Les presentamos la modernidad añeja de El Conjunto

Uno de los secretos mejor guardados de la nueva música latinoamericana.
24.1.17

La expresión "conjunto musical" a muchos puede sonarle a fiesta patronal de algún pueblo perdido de América Latina o a música vieja y populachera de esas que nuestros abuelos escuchaban en discos de vinilo. Hablamos también de conjuntos de vallenato, de bolero, de bachata, de merengue, de cumbia, de chicha, de chacarera, de joropo; pero solo un grupo puede reunir todos estos géneros al tiempo: El Conjunto, uno de los secretos mejor guardados de la nueva música latinoamericana

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Este es el proyecto en común de dos cotizados músicos de la escena hispanoamericana: el venezolano Augusto Bracho (mejor conocido como Gustavo Guerrero, guitarrista y director musical de la banda de Natalia Lafourcade) y el percusionista argentino Martín Bruhn (percusionista del trío de la más reciente gira de Calamaro).  Juntos cocinaron a distancia y a fuego lento su disco debut Antología 2, donde más que homenajear ritmos populares latinoamericanos que se mueven entre lo folklorico y lo bailable, los reinterpretan, haciéndolos suyos con modernas versiones en un licuado musical lleno de alegría y buen humor. Algo como folklore psicodélico, como tradición con espíritu rock.

Contamos su secreto en tres partes.

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PRIMERA PARTE: ¡Dale Martín Bruhn, no joda!

Nos encontramos con Martín Bruhn en un café de Buenos Aires a metros del Obelisco en un calurosísimo día de diciembre, antes de su ensayo con Andrés Calamaro para quien tocó las percusiones en su gira "Licencia para Cantar".  Martín nació en 1976 en la provincia argentina de Córdoba y vive desde hace años en Madrid.  La lista de músicos con los que ha colaborado es envidiable: Calamaro, Julieta Venegas, Jorge Drexler, Lisandro Aristimuño, Natalia Lafourcade y muchos etcétera.  En 2011 lanzó "Criollo", el disco debut de su muy buen proyecto solista en el que mezcla folklore argentino con electrónica.  Mientras tomábamos un expresso y Martín transpiraba orgullo por el disco recién nacido de El Conjunto conversamos un rato con él.

Noisey: ¿Cómo fue tu acercamiento a estos ritmos tradicionales?

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Martín: Mi padre toca guitarra y siempre había mucha música en mi casa, sobre todo folklore.  De chiquito empecé a tocar el bombo legüero que es el instrumento típico de la música tradicional argentina.  Por los escasos recursos económicos de mi familia nunca tuve una formación musical académica así que empecé sacando las canciones de oído y escuchando discos. Luego, yo tenía muchos amigos músicos y en Córdoba en esa época la movida del folklore era muy intensa, entonces tocaba mucho en vivo.  Esa fue mi escuela.

¿Y cuando decidiste dedicarte al folklore?

En el 98 había juntado un dinero y me fui a Nueva York un año. Ahí realmente vi la diferencia porque hay músicos increíbles de todas partes del mundo y entendí que cada uno debe desarrollar su voz propia y su personalidad musical. Yo tenía muy presente el folklore porque es lo que me gustó siempre y estaba demasiado metido adentro mío, entonces encontré ahí un camino para desarrollar lo que yo era.

¿Y como terminaste en España?¿Tuvo que ver la crisis argentina del 2001?

Yo me fui un poco antes de que explotara todo. Cuando volví de Nueva York, ya sentía que me tenía que ir de nuevo. En Córdoba, había un techo al que podía llegar ya que no había una escena musical tan grande como la puede haber en otros lugares. Además, todos los de mi generación se estaban yendo y era como que la situación general del país me llevó a tomar esa decisión. En España tuve la suerte de tocar con muchos grandes exponentes de la música en español y entendí que para tocar con ellos tenía que verlos como gente normal, siempre con mucho respeto hacia ellos y su música".

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¿Cuando comenzaste a desarrollar tu proyecto solista?

En 2011 edité Criollo, mi primer disco. Fue como mostrar al cien por ciento lo que soy.  Hay mucho folklore y mucha electrónica que me encanta. Fue un paso muy grande personal, como haber logrado finalmente mi propia voz.

¿Cómo conociste a Augusto Bracho?

