Las 10 preguntas que siempre quisiste hacerle a un activista por los derechos de los animales

Hablamos con Voicot, un grupo que lucha por los derechos de los animales rescatándolos de mataderos, realizando distintos tipos de “acciones directas”
21.5.18
Fotos por Voicot.com

Artículo publicado por VICE Argentina

Muchos de los animales que comemos son criados en su propia mierda. Cuerpos que se ensanchan contra la propia naturaleza con el fin de alimentar humanos. En la Argentina, el 70 por ciento del ganado es criado en feedloots, un sistema intensivo de producción de carne que permite lograr un engorde acelerado de los animales vacunos. En Estados Unidos, la cifra de animales de feedloot es de 99 por ciento, eso significa una cría intensiva: animales a los que se los alimenta constantemente, con el único objetivo de que engorden en el menor tiempo posible. En este mercado, lógicamente, se da la siguiente ecuación: más kilos de carne es más dinero. “En el mundo que yo quiero no hay mataderos, no hay sangre y gritos desesperados, no hay cuchillos filosos sobre gargantas de inocentes, no hay esclavas ni esclavos”, agita con bravura Malena Blanco, activista radical por los derechos de los animales.

Con Voicot, es un grupo de activistas que lucha por los derechos de los animales, toma partido activamente rescatando animales de mataderos y realizan distintos tipos de “acciones directas”. ¿Qué son? En general, irrumpen en la propiedad privada para salvar animales condenados al cadalso de la industria alimenticia. Y, a su vez, esta acción deviene en protesta. En su website los miembros de Voicot aseguran que los motiva más la justicia que la sensibilidad. “Por la acción, la lucha y la liberación”, apuran. No obstante, con estos gestos, ¿ellos consideran estar violando la propiedad privada? “Lo dejo a tu criterio”, responde Malena Blanco.

Argentina sostiene desde hace años un modelo ganadero. Es decir, que maneja parte de su economía en base a la carne. “La explotación no discrimina por país”, sigue Blanco. “No hay fronteras para eso, se hace desde acá hasta China. En Uruguay hay tres cabezas de ganado por cada cabeza de persona. Nuestro modelo ganadero no contempla a los animales que en número son los más perjudicados del planeta, me refiero a las gallinas y los peces. Ellos no entran en el concepto de país ganadero, pero acá los matamos igual”. Los activistas por los derechos de los animales afirman que en ningún lado les juega a favor estos modelos alimenticios. Y su lucha es por terminar con un sistema mundial de explotación que, aseguran, mata más de 2000 animales por segundo, sin contar a los peces. “A ellos se los cuenta por tonelada”.


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¿Y qué pasa con el que piensa diferente? ¿Con aquel que por su sistema de creencias, o incluso por elección, come y escoge comer carne? ¿Quién es el verdadero enemigo de este asunto? ¿Son los animales agradecidos después de que unos humanos pongan en riesgo su vida por ellos? ¿Comer carne torna cómplices? ¿Qué pretenden lograr con estas acciones de intromisión directa? ¿Lo que comen los activistas no impacta negativamente en el planeta? ¿Un vegetariano nunca se siente tentado por su instinto carnívoro? Estas son algunas de las preguntas que siempre quisiste hacerle a un activista radical por los derechos de los animales.

VICE: ¿Qué quieren provocar con sus acciones directas?

Provocar el despertar de la población. Vivimos como si todo eso no pasara antes de agarrar la bandeja del supermercado. Creemos que no existe un animal detrás del churrasco. Creemos que las patitas de pollo salen de una caja y que hablar de hígado es hablar de algo relacionado a lo culinario, no al órgano de un animal, que es como todos los demás animales que aprendimos a cuidar. Cuando hacemos acciones directas, aparte de rescatar animales lo filmamos todo, registramos el lugar donde están, las condiciones en las que viven. Registramos todo antes y después. O sea, su condena y su momento en libertad, su primera vez que pisan el pasto, sus primeras frutas, sus primeros rayos de sol, todo lo que les robamos los humanos, aparte de sus propias vidas.

¿Quiénes son los especistas?

