no quiero comparar pero...

5 razones por las que Luis Suárez fue mejor fichaje que Neymar

Después de Samuel Eto'o, el Barça vuelve a tener un '9' auténtico: Luis Suárez fue una de las grandes claves de los éxitos del club azulgrana la pasada temporada.

por Jordi Mestre
14 Octubre 2015, 12:45pm

Foto de Sergio Pérez, Reuters

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Sé que todos amáis las listas. ¿Y quién no? Te cuentan cosas de una forma esquemática, de manera que esencialmente no tengas que pensar demasiado. Y no nos engañemos, a nadie le gusta pensar demasiado, puesto que el resultado suele ser el cuestionamiento de la propia vida, el descubrimientode un terrible vacío interior, y en última instancia el alcoholismo y la muerte... o salir de fiesta y terminar desayunando en un 'fast-food', que viene a ser lo mismo.

Es por ello que me gustaría recopilar en una lista, resumiéndolas en cinco conceptos básicos, las razones por las que considero que el delantero uruguayo Luis Suárez fue mejor fichaje para el FC Barcelona que el mediapunta brasileño Neymar Jr.

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Antes de empezar quiero dejar una cosa muy clara: en ningún momento pretendo dar a entender que Suárez sea mejor futbolista que Neymar. Primero, porque comparar jugadores y decir "éste es el mejor" me parece estúpido; y segundo, porque estamos hablando de dos jugadores mayúsculos, candidatos sin duda al Balón de Oro (por absurda que sea la lista este año). En el caso de Ney, además, se trata nada menos que del '10' de la 'canarinha', uno de los dorsales con más peso y responsabilidad del fútbol mundial.

No: mi humilde disertación solo pretende explicar por qué fichar a Neymar por 65 millones de euros en 2013 (bueno, dicen) fue una peor operación que firmar a Suárez en 2014. Al lío.

"¡No uno, sino dos como yo os harían falta!". Foto de Sergio Pérez, Reuters.

1. Verticalidad

La etapa de Pep Guardiola como entrenador del Barcelona fue brillante. No solo se ganaron multitud de títulos: además, se lograron de forma espectacular. El equipo mutaba cada año para adaptarse a sus piezas, pero siempre dentro de una misma idea de juego, clara y definida.

No obstante, esa idea —como todas las demás, por supuesto— tenía y sigue teniendo defectos. Si el Juego de Posición no se ejecuta bien, los pases que deben servir para desordenar al rival se terminan transformando en un concierto de puro sopor. En otras palabras: pasarse la pelota solo por el mero hecho de pasársela no sirve de nada.

Para que todo tenga sentido, no solo es necesario que los jugadores sean disciplinados y se muevan según las necesidades del equipo: también es importante que muestren verticalidad. Los delanteros deben poder recibir el cuero y jugarlo con sus compañeros, pero jamás deben olvidar una misión muy importante: desmarcarse constantemente para provocar desorden en el contrario.

En esto, Luis Suárez es un auténtico maestro. Sus movimientos son siempre agresivos: su hiperactividad fuerza a que varios defensas estén pendientes de él en todo momento, lo cual a su vez permite que sus compañeros de equipo vivan más liberados y tengan más tiempo para pensar. Suárez es una apisonadora que pica, arrastra, recibe de espaldas y se desmarca. Un futbolista que corre, corre y corre, en definitiva: un dignísimo heredero del gran Samuel Eto'o.

Para el equipo azulgrana, que había estado un par de años pasándose el balón sin un objetivo claro, esto soluciona infinidad de problemas.

Aquí tenemos a Luis Suárez en modo Need for Speed. El uruguayo es un auténtico quebradero de cabeza para los defensas rivales. Foto de Joseba Etxaburu, Reuters.

2. Agresividad

Entroncando con lo anterior, Suárez muestra agresividad no solo en ataque, sino también en defensa. Cuando el equipo pierde el balón, el uruguayo se convierte en el primer defensor: pelea por cada balón como si fuera el último, incomoda a los contrarios, cierra vías de avance a los rivales.

Curiosamente, en esto también se parece a Samuel Eto'o: su actuación no solo acula a los rivales por el peligro que representa con balón, sino que también les intimida cuando no lo tiene. En cualquier momento Suárez puede provocar un fallo, robar el cuero y poner en serios problemas la salud cardíaca del entrenador contrario.

Toda esta agresividad, además, tiene otra ventaja: se transmite. Los compañeros ven a un tío corriendo como un tarado y piensan, "eh, yo no voy a ser menos". Una de las razones del fichaje de Dani Alves en 2008, según el propio Guardiola, fue el hambre que demostraba el brasileño al perder el balón y su capacidad para contagiar a su equipo; Suárez añade aún más mordiente, si se me permite la broma horrible (vale, perdón, no me tiréis piedras).

Tocar las narices a los porteros es una de las grandes especialidades de Suárez... en la acepción más amplia de la expresión. Foto de Max Rossi, Reuters.

