Fotos

Mi solitaria vida como fotógrafo de animales salvajes

Tras la imagen de fondo de escritorio de tu ordenador hay un trabajo de infinita paciencia y soledad.

por Pierre Longeray; fotografías de Michel d'Oultremont
28 Febrero 2020, 4:30am

Michel d'Oultremont en reportage.

“Lo que hago, básicamente, es esperar”. Así resume Michel d’Oultremont su trabajo. Este belga de 27 años, que en 2018 recibió el premio Wildlife Photographer of the Year, lleva casi diez años recorriendo llanuras nevadas de todo el mundo en busca de bueyes almizcleros, aves exóticas y nutrias que retratar. Sus fotografías han aparecido en National Geographic y están recopiladas en tres libros fotográficos. D’Oultremont es también embajador de Canon e imparte clases de fotografía natural en Bélgica, actividades que le permiten subsistir.

Para obtener la fotografía perfecta, d’Oultremont a veces debe pasar un mes entero solo en zonas tan remotas como los Cárpatos, en el norte de Rumanía, la isla japonesa de Hokkaido y el parque de Yellowstone, en Estados Unidos. Oculto en un pequeño recoveco y cubierto por ramas de árbol, aguarda inmóvil durante ocho horas al día, esperando pasar inadvertido por la fauna del entorno. D’Oultremont ya se ha acostumbrado a ese estilo de vida y, de hecho, disfruta de la soledad. Lo llamé por teléfono ⎯antes de su expedición al Himalaya para retratar leopardos de las nieves⎯ para que me contara cómo es tener un trabajo tan exigente y solitario.

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Búhos en vuelo

VICE: Hola, Michel. A mucha gente le encantaría tener tu trabajo. ¿Cómo empezaste?
Michel d’Oultremont: He sentido curiosidad por la naturaleza desde que era pequeño. Solía pasear por los campos y bosques que había donde vivía, al sur de Bruselas. Cuando tenía 12 años, empecé a adentrarme más en los bosques con mi amigo para observar a los conejos, las aves, los zorros y los ciervos. Luego, en 2007, descubrí un festival de fotografía natural en la cercana ciudad de Namur, en el que proyectaban una película sobre las vidas secretas de los fotógrafos de vida silvestre. De repente, todo encajó. Me gasté todos los ahorros en un teleobjetivo y así empezó todo.

¿Cómo buscas buenos lugares para observar animales?
Obtengo información de expertos en fauna silvestre y guardabosques, pero la verdad es que me ayudo mucho de Google Maps. Busco las lindes de los bosques, donde suele haber mayor biodiversidad, los pantanos y los senderos que pueden recorrer los animales. Además, resulta muy útil encontrar un buen sitio que usar como puesto de observación.

¿Qué es exactamente?
Es un escondrijo camuflado que ha de ser fácil de montar, como una pequeña tienda o unas cuantas ramas de pino y una red. En Europa ⎯al menos en Francia, Suiza y Bélgica⎯, los animales tienen mucho miedo de la gente por culpa de los cazadores. Por tanto, acercarse a ellos es todo un desafío. Uso objetivos grandes, pero aun así debo estar físicamente cerca de los animales para sacar fotos interesantes.

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En las Ardenas belgas

¿Pasas mucho tiempo esperando?
La vez que más esperé fue en Croacia, fotografiando osos. Estuve 72 horas aguardando en el mismo lugar, donde también cocinaba y dormía. A veces, cuando estoy en casa, voy a un pantano cercano para fotografiar aves de humedal. Monto mi tiendecita y me quedo ahí un día o dos. Es genial cuando, al cabo de un tiempo, los animales dejan de tenerte miedo: las aves se posan en la tienda y los zorros se echan a dormir a tu lado. Te conviertes en parte de su hábitat.

¿Y no notan tu olor?
El verdadero enemigo de la fotografía natural es el viento. Cuando retratas mamíferos, has de estar muy pendiente porque, como te huelan, no se van a acercar. Un ciervo es capaz de oler a un humano a 300 metros. Con las aves es mucho más fácil porque no tienen olfato.

¿Cómo gestionas el tema de las necesidades fisiológicas?
Cuando no estoy en el puesto de observación, es fácil: cavo un hoyo y listo. Si tengo que pasar mucho rato esperando escondido, hago pis en una botella y caca en un táper o una taza. Qué poco glamur, ¿verdad?

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Combate búfalos

¿Alguna vez has corrido peligro?
Me he encontrado un montón de lobos y osos, pero los animales no me dan miedo. Son curiosos y, de hecho, son ellos los que nos temen a nosotros. Una vez, en Croacia, un oso intentó trepar hasta mi torre de observación, a tres metros de altura. Consiguió meter la cabeza y una pata por la entrada. Me puse a gritar y a darle golpes en la pata para asustarlo y al final se fue corriendo. Durante las tres horas siguientes no podía parar de temblar.

Entonces, ¿cuál es tu plan en caso de que te ocurra algo?
Hace poco invertí en un GPS con un botón SOS. Aunque da tranquilidad a mi novia y mi familia, no va a evitar que pase algo si tiene que pasar, la verdad. La vida es así.

¿Cuánto duran tus viajes?
Un mes. Si estoy menos tiempo, las fotos no son tan buenas. Hacen falta dos semanas para empezar a conocer el entorno. Tienes que conocer los hábitos de los animales, la zona, pensar qué tipo de imágenes quieres crear. Hasta que no tengas claro todo eso, no vale la pena sacar la cámara. Un mes en solitario puede hacerse muy largo, sobre todo si no has hecho ni una sola foto. ¡Y eso ocurre! A veces no tienes suerte.

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Sobre la isla de Hokkaido en Japón

¿Y no te mueres de aburrimiento?
La verdad es que no. Entras en una rutina y solo piensas en lo que tienes que hacer. Cada mañana, me levanto y pongo agua a hervir (proceso que puede prolongarse si está congelada). Luego, desayuno y me dispongo a hacer fotos. A veces me voy con las manos vacías porque no veo ni un ave. Eso, por lo general, significa que tengo que prestar más atención, porque siempre hay actividad. Cuando cae la noche, vuelvo a hervir agua y me cocino algo. Una vez estoy tapado con la manta, agotado por las temperaturas glaciales, empiezo a pensar en la siguiente jornada, a planificar qué fotos quiero hacer y desde dónde quiero tomarlas. Entras en una dinámica extraña y te olvidas del resto del mundo.

¿Hablas contigo mismo?
No, no tengo esa costumbre. El otro día lo comentaba con un amigo, un fotógrafo suizo. Él siempre se habla a sí mismo cuando está de expedición. Yo no pronuncio ninguna palabra, pero hablo para mis adentros.

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¿Te gusta estar solo con tus pensamientos?
Hoy día es muy difícil encontrar momentos en los que dejar divagar la mente. Para mí, es una necesidad. El trabajo es una forma de aliviar esa presión. En lo más profundo de los bosques puedes desconectar y cuestionarte cosas interesantes.

¿Es duro volver a la normalidad después de pasar tanto tiempo en completa soledad en plena naturaleza?
Me alegra volver a ver a otras personas, pero necesito un tiempo para adaptarme. Lo mismo pasa cuando salgo de expedición: necesito tres o cuatro días para hacerme a la idea de que estoy solo. Cuando vuelvo a casa, no me apetece ver a nadie de inmediato. Pero luego, en menos que canta un gallo, estoy montando una barbacoa.

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