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La guerra no detendrá a los vinateros asirios de Turquía

Desde hace miles de años, la comunidad cristiana asiria en Turquía produce vino casero. Hoy, continúan la tradición sin importar el clima bélico de la región.

por Didem Tali
20 Enero 2017, 2:00pm

En una tarde intensamente soleada a finales de otoño, Kuryakos Acar (30), miembro de la pequeña comunidad turca de Cristianos Ortodoxos Asirios, muestra orgulloso a los visitantes el monasterio donde pasó la mayor parte de su vida como estudiante.

Los asirios son un pueblo etnoreligioso indígena de Mesopotamia que hablan siríaco, una lengua aramea que es muy cercana al idioma que hablaba Jesús, explica Acar.

"Aunque solo quedamos unos 15.000 de nosotros aquí, no me considero una minoría", añade.

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Un minarete sobresale en lo más alto de la ciudad de Mardin, Turquía. Todas las fotos son de la autora.

"Éste ha sido nuestro hogar desde épocas remotas", dice, refiriéndose a Mardin y sus alrededores, una ciudad antigua en el sureste de Turquía, que está muy cerca de la frontera con Siria.

Sin embargo, aunque Acar siente profunda pasión por el monasterio Mor Gabriel de 1,700 años, su ciudad natal Mardin y su legado como ciudadano asirio en Turquía, tiene un trabajo diferente; durante las horas laborales es un vinatero.

El vino asirio —parte importante de la identidad cultural de la comunidad— ha sido fruto hasta hace poco de la producción casera y la obtención de uvas locales; es decir, cualquier cosa encontrada en los jardines de hogares y monasterios.

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El Monasterio Mor Gabriel.

"Amamos el vino, pero nunca bebemos para emborracharnos. Simboliza la sangre de Cristo y casi todas las familias asirias elaboran vino casero para beber una copa durante la cena", asegura Acar.

El vino y su proceso de producción en casa siguen siendo parte importante de las tradiciones familiares asirias. Muchos miembros de la comunidad poseen recuerdos gratos relacionados con el vino.

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Una Biblia siríaca.

"Producir vino requiere mucha fuerza física. Todos los miembros de la familia se reunían en el techo de la casa para ayudar", recuerda Edip Balci (52). Actualmente administra una tienda dedicada al vino y productos asirios en la vieja ciudad de Mardin, sus ganancias están dirigidas a la protección y mejoramiento del icónico Monasterio Mor Gabriel, el monasterio asirio ortodoxo más viejo del mundo que sigue en pie, el cual alberga una importancia espiritual y cultural enorme para las comunidades.

En ocasiones, el consumo de vino ha producido interesantes diálogos entre los asirios y la comunidad musulmana, quienes han convivido pacíficamente en Mardin durante siglos, a pesar de haber algunos malentendidos.

"Cuando no lográbamos hacer todo el trabajo nosotros solos, solíamos contratar a nuestros vecinos [musulmanes] para ayudarnos. A veces dudaban si participar o no, ya que el vino en el Islam es haram, pero todos necesitan ganar dinero".

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Una vinatería asiria en Mardin.

Balci y su familia descartaron algunos de los tabúes extendidos entre sus vecinos musulmanes acerca del vino. "Pensaban que añadíamos ingredientes pecadores para convertir la uva en vino; por lo que simplemente les explicamos el proceso de fermentación y cómo es que procede de Dios, no de la brujería asiria", agrega Balci entre risas.

Cuando AKP, el partido gobernante en Turquía desde 2001, inició un proceso de paz para terminar las décadas de conflicto entre las Fuerzas Armadas Turcas y los rebeldes Kurdos, Mardin empezó a ver el surgimiento de grandes inversiones y un boom en el turismo. Como resultado, la comunidad asiria, que había producido vino independientemente sobre los techos, decidió crecer y abrir su primera vinatería comercial en 2008.

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Vino asirio.

Ahora en 2017, el proceso de paz se ha debilitado, una guerra devastadora estalló en la vecina Siria y el turismo, apenas despuntando, se ha reducido abruptamente. A pesar de que la vinatería sigue activa, produce vino principalmente para los aficionados del vino casero. Habiendo dicho esto y teniendo en cuenta su historia y tradición únicas, la cultura asiria y el vino poco a poco han ganado atención a nivel internacional.

"Los asirios tenemos una cultura y tradiciones extremadamente ricas, ya sea nuestras artesanías en plata, los monasterios, la comida o el vino. Los magnates del turismo y las cadenas hoteleras están conscientes del potencial de mercado, el cual impulsó el interés en nuestro vino", dice Balci.

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"Estoy feliz de generar cierta atención, pero entonces nuestra cultura se convierte solo en un objeto exótico de consumismo", añade Balci, quejándose de los hipsters que consumen vino asirio para ser cool y estar a la moda, sin entender o apreciar la profunda cultura que hay detrás.

"Ahora que [el vino asirio] se está volviendo un poco famoso, muchas personas [dentro de la industria] están tomando ventaja. Producen vino [no asirio] y lo etiquetan como 'asirio' para venderlo. Mancha la reputación de nuestro vino. Esos productos no son para nada como los vinos deliciosos y orgánicos sin aditivos que nosotros producimos".

A pesar de la crisis en la región y la apropiación cultural de sus productos, los vinateros asirios siguen siendo optimistas respecto a su vino, mientras su reputación internacional crece lentamente.

"Nuestro vino tiene mucho potencial y creo sinceramente que puede volverse de talla internacional con nuestros esfuerzos, especialmente si las cosas mejoran en la región", dice Acar. "Pero incluso si nadie lo compra, seguiremos haciendo vino para disfrutar, tal y como lo hemos hecho durante miles de años".