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Así es como Conor McGregor se merendó a otro rey

La historia de la pelea de McGregor - Álvarez fue la misma que la de sus mejores combates. Examinamos las claves y los mejores fragmentos del UFC 205.

por Jack Slack
15 Noviembre 2016, 11:15am

Photo by Adam Hunger-USA TODAY Sports

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Conor McGregor ya acumula dos de las más codiciadas coronas del UFC. Dios salve a Dana White en su próxima negociación.

La historia del combate entre McGregor y Álvarez fue la misma que todas las anteriores en la carrera de McGregor: la combinación de sus puños, de su capacidad de para eludir los golpes de izquierda, su empuje y sus fulminantes contraataques, noquearon a su adversario. Eddie Álvarez, un boxeador que siempre se había mostrado más peligroso que sus rivales más bajitos, perdió su ventaja de cinco centímetros de alcance (de 69 a 74), y confió demasiado en su juego de manos para completar su combate.

A Jones le esperaba una pelea difícil si dependía demasiado de sus armas habituales. En su favor hay que decir que intentó variar su repertorio desde muy temprano, con una insólita galería de golpes bajos. La patada baja es una de las estrategias favoritas para enfrentarse a luchadores zurdos. Claro que puede volverse en contra de ambos adversarios cuando la pierna que dirige los movimientos del luchador zurdo está naturalmente metida hacia adentro, porque entonces crea una colisión de espinilla contra espinilla; o peor, de pie contra pie.

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La clave para contrarrestar el gancho de izquierda de McGregor, y el motivo por el que no verás golpes como ese noqueando a púgiles, es avanzar sin abrirse demasiado. El doble jab, la finta de patada con la pierna delantera que luego termina deslizándose hacia atrás, y los ganchos dobles de derecha son todas opciones que permiten ejecutar tal movimiento. No cabe duda de que Álvarez se había estado entrenando claramente para hacerlo, sin embargo, cada vez que intentó conectar los ganchos consecutivos, se encontró con que McGregor le interceptaba todo el tiempo entre el primero y el segundo.

El timing del irlandés fue mucho más preciso durante todo el combate, mientras que Álvarez pareció confiarse demasiado en sus ganchos, cuando es posible que le hubiera ido mucho mejor si hubiese movido más a McGregor por el cuadrilátero. Entonces podría haberse aprovechado más de sus golpes fallidos y de su bajada de guardia, para luego intentar beneficiarse del McGregor más cauteloso de los asaltos posteriores.

El mismo Álvarez relató de manera muy honesta y precisa su actuación. El estadounidense reconoció que su plan no era boxear contra McGregor, si no que había sido provocado para hacerlo. Aquí siempre intentamos analizar las triquiñuelas que se emplean en el cuadrilátero, aunque lo cierto es que el enfrentamiento más técnico se construye parcialmente en las decisiones tomadas bajo presión y parcialmente con la disciplina.

Los "juegos mentales" empleados por McGregor y otros púgiles se han convertido en un lugar común para aquellos que seguimos el deporte y escuchamos el término a cada rato. Claro que cuando el púgil se olvida de que todos los juegos mentales te trabajan para que pierdas la compostura, es cuando empieza a estar perdido. McGregor volvió a demostrar su talla con un nocaut en el segundo asalto, una nueva y brillante actuación que le ha encumbrado a lo más alto del UFC, una disciplina en la que ya acumula sendos cinturones, y que ha cambiado drásticamente desde que él está en el ring.

El combate ha sido una de las actuaciones más completas de McGregor hasta la fecha, y sin duda su mayor logro, y también ha servido para desentrañar sus hábitos y su estilo. McGregor mantuvo una postura erguida notable y estuvo muy solvente contrarrestando los golpes de su rival.

Sin embargo, su manera de adelantar su cabeza respecto a sus caderas cada vez que intentaba conectar un gancho de izquierdas, podría haberle costado cara. Este hábito ya le trajo problemas en su primer enfrentamiento contra Nate Díaz, quien consiguió usar su guardia de manera más cómoda y atacar con más insistencia a su rival. Atraer a McGregor para conectar tales ganchos puede convertirse en una inmejorable estrategia para un púgil de alcance y altura similares. Sin embargo, para un luchador de menor estatura, quedarse expuesto al alcance de los golpes de McGregor puede ser una experiencia demoledora.

¿Un nuevo candidato se acerca?

Entre los púgiles que saltaron a la lona antes que McGregor destacó un joven al que cabría considerar como futuro aspirante, Khabib Nurmagomedov. En su combate contra Michael Johnson, se le percibió agarrotado de pies, parapetada en una guardia extraña que no le favoreció en absoluto, ya que Johson pudo trabajarle con ganchos directos de izquierda por el centro. Claro que a la que Nurmagomedov conectó su golpe, todo cambió. Ahí Johnson tuvo abrirse, y su rival le arrinconó contra las cuerdas, hasta tumbar al artista estadounidense del nocaut.

