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El sexo, las drogas y la música es lo mismo para tu cerebro

Tomar una pastilla que bloquee el efecto de las drogas también arruina el disfrute de la música.
Yvette De Wit/Unsplash

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud.

Bob Marley traía algo entre manos con todo eso de "cuando [la música] te pega, no sientes dolor": De acuerdo a una nueva investigación de la Universidad de McGill, en Montreal, el cerebro parece procesar la música de la misma forma en la que procesa narcóticos para el dolor.

El estudio, publicado en el diario Scientific Reports, examinó cuánto disfrutaban los sujetos de sus canciones favoritas una vez que tomaban el bloqueador de opioides, naltrexone, y cuando tomaban una pastilla placebo. Los investigadores usaron tanto medidas de movimientos musculares como las declaraciones de los sujetos estudiados para medir su placer. Por márgenes estadísticamente significativos, los sujetos disfrutaron menos de su rola favorita mientras estaban en naltrexone –una droga que apaga los receptores opioides del cerebro y que se les receta a adictos para hacer que su sustancia de escogencia sea menos placentera- que en el placebo.

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"El sistema opioide es la gran pregunta", dijo Daniel Levitin, autor principal del estudio, y del libro Este es tu cerebro en música. "Sabemos de estudios en animales que las mismas áreas del cerebro afectadas por opioides son afectadas por la comida y el sexo… No sabíamos mucho de la música porque los animales no disfrutan escuchar música".

Levitin dijo que la inspiración para el estudio vino de una conversación con Paul Simon (sí, dijo que "habla regularmente" con ese Paul Simon). Una investigación anterior sobre el cerebro y la música midió la reacción de los sujetos a canciones elegidas por el investigador. Pero, lo que se considera música agradable es algo altamente subjetivo (como lo sabe cualquiera que haya estado en un viaje largo en auto con su hermano). Simon sugirió observar cómo reaccionaban las personas a sus propias canciones favoritas, lo cual Levitin vio como una forma de recuperar el "control emocional" que se sacrificó al hacer que los sujetos reaccionaran a la música que los investigadores escogieron y que al parecer no tenían ningún efecto en ellos.

En las palabras del estudio, se les pidió a los diecisiete sujetos que "trajeran al laboratorio dos canciones que genuinamente les produjeran sentimientos intensos, incluyendo, mas no limitado a, la sensación de escalofríos ". Entre las selecciones se encontraban "Lonely Boy" de The Black Keys, "Primavera" de Santana, "Creep" de Radiohead, "Turn Me On" de David Guetta con Nicki Minaj, "Comfortably Numb" de Pink Floyd y Overture: The Marriage of Figaro de Mozart.

Levitin no se sorprendió de que hubiera algunas rolas desalentadoras. "Muchas personas sienten mucho placer con canciones tristes", dijo. "Cuando escuchamos canciones tristes, el cerebro libera la prolactina neuroquímica, el mismo químico reconfortante que una madre libera cuando amamanta a un niño y que se encuentra tanto en la madre como el niño [durante la lactancia]. Cuando nos sentimos tristes e incomprendidos, ese químico se libera para mostrarnos que no estamos solos".

Los sujetos se pusieron los audífonos y los investigadores midieron sus movimientos involuntarios. Los sujetos también controlaban una escala deslizante con la cual reportaban cuán compenetrados se sentían con la canción cada cierto tiempo. La escala iba del 0 al 100 –donde el 0 presuntamente representa como uno absorbe el jazz suave que se toca en Panera Bread y 100 una experiencia a la par de poner un casete de Queen en el reproductor de un Mirthmobile.

Aunque no sabían cuando estaban en naltrexone, las respuestas fueron mucho menores cuando lo estaban. El estudio concluyó que "la música usa los mismos caminos de recompensa que la comida, las drogas y el placer sexual" –lo que puede ser una explicación científica de porqué el sexo, las drogas y el rock and roll son una combinación tan ganadora.