La comida es cada vez más importante en los festivales de música

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La comida es cada vez más importante en los festivales de música

En el Nrmal 2016, en México, nació una nueva propuesta gastronómica que quizás en un futuro próximo se convierta en indispensable en cualquier festival de música: #CocinaCentral.

Cuando pensamos en un festival de música lo primero que se nos viene a la mente es un montón de bohemios usando coronas de flores y emborrachándose mientras escuchan a bandas que a lo mejor ni habían escuchado antes. La comida en estos casos es, por lo general, asunto secundario. Ya saben: pizzas congeladas, chelas tibias, papitas rancias… Sin embargo, el festival Nrmal 2016 quiso expandir su oferta culinaria al invitar a chefs y food trucks importantes. En conjunto con Comilona creó #CocinaCentral, un espacio dentro del food court donde se llevó a cabo un espectáculo culinario inusual en los conciertos: sesiones gastronómicas maridadas, a cargo de 3 jóvenes chefs: Jorge García, Ezequiel Hernández y Raúl Góngora.

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Ezequiel Hernández en #CocinaCentral, en festival Nrmal 2016. Todas las fotos son de Carlos Castillo.

Quise saber qué sucede cuando se mezcla en un solo lugar a personas interesadas en la buena comida y melómanos que quieren bailar al ritmo de Haciendo el mal; así que pregunté a algunos de los asistentes qué opinan sobre esta nueva oferta culinaria.

"La comida y la música tienen que ver con el arte, entonces integras estos dos aspectos ricos de la vida, es una buena experiencia", me dijo uno. "Yo creo que son festivales complementarios, puede haber música cool y comida igual, está genial. La idea esta padre, en cuanto el precio, no sé; es un poco complicado pagar por ir a una cena en medio de un concierto, lo bueno es que en este tipo de eventos hay algunas bandas que no son conocidas entonces te puedes dar el lujo de jalarte a otro lado, pero si no es así ni de chiste".

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En el food court del Nrmal.

Comentarios sobre la falta de promoción de #CocinaCentral para abrir el apetito de los comensales, estando en medio de un concierto de música y poco dinero en sus bolsillos para pagarlo, fueron pocos. El público quiere y pide buena comida al ritmo de cada bit dentro de los festivales musicales. Mientras pueda pagarlo, su apetito está abierto a cualquier propuesta.

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Sirviendo el chocosplit.

"Siento que eso de las cenas con maridaje es para gente más grande, no es para mí que tengo 26 años y seguramente me voy a emborrachar rápido", me dijo otra. "Sí vendría, pero temprano, algo así como un brunch que me haga empezar mi día verguísima y ya después destruirme".

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Bueno, tampoco se puede ser monedita de oro y adaptarse a cada necesidad de un público entero, pues hay mucho qué tomar en cuenta: horarios, costos y gustos. Habrá algunos que con su buena dotación de estupefacientes sea suficiente para disfrutar de dos días de festival y otros que piensen que las ofertas de comida forman parte esencial de una experiencia musical. Lo que es un hecho, es que la propuesta de #CocinaCentral es una idea gastronómica que empieza a llamar la atención de cualquiera. Probablemente en un futuro se vuelva indispensable para cualquier evento artístico.

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Tuétano a la parrilla, de Jorge García.

Jorge García abrió el telón de las sesiones gastronómicas con su cena Esto es Baja. "El menú lo vi como una manera de compartirle a la gente de aquí una experiencia de las cosas que yo disfruto cuando estoy en Baja California", me contó. La experiencia empezó con un tiradito de pescado presentado como platillo esencial de Baja California; en seguida la frescura de una tostada de ceviche atún, pulpo, erizo, almeja y camarón para homenajear a "La Guerrerense"; y como tercer tiempo: tuétano asado con cebollas encurtidas y tórtolas de maíz. Para los que lo probaron seguramente enloquecieron con este platillo, tanto como lo hicieron al escuchar a Lao, horas después. Para terminar, un postre más agringado: un chocosplit con frutos rojos, plátano dominico y helado de chocolate; el boost perfecto y azucarado para continuar la noche.

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Montaditos en pan de cerveza y ajo, de Raúl Góngora.

"La neta todos se la pasaron bien. Es una buena plataforma", dijo Jorge. "Es una oportunidad para mí de salir del restaurante, cocinar cosas que me gustan mucho y pasarla chido. Así como los músicos tienen sus propuestas nosotros como cocineros también".

Antes de ser chef, Jorge trabajaba en una banda de rap metal —algo como Limp Bizkit, para darles una idea—. "Creo que en la música como en la cocina hay que improvisar mucho, al estilo Jimmy Hendrix", me dice Jorge mientras termino mi postre y escuchamos Blue de Action Bronson.

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Caguatun, de Ezequiel Hernández.

En el segundo día del festival, el clima, el desvelo y la cruda te pedía a gritos una buena cerveza y comer algo que tranquilizara tu estómago o que fuera el motor para mover esos pies y empezar el día. El montaje del escenario gastronómico ya estaba listo para Ezequiel Hernández, chef y socio del restaurante Campo Baja.

Muchos pensarían que un menú fresco y ligero, elaborado principalmente de mariscos, amerita un ambiente tranquilo: un concierto de jazz tal vez o música que te haga bailar de lado a lado. Por más marihuana que hayas fumado y más prendido que andes, créeme: las hamburguesas, tacos y hot dogs mal hechos no son la solución. Imagina disfrutar de tu grupo favorito además de deleitarte con platillos como un escabeche frío de abulón y un caguatun. El panorama, la música y los sabores hacen la armonía perfecta que hacen que valga la pena exprimir tu cartera y pagar un boleto más para esta experiencia.

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Tártara de atún, de Raúl Góngora.

"Es la primera vez que vengo a un Nrmal o a un festival de música", me dice Ezequiel. "Siempre el tema de los eventos masivos, o de mucha gente que viene con diferentes expectativas es complicado porque cada quien viene en su rollo. Hay gente joven y más adultos y hasta gente mayor; eso es interesante. Es bueno lograr que un público tan plural llegue al mismo lugar y todos estén interesados, puede ser que no sea su objetivo principal, pero lograr sentarlos alrededor de una mesa siempre es muy gratificante".

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Nieve de mezcal con chapulines, de Raúl Góngora.

Como última sesión gastronómica, Raúl Góngora no pudo dar mejor cierre: dos montaditos en pan de cerveza con vegetales, como segundo tiempo una tártara de atún que se deshacía en tu boca y un lomo de atún con costra de pimienta y ajonjolí. Todo fue tan reconfortante como un apapacho de mi madre. Sentí que mi noche podía terminar ahí, pero la nieve con mezcal y chapulines que sirvió como postre, me llevaron hacia los ritmos de Fatima Al Qadiri con el estómago lleno y pasos torpes para bailar.

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Al final del día.

"El tema me queda claro que es la música, y estas sesiones gastronómicas son un complemento, y no dudo que el año que próximo pueda llegar a ser la comida algo tan importante como la música en este evento", dijo Ezequiel. "Y se nota. Creo que hubo un arranque el año pasado y creo que es muy buen camino recorrido". Creemos en sus palabras; queremos que estas propuestas gastronómicas hayan llegado para quedarse.

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Lomo de atún en costra de almendra y ajonjolí envuelto en jamón serrano, de Raúl Góngora. Montadito de Raúl Góngora.

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Tuétano y cangrejo, de Ezequiel Hernández. Escabeche frío de abulón, de Ezequiel Hernández.

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Tuétano asado con cebollas encurtidas, de Jorge García. La tostada especial de atún.

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El final.