Música

“Yo solo quiero tocar”: las mujeres bateristas en el jazz

A través de los años, más de una dama baterista ha respondido de esta manera sencilla a la pregunta insidiosa: “¿por qué elegiste ese instrumento?“. Desde Pauline Braddy en los años del swing hasta Karen Carpenter en la década de los setenta del siglo pasado, las pocas y extraordinarias mujeres bateristas del jazz han tenido que responder de forma tajante y decorosa a un cuestionamiento que de alguna manera resume una tara patriarcal vergonzosa en la historia del jazz.

Desde la prehistoria del género, la batería y los instrumentos de viento han estado avocados al estereotipo masculino. De eso nos da cuenta esta cita tomada de la segunda edición del New Groove Dictionary of Jazz (Oxford Press University, 2003): “Las mujeres han participado en cada instrumento, en todos los estilos, y en todas las épocas de la historia del jazz. Sin embargo, con la notable excepción de las cantantes y un buen número de pianistas, las intérpretes de jazz femeninas han sido pasadas por alto de forma continua en las zonas más prestigiosas de la práctica, la comercialización, y la documentación”.

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Por mera curiosidad, revise usted, querido lector, cualquier diccionario de jazz. Le sorprenderá que, por ejemplo, ni la mencionada Pauline Braddy, ni Viola Smith, ni Mary McClanahan o Dottie Dodgion —artífices todas ellas de un estilo único forjado a pulso en la era del swing— cuentan con reseñas críticas ni discográficas de su trabajo. Ni que decir de referentes modernos como Cindy Blackman, Terri Lyne Carrington o Susie Ibarra.

The Big Bands Women drummers: A history from rock and jazz to blues and country American women in jazz: 1900 to the present: their word, lives, and music


En la retaguardia: del swing a nuestros días

Antes de la Segunda Guerra Mundial no hay registros de mujeres que hayan asumido el rol de la batería en el jazz. Cuando los hombres fueron a la guerra se conformaron varias bandas de mujeres que alcanzaron cierta notoriedad y personalidad propia. Aún cuando pactaban con la industria condiciones laborales que a todas luces resultaban sexistas —modificaban en muchos casos su vestimenta para parecer hombres— estas orquestas de mujeres, contra todos los códigos, fueron parte crucial del divertimento popular como lo fue el caso de la International Sweethearts Of Rhythm, primera banda de jazz integrada en su totalidad por mujeres que hizo su aparición en los Estados Unidos. Comandada por la cantante, pianista y guitarrista Anna Mae Winburn, la International Sweethearts Of Rhythm contó con la presencia de Pauline Braddy, una baterista nacida en Mississippi en 1920. De la misma talla vertiginosa que Gene Krupa, “Big” Sid Catlett y Jo Jones —quien fue uno de sus admiradores más furibundos—, la reputación de Braddy no se disparó por el hecho de ser mujer. Esto no le impidió a ella y la banda girar por Europa, grabar varias películas y tocar en teatros emblemáticos como el Apollo en Nueva York o el Regal en Chicago. Los cierto es que el jazz perdió mucho al no reconocer el talento de Braddy, quien, por prejuicios machistas, no tuvo la oportunidad de tocar ni grabar con otros músicos que no fueran parte de su orquesta.

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Soños e delirios De viento y de sal free se mantiene activo y fijo desde hace una década.

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(El texto completo de Luis Daniel Vega fue escrito para las Notas al Programa del Banco de la República. Para ir al original hacer click aquí)

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