Lorena Mayol, una amiga cantante que vivía en España con la que había grabado varios discos, se regresó a vivir a Argentina y me venía hablando de él que tocaba con ella. Luego lo conocí un ratito en Madrid cuando él ya estaba tocando con Natalia Lafourcade, nos dimos un abrazo y después se regresó a México. Un tiempo después me invitó a tocar con Natalia en una gira por España y empezamos a estar más tiempo juntos. En ese momento yo estaba haciendo el disco "Remixes Criollos", en donde está "Caderona, Caderona", una canción como colombiana o ecuatoriana que me encanta. Su origen es incierto, algunos dicen que es de uno o de otro país.  Yo lo invité a participar en ella, la preparé, la montamos en una tarde y nunca dudamos de lo que iba a pasar.

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SEGUNDA PARTE: Augusto Bracho y su guitarrita

Augusto Bracho es en realidad Gustavo Guerrero, guitarrista y actual director musical de la banda de Natalia Lafourcade. Dueño de una voz prodigiosa y una sorprendente habilidad con los instrumentos de cuerda, estuvo al frente de Cunaguaro Soul, un power trio caraqueño que puso a toda la escena musical de Venezuela a hablar de ellos desde que surgió en el 2005 hasta que, como tantos otros venezolanos, Gustavo decidió irse del país en el 2010 con destino a Buenos Aires.  Nos encontramos con Gus en su casa de Ciudad de México y conversamos rodeados de su impresionante colección de más de 600 vinilos mientras sonaba uno de Diomédes Díaz.

Noisey: ¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la música?

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Augusto: Mi padre, aunque no tuve mucha relación con él, era cantante de música llanera y a mi madre, con quien vivía, también le gustaba muchísimo la música. En casa siempre hubo buenos discos. Como a los 6 años, descubrí uno que ella tenía de los Beatles y ahí sucedió una explosión en mi cabeza y mi espíritu con respecto al rock and roll.  Hasta los 15 años no escuché otra cosa que los Beatles, a mi madre la volvía loca escuchándolos todo el día.

¿Cuando comenzaste a tocar instrumentos?

Cuando descubro este disco, también descubro una guitarra que ella tenía guardada y comencé a aprender a tocarla. Luego mi madre me dijo, "Bueno si a ti te gusta la música deberías estudiar seriamente", y me inscribió en un conservatorio pero fracasó en su intento porque lo dejé muy rápido. No duré ni un mes, pero seguía en casa tratando de aprender a tocar. Después, en el colegio, aprendí a tocar el cuatro venezolano en clases de música mientras iba perfeccionando la guitarra.

¿Cuando asumiste la música más profesionalmente?

A los 12 años comencé a tocar en una banda tributo a los Beatles y a partir de ahí empecé a tocar con gente a la que le gustaba el rock and roll de antaño. Ya a los 15 trabajaba tocando versiones en bares, yo era menor de edad pero en ese momento nadie lo sabía.  No lo hacía para ganarme la vida sino como mi pasión y mi manera de liberarme de mi rutina adolescente.  Siempre vi la música como un símbolo de libertad. Luego a los 19, comencé a ensayar con varios amigos de la cuadra donde vivía, hasta que se sumó el baterista Simón Hernández y formamos Cunaguaro Soul. Ahí fue que empezamos a tocar y hacer ruido por ahí.

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Hasta ese momento estabas súper metido en el rock ¿cómo te acercas al folklore?

En las clases de cuatro del colegio y con alguna que otra música que ponía mi madre en la casa.  De hecho, la canción "La Bella del Tamunangue" que está en Antología 2, viene de las gaitas zulianas que ella ponía en diciembre que es cuando se escucha esa música en Venezuela.  Esa canción realmente viene de los bailes larenses y ella ponía una versión espectacular en gaita que hacía un grupo de los 60 llamado Santanita. Nosotros le hicimos esa reversión a la versión.

¿Tu acercamiento a las tradiciones se potenció con haberte ido de Venezuela en el 2010 para vivir en Buenos Aires?

Definitivamente hay una cuestión nostálgica y por otro lado, como me dijo mi amigo Nacho Mastretta, colaborador de El Conjunto y gran amigo: "si quieres conocer bien Venezuela tienes que salir de ahí". Esa frase me marcó porque me hizo ver la importancia de salir del entorno al que se está acostumbrado y cómo eso hace que exista algo muy importante para el arte que es la perspectiva. Cuando tienes un poco de perspectiva de donde naciste y creciste, cambia un poco tu visión de las cosas. Irme a Buenos Aires me ayudó a encontrar una voz para mi proyecto.

¿Y cuándo introduces el folklore en tu música?

