Hace unos meses se cumplieron 20 años de un evento que puede parecer muy particular, pero deja de serlo si lo situamos dentro de los Estados Unidos. Sí, cerca de 80 personas murieron y en teoría (sí, sí lo fueron) más de cien mujeres, niñas y niños fueron violados y/o abusados sexualmente en nombre, obviamente, de Dios. Pasó en Waco (qué coincidencia con wacko), Texas y todo se debió a un tal David Koresh, a los davidianos y a la ATF (la Agencia de Tabaco, Alcohol y Armas de Estados Unidos).
Koresh era el líder de una de esas sectas raras que caracterizan a los Estados Unidos. En este caso se trataban –en realidad siguen siendo, pero no me adelanto– de los davidianos. Los davidianos eran o son, pues, unos paranoicos que desconfiaban de todos y creían, como buenos sectarios, que el mundo se iba a acabar en los noventa. No pasó (oh sorpresa…), pero la idea fue suficientemente convincente como para atrincherarse en un racho en Texas con un arsenal capaz de qué quieres, ¿arrasar con un pueblo o una pequeña ciudad? Sí. La ATF ahora junto con el FBI, por supuesto, no iba a permitir esto. Además, su líder, sí, Koresh, tenía acusaciones o por lo menos estaba bajo la sospecha de practicar la poligamia con menores (tenía al parecer más de 120 esposas que la mayoría de ellas eran menores de edad), violaciones y actos de pedofilia. Así pues, tanto el FBI como la ATF han de haber estado bien encabronados con este señor. Y por lo que hicieron, podríamos decir que sí lo estaba.
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El 28 de febrero de 1993 la ATF llegó a las afueras del rancho donde se encontraban los davidianos para incautar el arsenal que ahí tenían, pero cómo mierdas te haces de tantas pinches armas para soltarlas así nomás porque sí… y más si el mundo se iba a acabar. ¡Tenían que defenderse! Y pues así hicieron. Entre agentes y davidianos, unas 10 personas murieron ese mismo día. El FBI vio medio pendejos a los de la ATF y decidió sitiar el rancho. Duraron 51 días afuera del lugar hasta que el 19 de abril se incendió el edificio principal del rancho y cerca de 80 hombres y mujeres, niñas y niños murieron calcinados. ¿Cómo se llegó a eso? Hay un documental que habla sobre este episodio (Waco: The Rules of Engagement) y un chingo de artículos y reportajes al respecto.

Ahora, si no hay música involucrada en esto, ¿por qué mierdas estoy hablando de Waco y los Davidianos? Pues no, sí hubo música, y no muy de acuerdo a las circunstancias. Antes de los 80 muertos, hubieron rezos tibetanos a todo volumen. Fueron utilizados por la ATF y el FBI para, digámoslo con la palabra que merece, torturar a quienes se encontraban dentro del rancho en Waco. Durante las cincuenta y tantas noches que duró el sitio, música pop, cantos tibetanos, sonidos de jet y chillidos de conejos siendo matados fueron reproducidos a través de enormes bocinas para impedir que quienes estaban dentro pudieran dormir y “se rindieran”. Como que a los gringos les gustó eso de usar música para torturar y sobre todo, para lograr rendir a su enemigo.
¿Qué habrá pasado por la mente de quien decidió utilizar los cantos tibetanos? ¿Sus padres lo torturaban con eso cuando él era chico? Digo, hagamos la comparación… conejos muriéndose, Nancy Sinatra (“These Boots Are Made For Walkin” fue parte del “soundtrack”), dicen por ahí que “Knocking On Heaven’s Door” de sí, obviamente Guns And Roses, jets, no sé… ¿Por qué relacionar música, cantos, rezos con un evento como éste? Ni idea… Lo curioso es que, leyendo artículos sobre los davidianos y Waco, se preguntan si los cantos tibetanos, junto los chillidos de los conejos, eran apropiados para los niños que estaban dentro del rancho. Podrían estar siendo violados y demás, pero vaya, escuchar cantos tibetanos, eso sí que es una tortura… En fin, grupos de monjes tibetanos, cuyo líder, el Dalai Lama, ha ganado el premio Nobel de la Paz (cualquier cosa que eso signifique), protestaron por la decisión de utilizar sus rezos para privar del sueño a los davidianos. Los gringos hacen todo lo posible por crear paradojas e ironías impensables…
Lo curioso es que diez años después, quienes sobrevivieron a la redada y al sitio en Waco, refundaron la iglesia que David Koresh refundó basándose en los textos y enseñanzas de un tal Victor Houteff. Ahora, los davidianos que andan por ahí veneran a David Koresh, aquel pederasta y violador, pero a la vez mártir (que a final de cuentas es lo que importa en las religiones), y esperan su segunda venida… y conociendo al viejo Koresh, ahí sí que no sé de qué tipo se habla.
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