Los demonios de Tasmania se están volviendo inmunes al cáncer que los mataba

Buenas noticias para los más duros de la naturaleza.
1.9.16
Imagen: Menna Jones

Existen varios argumentos para decir que el cáncer contagioso no existe. La mayoría tienen que ver con el sistema inmunológico de los organismos avanzados — en nuestro caso, como humanos, el cáncer es ajeno a las respuestas inmunológicas por el mero hecho que nos pertenece orgánicamente. Del mismo modo se cree que el cáncer en otras especies es una enfermedad invasiva, así que cuando se manifiesta acostumbra a ser rápidamente extirpado y eliminado. Los casos de transmisión de cáncer por contagio entre humanos son insólitos, aunque suceden raramente cuando el sistema inmunológico de los pacientes contagiados está muy bajos, como podría ser en el caso de dos personas que han contraído el VIH.

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Respecto a los demonios de Tasmania, estos contraen el cáncer debido al intercambio de tejidos por estar jodiendo el rostro los unos a los otros todo el tiempo. Este es un requisito previo necesario para que la transmisión contagiosa del cáncer pueda llegarse a consumar: que haya un intercambio íntegro de tejidos. Las células cancerígenas no se comportan como bacterias o como virus — el cáncer exige ser trasplantado íntegramente, en masa.

Los sistemas inmunológicos de los demonios de Tasmania están aprendiendo a combatir la infección gracias a sus formidables sistemas de adaptación ante la adversidad.

En la mayoría de los casos, los tumores faciales que contraen los demonios son fatales. A lo largo de las dos últimas décadas alrededor del 80 por ciento de la población de demonios de Tasmania ha sido arrasada por el cáncer. La enfermedad se ha extendido como la pólvora hasta llegar a afectar al 95 por ciento de la población del roedor en su integridad. Los modelos epidemiológicos han vaticinado que el cáncer facial terminará borrando de la faz de la Tierra a la población de demonios de Tasmania.

Sin embargo parece que en mitad de los pronósticos funestos, se ha abierto una puerta a la esperanza. No es que los demonios hayan aprendido a dejar de destrozarse las caras, sino que sus inteligentes sistemas inmunológicos están aprendiendo a combatir la fulminante infección gracias a una serie de adaptaciones fenomenológicas. Así lo constata un artículo recién divulgado por la publicación académica Nature Communications, escrito por el ecologista especialista en enfermedades Andrew Storfer y sus colegas en la universidad del estado de Washington.

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"Nuestros resultados reflejan la rapidísima reacción evolutiva a la imposición selectiva del cáncer. Lo cierto es que nunca se había registrado en ninguna población salvaje conocida, una reacción tan sofisticada y tan solvente ante un patógeno tan devastador como este" escribieron Storfer y compañía. "El único otro ejemplo comparable fue el de la resistencia del conejo a la mixomatosis poco después de que fuese introducido en Australia. Claro que en aquel caso la evolución fue mucho más lenta, tuvieron que pasar varias generaciones".

El intercambio de tejidos es una condición necesaria pero no suficiente para la transmisión del cáncer. Sigue existiendo el problema de la reacción inmunológica. Lo que habría ayudado a la propagación del cáncer es que los demonios de Tasmania son muy parecidos genéticamente. Ello se explica por varios momentos de disminución de la población conocidos a lo largo de la evolución de la especie. En algunos momentos llegaron a quedar muy pocos representantes, hasta que la población fue impulsada naturalmente de nuevo. El resultado es que gran parte de los demonios nacidos durante los momentos de declive de la raza provienen de un número de ancestros relativamente pequeño.

"Lo primero y lo más importante es que volvemos a tener esperanzas en la supervivencia del demonio de Tasmania."

Dado que este cáncer es bastante nuevo, Storfer y su equipo han logrado comparar el ADN de los demonios de Tasmania desde antes que emergiera la enfermedad — gracias a los tejidos archivados —, con el ADN de los demonios vivos entre 8 y 16 años después de que la epidemia se manifestara. Las variaciones genéticas sólo empezaron a aparecer hasta después de 4 generaciones, algo destacable dado que la velocidad de la evolución exige habitualmente cierta cantidad de variaciones genéticas preexistentes, algo que los demonios no tienen.

Los investigadores han descubierto cinco genes distintos en regiones relacionadas con el cáncer que son altamente indicativas de una selección genética. "Las funciones de estos genes sugieren que el sistema inmunológico del demonio podría estar adaptándose para incorporar la función de detectar las células cancerígenas" advierte el artículo. Se trata de una nueva investigación.

Todo ello supone que hay esperanza para los demonios y no solo para su adaptabilidad, puesto que podríamos introducir los genes en poblaciones cautivas, en caso que exista de nuevo la necesidad de repoblar. "Pero lo principal y lo más importante es que todo ello es muy alentador para la futura supervivencia del demonio de Tasmania" declaró Storfer en conferencia de prensa.

Los hallazgos podrían tener incluso repercusiones a en otros frentes e incluso en la lucha contra el cáncer entre humanos. "Debido a que este cáncer se desplaza desde un enfermo, su comportamiento es, en términos prácticos, como el de los tumores que permanecer durante años en el organismo del mismo individuo" explicó, "Y ello podría arrojar luz sobre la reproducción o la remisión de los cánceres entre los seres humanos".