El especismo es un tipo de discriminación, como lo son también el sexismo y el racismo. Especista es aquel que discrimina por especie. O sea, la mayoría de la población mundial es especista. Por ejemplo, en Argentina comemos vacas, cerdos, gallinas y peces, entre otros, pero nunca nos atreveríamos a comernos a un perro o a un gato como sí se hace en China. El especismo es un tema cultural, que depende del lugar en el que nazcas, de la cultura que te parió. Quien tiene a un animal mal llamado mascota acostado en su cama, mientras sobre el plato tiene el cadáver de otro de diferente especie, es especista, le da privilegios a unos y se los quita a los demás. Si matás a un perro te corre la ley de maltrato animal 14.346. Si matas una vaca, seguramente estás en un matadero y todo es legal. Hay gente que piensa que la vaca está hecha para comerse, que son animales tontos, cuando en realidad son súper sociables, curiosos, generan fuertes lazos con sus crías, sienten entusiasmos, celos y hasta rencor. Hay gente que cree que son tontas y merecen que las matemos. Como si ser tonto fuera razón suficiente para que otro se apropie de tu vida. Nosotros y esos otros animales de los que hablaba antes, nuestras queridas mascotas, que comen vacas, gallinas y peces, en sus alimentos balanceados. El especismo es arbitrario, como cualquier otro tipo de discriminación.

¿A qué tipo de manejos quedan expuestos los animales que nos llevamos a la boca?

Empezando por su muerte y yendo hacia atrás, los demás animales son expuestos a los peores manejos o, mejor dicho, tormentos. Igualmente, antes de empezar a contestar esta pregunta, me gustaría contar que en el 2012, en Cambridge, el gran Stephen Hawking y demás reconocidos científicos del mundo, declararon que encontraron niveles de consciencia en los demás animales. O sea, estamos hablando de animales que no solo sienten, sino que también tienen consciencia. El 99 por ciento de los animales que son asesinados en el mundo son los que criamos para alimentarnos. A la mayoría de estos animales se les da la vida sólo porque después nos vamos a apoderar de ella, cuando aún son bebés. A la oveja, por ejemplo, se la faena entre los 3 y los 10 meses de vida, cuando en libertad podrían vivir unos 15 años. A los cerdos se los mata entre los 3 y 6 meses cuando también pueden vivir 15. La ternera va al matadero cuando tiene 1 o 2 años, mientras que podrían vivir más de 25. Pero la peor parte se la llevan los pollos, asesinados a las 6 semanas de vida, cuando podrían disfrutar de su vida unos 10 años. Esta elección de faenarlos cuando son aun bebés tiene dos causas: la primera es porque algunas especies son más tiernas a esa edad, pero no ternura de compasión, ternura de carne; y la segunda es porque se faenan cuando alcanzan su peso máximo. ¿Para qué voy a estar alimentando animales cuando ya no van a crecer más? Eso es perder dinero para la industria. Y para que existan bebés, tienen que existir madres. Las cerdas pasan 4 años pariendo en lo que se conoce como jaulas de gestación. Pensá lo que estabas haciendo hace 4 años e imagínate todo ese tiempo encerrado ahí, pariendo hijos que también te van a quitar, ¿hay algo más tormentoso? Quizás sí lo hay. Las gallinas ponedoras, encerradas de a varias en pequeñas jaulas durante años, a las que se les corta el pico porque la locura hace que se picoteen entre ellas. Animales que les hacen lo que se llama una muda forzada: se las pone en un lugar oscuro y se les quita el alimento durante 20 días, de esta manera consiguen que se “restarteen” y comiencen nuevamente la puesta de huevos. Cerdas y gallinas viven ahí hasta que no dan más y las mandan al matadero. Esos momentos en los que la muerte es la única salvación. Después está la inseminación artificial o mejor dicho las violaciones (el lenguaje es el más especista de todos, a nosotros los humanos nos “violan”, pero a los demás animales los “inseminamos”). Las vacas lecheras son mamíferos que para que produzcan leche tienen que estar preñadas, ellas tienen un embarazo (o preñez, depende el porcentaje de lenguaje especista que tengas en la sangre) de 9 meses como nosotras y cuando nace el ternero se lo quitan y dependiendo de la empresa y del sexo del bebé lo mandan para la industria láctea o de la carne. No deberíamos aceptar la perpetración de un acto violento hacia animales como nosotros.

¿Alguna vez pensaste en volver a comer carne?

Sí, muchas veces. Uno no deja de comer carne porque no sea sabrosa (sí es un gusto aprendido, la comemos porque así nos enseñaron a hacerlo), uno deja de comer carne por un tema ético, porque no es moralmente correcto comer animales con los que compartimos más del 80 por ciento de la genética y especialmente cuando tenés la opción de alimentarte de otra manera. En el mundo que yo quiero no hay mataderos, no hay sangre y gritos desesperados, no hay cuchillos filosos sobre gargantas de inocentes, no hay esclavas ni esclavos. No, en mi mundo no hay nada de eso: todo lo contrario. Por eso, no alimento ni me alimento de la industria más cruel de todas, esa que crea esta realidad de la que hoy somos parte.

