo de cosas. Cuando eres extranjero se aprovechan, no te dicen los precios reales.

Algo más que sucede aquí es que cuando cargas algo, casi todo el mundo te quiere ayudar. En mi país no pasa esto.

Yo no como picante y aquí hay todo todo todo tiene picante: cacahuates, dulces —¿qué es eso?—, me parece muy extraño. Y hay gente que dice que en mi país hay chile y picante, pero nada comparado con México.

Fui una vez al Africam Safari y encontré unos mexicanos que estaban hablando un dialecto mío, el dialecto de la provincia de mi papá, y me dio pena porque yo lo hablo muy poco, me hacían preguntas en swahili y les explique que la verdad es que yo era de la capital y hablaba francés.

Lo que más más extraño en este momento es a mi mamá. La extraño mucho porque desde que falleció mi papá, creo que ella está sola. Lo bueno es que tengo la facilidad de comunicarme con ella. Nos comunicamos casi todos los días, sobre todo los sábados que estoy en la casa. La extraño bastante.

*El nombre de la protagonista fue omitido por razones de seguridad. Este texto se actualizó por mayor precisión.