Cómo es cocinar en Coachella para un montón de jóvenes borrachos

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Cómo es cocinar en Coachella para un montón de jóvenes borrachos

Ser parte de la escena culinaria en el festival de música Coachella es una buena oportunidad para un chef, pues puede ser creativo con la comida. El único problema es que todos están en drogas y no les importa lo que comen.
15.4.16

Cuando piensas en el festival de música Coachella, lo primero que se te viene a la mente es un montón de bohemios de clase alta usando coronas de flores y emborrachándose en el desierto, mientras que en alguna parte Drake se besuquea con Madonna. Pero la nueva propuesta del festival es expandir su oferta culinaria al invitar a chefs y restaurantes importantes. Decidimos ver qué es lo que sucede cuando se mezclan en un solo lugar personas interesada en la buena comida y melómanos que quieren bailar con barras fluorescentes al ritmo de Pete Tong. Llamamos a nuestro amigo Alvin Cailin, chef propietario de Eggslut y de Ramen Champ en Los Ángeles, para hablar sobre qué cocina para un grupo de jóvenes borrachos.

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El primer día nos instalamos en un stand que tenía solo un refrigerador. Gastamos muchísimo dinero para que un arquitecto diseñara nuestra tienda, pero nada del equipo que pedimos apareció. Cuando por fin nos trajeron el equipo de cocina vimos que ninguno tenía las especificaciones que pedimos y tuvimos que ajustar todo. Instalamos la cocina fuera de la tienda porque nada cupo dentro. Fue un maldito desastre.

Estuvimos moviendo nuestras cosas de un lado a otro hasta que la tienda quedó lista para el sábado. Hasta entonces comenzamos a hacer algo. Nos quedamos sin comida el sábado alrededor de las 8:45 de la noche, y el domingo nos acabamos el 90% de nuestras provisiones a las 6:30 de la tarde.

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Después de eso, todo lo que pudimos vender fue arroz con tocino y una ensalada con lentejas. Eso me hizo darme cuenta de que a la gente de Coachella le importa una mierda lo que come. Van a comer lo que les des, sin importar lo que cueste o lo que contenga, lo único que quieren es comer e irse a la fiesta. Creo que todos pensaban: "Debo comer para poder seguir drogándome como loco".

La razón por la que quisimos estar en Coachella es principalmente porque queríamos darle una buena exposición a nuestras marcas. Eggslut es popular, pero Ramen Champ y el nuevo restaurante realmente no, y no les cae mal algo de promoción en la prensa. Además, creímos que era buena oportunidad para ser creativos con la comida y hacer algo diferente, no solo sándwiches de huevo y fideos de ramen. Así que hicimos un menú para que el comensal eligiera una carne, un carbohidrato y un vegetal; luego nosotros le ponemos un montón de cosas encima. Es algo interesante, porque al final el platillo tiene más de 12 ingredientes y resulta sabroso, además de saludable. Fue divertido.

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Coachella te permite ser creativo con la comida, porque la gente está dispuesta a pagar por ello.

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De las 12 del día a las 3 de la tarde todo estuvo tranquilo, tal vez tuvimos un cliente cada cinco minutos. Pero en la tarde una fila larguísima comenzó a formarse. Por como es nuestra operación, podemos atender un cliente cada cinco minutos; pero en nuestro momento más ocupado quizás atendimos 300 órdenes en dos horas y media. Y durante todo el festival juntamos mil órdenes. Por suerte, Eggslut tiene un ritmo similar la mayor parte del tiempo —atendemos cerca de 2 mil órdenes cada fin de semana—, así que nos fue un poco mejor que a los otros puestos.

Servir a tanta gente es caótico, pero podemos superarlo. El verdadero problema es lidiar con idiotas.

No sabía qué tan malo sería, pero fue terrible. Nadie sabe leer. Nadie entendía cómo funcionaba el menú, nadie quería respetar las filas, especialmente los que estaban en la sección VIP.

No quiero faltarle el respeto a Coachella, porque creo que hicieron un excelente trabajo al crear y organizar todo, pero cuando le das drogas y alcohol a un montón de gente "privilegiada", quieren su comida ya. Y se sienten con el derecho de pedirla. Había gente que estaba ofreciendo hasta $100 USD para poder saltarse la fila. Y después les preguntaba: "¿Sabes ya lo que quieres?", pero no lo sabían. Y no les importaba. Me respondían: "Dame comida. La quiero ahora. Necesito ir a ver el próximo concierto. Quiero comer e irme".

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Hay muchísima gente en la sección VIP, así que una sola persona no puede ser VIP si hay miles que están en la misma categoría. Vi a unas niñas de 17 años que recorrían todas nuestras filas rogándole a la gente que pagara 4 dólares extra por su comida —y ahorrarse tiempo, claro—. Era una locura.

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La mayoría llegaba al puesto en su peor estado, drogados al extremo con cocaína. Y decían cosas como: "Quiero tocino y quiero pollo y quiero hongos y todo eso encima de mi arroz. Quiero todo eso. Ahora. Todo eso". Me sentía muy mal por las chicas que trabajan conmigo, porque tenían que lidiar con estos hombres prepotentes, mayores que ellas y muy pervertidos. Les decían cosas como: "Eres estúpidamente hermosa, compraría cualquier cosa que salga de ti".

Un día apareció este chico de 17 años, más o menos –probablemente tenía que ir a la escuela a las 8 de la mañana el lunes—. Sacó su dinero y se le cayó por todos lados, junto con sus tapones para los oídos y una bolsa llena de pastillas. Pensé: 'joder, este niño va a enloquecer este fin de semana'. Tenemos unas alfombras en el piso de nuestro puesto y, cuando la sacamos para barrer, encontramos cuatro o cinco tipos de pastillas que se le habían caído a la gente. Nadie estaba sobrio allí.

Pero a la gente a la que le gusta la comida, y que estaba suficientemente consciente para disfrutarla, la disfrutó. Eso es lo que importa. Hay muchísima gente en este evento, de todo tipo, así que no sabes qué esperar.

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Honestamente, creo que la parte de la comida en Coachella va a ser una gran atracción en un futuro cercano. Probablemente será tan popular con la música. Creo que a Nick Adler, el organizador, realmente le interesa cambiar el componente culinario en el festival y convertirlo en algo increíble. Digo, mira a la gente a la que contrató para hacer el food court este año: Kris Morningstar, Marcel de Beefsteak, Sugarfish. Todos ellos son cocineros maravillosos, harían cualquier cosa para ofrecer buena comida, y de hecho hicieron de este festival algo especial.

Entrar a estos festivales es siempre una gran apuesta, pero es bueno ser parte de algo nuevo y ser pionero de la buena comida en un lugar donde usualmente se servían pizzas y hot dogs. Estoy feliz por ser parte de esto.

Texto elaborado con una entrevista de Hillary Eaton.