Nurmagomedov destrozó a Johnson a partir de una media guardia. Lo fascinante de Khabib es que no parece importarle que su rival le alcance las piernas con golpes bajos. Cuando ello sucede, se apoya sobre su peso y les golpea en la cabeza, hasta que estos se rinden para protegerse.

En realidad, lo mejor del repertorio de Khabib parece consistir en sentarse o arrodillarse sobre los brazos de sus rivales, mientras intentan abrirles la cabeza a puñetazos y codazos limpios. Más adelante, se quedó de pie sin esfuerzo, en guardia, mantuvo su gancho por debajo del brazo, y deslizó la rodilla sobre el brazo de Johnson, el mismo que ya estaba atrapado entre sus piernas. Esta postura de crucifijo es una de las favoritas d Nurgmagomedov.

Durante el primer asalto, mientras Johnson colocó su peso sobre un codo, Nurmagomedov se estiró y deslizó la rodilla hacia un lado para montarse a su adversario. Consiguió tomarle por la espalda y sostener su pierna izquierda, hasta reducir a Johnson a una extraña posición, a medio camino entre la inmovilización por la espalda y la montada, en la que ninguno de los dos podía avanzar. Siguió intentando recuperar la posición, algo que intentó colocando todo su peso sobre el codo de su adversario, y que le granjeó varios codazos y puñetazos.

Y Nurmy hizo alarde también de otra de las virtudes por las que se le recordará: por su manera de inmovilizar a su rival con la rodilla sobre el cuello. O para ser más exactos, con ambos rodillas, una sobre el cuello y la otra sobre el abdomen. Mientras Johnson se revolvía para contener la presión sobre su garganta, la rodilla de Nurmagomedov se deslizó hacia arriba, e interceptó la mano de Johnson antes de que este llegara a moverse de nuevo, e intentara de nuevo erguirse sobre su codo, lo que le dejó, de nuevo, la espalda descubierta, y volvería a dejare postrado en la misma y horrible posición.

Johnson, de hecho, se vio atrapado en la misma posición en dos ocasiones, y fue castigado severamente en el proceso. El final del combate se produjo con un kimura en el tercer asalto. Lo cierto es que si se cumplen los pronósticos y Nurmagomedov termina convirtiéndose en el siguiente rival de McGregor, será fascinante analizar de nuevo la contienda con Johnson. Nurmy estuvo contra las cuerdas tras recibir varios ganchos en el rostro. Pareció que no tuviera recursos ni para interceptarlos ni para negociarlos durante el primer minuto de combate. Luego buscó el derribo, y castigó sin contemplaciones a su adversario, una vez le ganó la posición. No parece existir una postura más agobiante e indeseable para McGregor que quedar sepultado bajo el peso de Nurmy.

Todo lo demás fue espectacular

Yoel Romero volvió a alardear de su insólita virtud, la de rebajar su juego de piernas conforme avanza el combate, casi como si se reservara, algo que demostró en el tercer asalto, cuando estalló en una sucesión explosiva de golpes. Chris Weidamn hizo un buen trabajo de lanzar fintas y patadas contra el cuerpo de Romero durante casi toda la pelea, pero lo cierto es que el combate del cubano estuvo tan sumamente por encima que el de su adversario, que hasta resultó doloroso de ver.

La primera barrida de Romero desde el clinch fue impresionante — la barrida se produce cuando desplazas el peso de tu oponente hasta forzarle a mover un pie para no desequilibrarse y caer a la lona. Romero movió el peso de Weidman sin despeinarse, y bloqueó el avance de su adversario con el pie derecho, lo que proyectó a Weidman hacia el frente. A partir de ahí, el cubano hizo alarde su elasticidad de felino para inmovilizar a su adversario por la espalda.

Romero pudo deshacerse del agarre cuerpo a cuerpo de Weidman y atacarle con un bloqueo de muñecas, junto cuando el campeón le había ganado la espalda. Y luego, fue Weidman quien tuvo que batallarse por quitarse a Romero de encima cuando fue este quien le sorprendió por la espalda y se vio atrapado en idéntica posición. El final del combate llegó cuando Romero conectó un demoledor rodillazo por encima del ojo que le abrió una brecha y le dejó agonizando sobre el cuadrilátero.

Por su parte, Joanna Jedrzejczyk dio otra lección magistral en golpeo durante el combate que la enfrentó a Karolina Kowalkiewicz. La luchadora consiguió alternar su retroceso para ponerse en guardia, con las patadas bajas, muy efectivas. El catálogo de movimientos de Jedrzejczyk es de manual, un auténtico referente para aprender a pelear. Sus ganchos son directos, rectos, y sus patadas alcanzan el cuerpo. Su juego de piernas es igualmente primoroso, una destreza que le permite alternar retrocesos muy finos, y cambiar de lado el peso de su cuerpo para conseguir un mejor equilibrio y mejorar la contundencia de sus golpes. Y hasta de sus codazos, igualmente destacables. La combinación de codo derecho, gancho de izquierda y de patada baja con la derecha, le permitieron salvarse en más de una ocasión de queda rendida contra las cuerdas.