¿Los activistas quieren “convencer”?

No, no queremos convencer a nadie nada, los queremos “des-convencer”. Como dice Carl Sagan “no podes convencer a un creyente, porque sus ideas no están basadas en evidencia, están basadas en la enraizada necesidad de creer”. En el mundo en el que vivimos hoy necesitamos creer que los demás animales nacieron para que los comamos, para que nos vistamos o nos divirtamos con ellos. Necesitamos creer eso, sino, todas las bases de la explotación de la que somos parte cada uno de nosotros, se nos caerían y si ese muro se viene abajo, nos quedaríamos ahí, enfrentados a lo que realmente somos, a todo eso que nos construye. Sabríamos lo que financiamos, lo que no queremos ver, y nos sería imposible escapar de esa verdad. Yo no tengo que convencerte de que ningún animal quiere morir, de que tienen miedo, de que intentan escapar, yo no tengo que convencerte de eso, podés verlo vos con tus propios ojos. En Internet hay miles de videos, tampoco tengo que convencerte de que podés vivir perfectamente sin comer animales. Hay científicos que lo han demostrado y millones de personas en el mundo que no comen animales y están vivas. El mundo debe “des-convencerse” y recuperar la empatía perdida.

¿Cuál es la imagen que se llevan yendo al supermercado o cuando pasan por una carnicería?

Cabezas, corazones, patas, hígados, piel, sangre, pelos, lengua, ojos, orejas y otras partes que podríamos tranquilamente reconocer en nosotros, ahí, trozadas a la vista de todos. A mí hay dos cosas que me dan mucha impresión cuando paso por un súper o una carnicería: una es el olor a muerto, que me hace acordar a cuando mi papá, que es médico de terapia intensiva y cardiología, me llevaba a intensiva del hospital, donde todos se estaban muriendo, donde la muerte rondaba y dejaba hasta en las salas de espera el olor de su perfume. Y la otra cosa que me mueve en las carnicerías, es la gente, algunos estudiantes, otros profesionales, mujeres y hombres, grandes y chicos, religiosos, espirituales y con dinero también, que sin importar sus diferencias o sin entrar en ningún grupo en particular, se paran frente a la góndola y eligen una parte de un animal, como si nada, como si eso siempre hubiera estado ahí, como que eso no fue una vaca, una gallina o un cerdo antes. Como si eso no fuera nada y la meten en su changuito y van hasta la caja donde abren su billetera y sacan el dinero con el que pagan para que esto pase siempre una vez más.


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¿Hay una postura ética frente a comer animales?

El veganismo es un tipo de postura ética, que elige excluir a los demás animales (nosotros también somos animales aunque a veces lo olvidemos) del menú, porque simplemente no hay ninguna necesidad de hacerlo. Se puede vivir perfectamente sin alimentarnos de ellos, sin criarlos, sin mancharnos las manos de sangre, aunque eso requeriría que salgamos de nuestro querido metro cuadrado, el lugar en el que más cómodos nos sentimos. Por eso, cualquier cosa que cuestione lo que nos alimenta, nos cuestiona a nosotros, nuestros ladrillos están hechos del material del especismo, y reconocerlo es reconocer todo lo que somos, la pareja que elegimos, la familia que tenemos, el trabajo, los amigos, cuestionar lo que comemos es cuestionarnos a nosotros mismos. Elegir financiar la explotación animal, es una forma antiética de vivir. Si vos podes alimentarte de granos, verduras, cereales o frutas y encima podés tener una mejor salud, ¿por qué no vas a elegir hacerlo? Todo está en nuestras manos, deberíamos empezar a hacernos cargo del poder que tenemos cada uno de nosotros.

Los animales rescatados, ¿agradecen de alguna forma?

Si, ellos son súper agradecidos. Se puede percibir esa devolución de agradecimiento en un perro que se adopta, como en un chanchito que se rescata. Cada especie lo hace a su manera. Hay un santuario que queda en la provincia de Córdoba que se llama Equidad. Ahí van animales rescatados del consumo y también van animales que tiraban de un carro y que a través de un plan que canjea al animal por una moto, ganan su libertad. De esos caballos, algunos, no buscan más contacto humano que el necesario. Son animales que han llegado famélicos, golpeados, caballos a los que se los violentó y torturó, esos no se acercan mucho, con ellos el trabajo es arduo y es día a día. Pero hay otros que perdonan más rápido, que entienden que estos que estamos acá no les vamos a hacer nada malo, que no los vamos a lastimar ni vamos a vulnerar su derecho a vivir en libertad. A través de ellos se puede percibir el amor entre especies.

