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Un nominado al Óscar nos platica algunos de sus secretos como artista

Nominado al Óscar en dirección de arte por la película Frida, Felipe Fernández del Paso nos platica de sus intervenciones artísticas.
18.7.16
Todas las fotografías son de Louise Monlaü

Te recibe con un saco dorado y un sombrero en la cortina oscura que separa el backstage del público. Enlista los números del espectáculo de memoria mientras pasas por disfraces, pelucas, bailarines vistiéndose y iPads dibujando algún partido de futbol. “80 canciones, más de 460 vestuarios, más de 200 pares de zapatos, más de 9 mil espectadores”. Su voz es ronca y firme y sus rizos negros tambalean cuando sube las escaleras amarillas rodeadas de espejos.

Felipe Fernández del Paso no es sólo director de teatro. Nominado al Óscar en dirección de arte por la película Frida (2002), Brasil, Sudáfrica y Londres son algunos de los destinos que aparecen en sus intervenciones artísticas. Desfiles, series de televisión, cortometrajes, novelas literarias con toque humorístico, dirección de artes escénicas.

Si vemos sus creaciones teatrales de manera esporádica y comparamos Myst (su show actual) con Sicario del 2009, hay una gran diferencia. Myst, basado en el entretenimiento y la nostalgia del público que aplaude y baila con música de los 80, 90 y dosmiles para crear una conexión con su origen, en Sicario, los espectadores con los ojos muy abiertos absorbían una denuncia de la violencia social con un inmersión a la conciencia de los personajes a través de la danza aérea.

¿Cuál es el punto de unión entre los proyectos? 

Hay un nivel grande de compromiso a profundidad viceral, orgánica, porque son imágenes que te atrapan en los órganos, en el corazón y en el intestino. La transición no es pasar de un proyecto a otro. Es un cúmulo de experiencias vividas, escritas, imaginadas. El punto de unión es una propuesta estética que intenta desafiar límites y convencionalismos en lo sensorial. 

¿Te inspira más el movimiento o la imagen? ¿La narrativa o lo estático? 

Un 50 y 50. Leo muchísimo. Empieza todo desde una narrativa que se vuelve imagen.

¿Cómo es tu proceso creativo?

Formalmente empieza con la observación y una búsqueda muy temerosa de no encontrar la voz que estoy buscando. ¿Y sabes qué? SIEMPRE la encuentro. Si tú te sientas y te concentras y te disciplinas, el camino se despliega ante ti. 90% disciplina, 10% talento. La gente cree que es al revés, por eso hay gente con tanto talento que no llega a ningún lado. Todos somos talento en potencia.

¿Qué le aconsejarías a un joven que va entrando al mundo de las artes escénicas?

Que no tenga límites, que desafíe todo convencionalismo. El arte es la única posibilidad de movimiento, de exploración, de comunicación, de congregación, de tratar de entender este circo en el que aparecimos y en el que vamos a estar un tiempo. 

¿Cuál sería el próximo arte que quisieras explorar? Después de haberte empapada, directa o indirectamente, con cine, teatro, danza, literatura… 

¡Pintura! Va a llegar algún momento en el que me empiece a dar mi tiempo. Sí me interesa y cada vez más. La pintura es observación y lo que hecho tiene que ver con este verbo. Desde escribir y actuar un poco como coreógrafo al ser director de tráfico de escenario. 

¿Qué significa dedicarte al arte en este momento del mundo? 

La única posibilidad de reconciliación, de integración, de búsqueda del respeto y de las PREGUNTAS que hay que hacerse (más que las respuestas). 

Cinco minutos antes de la función, hace el “círculo de energía”, donde bailarines modelos, celebridades nacionales, estrellitas de Broadway, músicos y cada una de las almas que se va a posar en el escenario, se agarran de las manos para escuchar la motivación del director y el flujo de energía entre todos. Son una familia.

Felipe supo con quién juntarse para Myst, un cabaret moderno en el nuevo boom del concepto a la Moulin Rouge. Chacho Gaytán, tan ecléctico como él, es el creador de Sentidos Opuestos y por otro lado ha estado también de director huésped de la Orquesta Sinfónica. ¿Consecuencia? Las señoras maltratan sus gargantas con gritos a los guaperros que cantan y bailan a unos cuantos metros con pantalones pegaditos y plateados. Ñores y jóvenes hacen esfuerzos por mantener los ojos en las órbitas con las piernas que se estiran frente a ellos en medias de red y calzones apretados. Felipe Fernández del Paso, entre el público, sigue el ritmo de las canciones con su sonrisa salvaje. Un artista que disfruta su creación. Sea teatro, cine o literatura, la belleza enriquece una narrativa desafiante de convencionalismos.

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