3. Determinación

Habrá quien discuta este punto, y números en mano es ciertamente discutible: si la determinación se valorase solo en cifras de goles, podríamos decir que Neymar es brutal en este aspecto, y no nos faltaría razón. Sin embargo, hay algo que normalmente solo tienen los delanteros, un intangible dificilísimo de computar: las ansias de meter la pelotita en el marco rival.

Ojo porque no es tan banal como parece. Los futbolistas talentosos, como es lógico, gustan de tener el balón, mimarlo, jugar con él y ser felices: los delanteros prefieren meterlo dentro de los tres palos tantas veces como sea posible. Chutan desde cualquier parte, están atentos a los rechaces, no se lo piensan dos veces cuando están en las cercanías del área.

De algún modo, la determinación es esto: la voluntad clara de agarrar la puñetera pelota y mandarla al fondo de las mallas. Y de eso Suárez sabe un rato. En un equipo marcado, como antes decíamos, por la voluntad de retener el balón lo máximo posible —al menos en los últimos años; con Luis Enrique esto parece haber cambiado—, esta cualidad adquiere un valor aún mayor de lo habitual (y de serie ya es valiosísima).

Sí, he elegido la foto porque Neymar sale al fondo y difuminado, mientras que Suárez aparece nítido y en primer término. Todo está pensado al milímetro (?). Foto de Sergio Pérez, Reuters.

4. Altura

Vale, ahora os reiréis de mí por la obviedad. Lo entiendo, no pasa nada, pero ello no cambiar que Luis Suárez, con su 1,82m, es un jugador alto. No es una torre de proporciones titánicas como Thibaud Courtois o nuestro amado Zlatan Ibrahimović, pero es un tío grande. Y eso ayuda, porque además el tipo sabe aprovechar su altura.

(Querría hacer un inciso, porque aquí nos encontramos siempre con un tópico falso: en este deporte, ser alto no implica necesariamente ser bueno por alto. Mirad a Sergio Busquets: es un fenómeno, pero no destaca en absoluto por su juego aéreo a pesar de sus 189 cm. En cambio, Henrik Larsson era un maestro a pesar de medir solo 1,77m. Destacar en esta faceta depende mucho más del 'timing' del salto, la agresividad del saltador y la técnica de remate que de los centímetros. Fin de la cita).

Volvamos a Suárez. El uruguayo es bueno por alto. Su tren inferior es muy potente y su tiempo de salto es adecuado; su técnica de remate es más que correcta, y si algo no le falta es agresividad. Tenerle en el equipo permite diseñar jugadas a balón parado con él como objetivo... o como distracción, por qué no: los defensas siempre están pendientes de él, y ello permite que sus compañeros (especialmente los defensas; que se lo digan a Marc Bartra) lleguen más solos a posiciones de remate.

Por si fuera poco, Suárez es una inestimable ayuda en defensa; colocarle en el primer palo (como hacía el Barça de Guardiola con Thierry Henry, o el Real Madrid de Mourinho con Cristiano Ronaldo) significa que muchos balones colgados ni siquiera llegan al área, porque un tío grandote los corta antes —y, quién sabe, quizás hasta monta un contraataque y te destroza vivo.

"Muy bien, Luisito: sigue comiendo sopas y metiendo goles y llegarás a ser tan alto como yo". Foto de Max Rossi, Reuters.

5. Adecuación

Este quinto punto en el fondo no es más que una compilación de los anteriores, pero creo que era necesario incluirlo. Cuando Neymar llegó, el equipo ya tenía un '10' —nada menos que Leo Messi—; cuando Suárez llegó, sin embargo, no había un auténtico '9'. Sencillamente, las necesidades del equipo en 2013 no parecían reclamar a un 'trecuartista' como el brasileño —y menos aún como única incorporación, pero este es otro tema.

Más allá de las irregularidades del fichaje (y de que incorporar a futbolistas directamente de Sudamérica, sin paso previo por Europa, suele ser un mal negocio para los grandes clubes españoles), parece claro que Neymar ni llegó en el momento adecuado ni aterrizó en un equipo que necesitara explícitamente sus características.

Si hay algo que hemos aprendido con los años es que hacer fichajes "estratégicos" —bien para que rindan en años venideros o bien para quitárselos a un rival— no es una buena política si lo que se persigue es el rendimiento inmediato. Suárez, a diferencia de Ney, llegó a una escuadra que necesitaba precisamente lo que él es.

Luis Suárez permitió al Barça encajar las demás piezas sobre el campo y sumar al equipo lo que éste más necesitaba. A pesar de su elevadísimo precio, fue un excelente fichaje, a mi entender mucho más adecuado que el de Neymar en su día.

Dicho esto, es muy probable que Neymar Jr. consiga un Balón de Oro en la próxima década, porque es un superfenómeno histórico. ¡Lo cortés no quita lo valiente!