Amén de lo ideológico, ético y moral, ¿en qué cosas concretas mejora nuestra vida dejando de comer carne? ¿La alimentación de los veganos no genera impacto negativo?

Nuestra vida mejora en muchísimas cosas, la salud por ejemplo. Nuestro intestino es largo, como el de los herbívoros, porque cuando el alimento entra en nuestro organismo, necesita tiempo para absorber todas las propiedades. En cambio la carne, como todo cadáver, se nos pudre adentro. Cuando dejás la carne te sentís más liviano, con más energía, te mejora la piel, te enfermás menos y cuando lo hacés te curas más rápido, te mejora el sistema digestivo, mejora el rendimiento físico, reducís el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas crónicas como la obesidad, la hipertensión y la diabetes, evitas también algunas de las formas más infecciosas de enfermedad transmitida por vía alimentaria, como la bacteria coli o la salmonella. En 2015 la OMS dijo que comer carne procesada como salchichas, hamburguesas o embutidos aumenta el riesgo de sufrir cáncer y los sumó al grupo de las sustancias más peligrosas para la salud junto con el plutonio. También dijeron que las carnes rojas de vacuno, cerdo, caballo, cordero, cabra, etc. son “probablemente carcinógenas”. Aparte de la salud, el veganismo ayuda al planeta. La ONU en un informe publicado en The Guardian sostuvo: “Un cambio global hacia una dieta vegana es vital para salvar al mundo del hambre, la escasez de combustible y los peores impactos del cambio climático . Imaginate que para conseguir 1 kilo de proteína animal, necesitás aproximadamente 15 kilos de vegetales. Hacé las cuentas. A eso sumémosle el gasto de agua que podría reducirse más de 9 veces si cultivásemos nosotros nuestro alimento, y ni hablar de la superficie que se usa para cultivar el alimento con el que vamos a engordar al “ganado”. Hoy en día más de un tercio de los campos de cultivo están destinados al pienso, de hecho la FAO lanzó en 2005 un comunicado advirtiendo que la extensión de la ganadería estaba implicando el desecado de la Amazonia, con la pérdida de biodiversidad subsiguiente. Aproximadamente en el mundo se ocupan unos cinco millones de hectáreas para el ganado. Esto es el 68 por ciento del total de tierras agrícolas. Es una locura que el 80 por ciento de la soja que se cosecha en Argentina está destinada para alimentar a los cerdos de China, como también es una locura que la ganadería contamine más que todos los medios de transporte del mundo. Todo un desbarajuste ecológico solo porque algunos pocos se enriquecen a costa de la ignorancia de la población y la muerte de los demás animales. Un mundo vegano puede salvar al mundo, y no es una creencia, es un programa de computadora. Marco Springmann, investigador del programa Future of Food de la Universidad de Oxford, construyó modelos computarizados que simulan lo que pasaría si todos los humanos se volvieran vegetarianos para el año 2050. Las emisiones relacionadas con la producción de alimentos caerían un 60 por ciento y si fuesen veganos la caída sería del 70 por ciento. Se reduciría la mortalidad del 6 por ciento al 10 por ciento, gracias a la disminución de enfermedades coronarias, diabetes, accidentes cerebro vasculares y algunos tipos de cáncer. Evitaría así unos 7 millones de muertes al año, mientras que si fuera vegana, la cifra subiría a 8 millones. Menos personas con enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación significaría una reducción de la factura médica, lo que generaría ahorros de entre el 2 y 3 por ciento del producto interno bruto global.


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¿Quién es el verdadero enemigo?

El verdadero enemigo es el sistema que sostienen en su mayoría, los tibios. Un sistema que explota animales humanos y no humanos, sin importarle nada. Un sistema que busca ganar más a costa de la vida de otros. Un sistema que se mete con los más vulnerables, con los que puede dominar, ya sea a través de la fuerza bruta, como hacemos con los demás animales o a través de la tele, la iglesia y los gobiernos, como hacen con nosotros, así nos dominan a todos. A este sistema también lo mantenemos nosotros, todos nosotros, en mayor o menor medida, consumidores de nafta, computadoras, energía, petróleo y de carne.

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