Claro que la campeona no se libró de recibir también su castigo. En el cuarto asalto, Karolina interceptó el avance del codo de su rival con un gancho directo de derechas. La intercepción dejó a la campeona desequilibrada. Luego, sin embargo, la campeona consiguió ganar la espalda de su rival y llevar la pelea hasta la lona, donde tuvo tiempo de recuperarse.

Por su parte, Stephen Thompson y Tyron Woodley libraron un combate trepidante en su contienda por el título welter., por mucho que la cosa terminara en empate. Woodley sorprendió incorporándose, de pie, con su espalda contra las cuerdas para desactivar el proverbial estilo de Thompson, muy hábil peleando a la contra., Thompson es un púgil reticente a usar la patada baja de rodilla, un golpe difícil de interceptar que no está muy bien visto. Así, para eludir el juego sucio, Thompson prefirió lanzar una patada redonda, que fue interceptada y que le llevó contra la lona como ya le sucedería en 2005.

Woodley castigó a Thompson desde la media guardia durante el resto del primer asalto, a base de codazos y de puñetazos. Y cuando Thompson noqueó a Woodley cuando este intentaba recuperar su guardia, un codazo corto de Woodley, terminó abriendo una brecha en el rostro de Wonderboy.

En los asaltos de mitad de la contienda, Thompson descubrió una buena velocidad de retroceso, y fue tan virtuoso como Joanna a la hora de jugar la baza de su mano atrasada, y combinando golpes al cuerpo con ganchos contra el rostro de su adversario.

Hubo también una hermosa coz de mula, una patada en la que Thompson anticipó que Woodley cambiaría de dirección, por mucho que el campeón no encajó el golpe como Thompson hubiese deseado.

Wonderboy sacó a relucir también su proverbial paso doble. En realidad, es más una manera de molestar a tu rival que de lastimarle, que consiste en un cambio hacia la guardia de zurdo, combinado con una patada lateral. Es una secuencia precisa y es divertido incorporarla a cualquier entrenamiento.

El juego de Thompson resulta tan efectivo por su control de la distancia, aspecto que debe tenerse en cuenta cada segundo de la pelea. Como ocurre con Lyoto Machida, cuando se deja llevar o quita el dedo del gatillo por un segundo, puede bajar la guardia frente a su oponente, y fue así como Woodley lo mandó al suelo en el cuarto asalto. Cuando Woodley tumbó a Thompson por segunda ocasión, muchos réferis habrían puesto fin al combate, pero el segundo que les dio Dan Miragliotta le bastó a Stephen para recuperarse y mejorar su posición.

El intento de guillotina de Woodley salvó a Thompson, que estaba recibiendo una paliza contra la jaula a más de minuto y medio para terminar el asalto. Una vez más, en una pelea muy reñida, cabe poner en entredicho el tanteo. El primer asalto, en el que dominó claramente Woodley, se saldó con un 10-9, igual que el tercero, que Thompson se llevó por poco. En fin, es poco probable que eso mejore pronto y la pelea fue lo suficientemente buena como para que haya una revancha.

Al final, el fantasma de Joe Frazier pareció estar presente en el Madison Square Garden, donde superó a Muhammad Ali en la Pelea del Siglo. Cuando Belal Muhammad se adelantó con una combinación, Vicente Luque se cubrió, recibió y atacó con un gancho de izquierda. El rey de los contraataques. Un púgil que lanza un buen gancho puede cerrar los ojos, esperar hasta sentir el golpe en su antebrazo y devolverlo sin mirar, y aun así sería peligroso si el contrincante sigue peleando.

Hablando de Smokin Joe y los ganchos de izquierda, Douglas Lima finalmente consiguió vengarse de Andrei Koreshov en Bellator 164. Con una impecable guardia de mariposa para ponerse de pie, Lima enlazó patadas bajas y jabs al cuerpo, esperando el momento perfecto para encajar un gancho de izquierda con el que tumbó a Paul Daley. Cuando Koreshov finalmente inició una combinación en el margen de la jaula, acabó derrotado por un golpe de izquierda, rompiendo con la buena racha de Koreshov y asegurando el título wélter de Bellator. Están pasando muchas cosas en esa división del UFC, pero no debemos perder de vista los nombres de estos dos púgiles, ya que están entre los mejores en su categoría.

Fueron casi diez horas de UFC y Bellator en un fin de semana lleno de peleas. Y habrá más el próximo sábado con cuatro eventos importantes —UFC: Belfast, UFC: Sao Paulo, Bellator e Invicta—, así que volveremos el miércoles para echar un vistazo a lo más prometedor del fin de semana.