Antes de irme ya tenía la idea de hacer algún proyecto más relacionado con las tradiciones.  Recuerdo tener unos demos grabados en Caracas que ya tenían un acercamiento a eso. Me llamaba la atención la cercanía que tenía el rock con ciertas tradiciones del folklore venezolano y después eso se extendió hacia el folklore de toda Latinoamérica, porque como decía Diomédes Díaz, "el folklore es el sentir del pueblo" y el sentir del pueblo es igual en todas partes: sus paisajes, sus amores, sus desamores, sus creencias políticas. Para mí eso fue un descubrimiento muy importante y definía lo que yo quería hacer con Augusto Bracho.

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¿Quién es Augusto Bracho?

Un personaje que nació un poco antes de yo irme a Buenos Aires.  No tenía apellido todavía, solo se llamaba Augusto.  Un nombre polémico, nombre de dictadores y de poetas.  Me gustó como punto de partida para empezar otras búsquedas musicales. Luego comencé a trabajar con José Ignacio Benítez en el proyecto de Augusto Bracho y Moisés de Martín y sacamos el disco "Pajarera Vertical". Haberlo conocido a él y todo el universo de su proyecto Domingo en Llamas, fue fundamental para mi búsqueda y para acercarme más a la creación sin límite y a la imaginación.

Cuando conociste a Natalia Lafourcade ella estaba trabajando en su disco "Mujer Divina" sobre la música de Agustín Lara ¿Esa conexión alimentó tu búsqueda?

En Buenos Aires tocaba con dos chicas muy queridas, Lara Pedroza y Lorena Mayol.  Ambas son amigas de Natalia y por casualidad de la vida coincidí con ella tocando en un bar de Buenos Aires. De ahí nació la invitación para yo venir a México. Cuando nos conocimos los dos estábamos en búsquedas parecidas, interesados en los ritmos tradicionales. Yo no conocía el personaje de Agustín Lara pero sí sus canciones que son universales y para mí fue fantástico que una artista como Natalia estuviera meneando el avispero de uno de los pilares de la música popular mexicana y latinoamericana del siglo XX. Por mi parte, le mostré la música de Simón Díaz, ella no sabía quien era pero conocía algunas canciones. Nos fuimos interesando personal y artísticamente y así se fue desarrollando nuestra sociedad y nuestra amistad.

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¿Cómo conociste a Martín Bruhn?

Yo sabía de sus pasos porque él había grabado la batería en un disco de Lorena Mayol con quien yo tocaba en Buenos Aires. Luego en 2012, hice una gira por España con Natalia en la que éramos ella y yo nada más y buscamos armar una banda para la gira y entre los músicos que seleccionamos estaba él. Unos meses antes lo había conocido en una pizzería y ahí fue que dijimos "¡Ah, tú eres Gustavo!" "¡Ah, tú eres Martín!", hubo muy buen rollo desde el principio.  Empezamos a ensayar con Natalia en casa de Martín y nos hicimos amigos automáticamente.  Yo estaba maravillado de conocerlo y escuchar sus anécdotas, de verlo tocar el bombo y la guitarra y oírlo cantar todas esas zambas, gatos y chacareras que me enseñó. Ya sabíamos que teníamos que hacer algo juntos, entonces él estaba haciendo su segundo disco y me invitó a participar en "Caderona, Caderona" que fue la primera grabación de Augusto Bracho. Grabé voz, bajo, quena y cuatro. Empezamos a armar El Conjunto sin saberlo.

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TERCERA PARTE: 'Antología 2'

Sin apuro, pero sin detenerse y convencidos de lo que estaban haciendo, Martín y Gustavo completaron 'Antología 2'.  El resultado es un disco nuevo y moderno pero con alma primitiva que sorprende por varias cosas.  Su reinterpretación de viejos ritmos populares latinoamericanos le da a estos un aire joven que se alimenta de su espíritu más tradicional.  Las interpretaciones vocales de los distintos personajes creados por Bruhn y Guerrero a lo largo de todo el disco son impresionantes (se recomienda escuchar a todo volumen o con audífonos). También está lleno de divertidas y delirantes interpretaciones y de hermosos y conmovedores momentos musicales.  La idea del proyecto en si misma es genial. Los cuatro años de espera valieron la pena.    

Noisey: ¿Cómo fue hacer este disco a distancia?

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Martín: Un proceso un poco más lento. Una cuestión de amor absoluto y de plena confianza en que iba a estar bueno.

Gustavo: Estos proyectos que son importantes para uno, no se pueden hacer con tanto apuro, lo que queda es tomársela con soda y dedicarle espacios de trabajo quizás cortos pero de mucha calidad.  Fue difícil pero era la única forma de hacerlo.

¿Cuál fue el primer paso que dieron?

G: Empezamos a intercambiar canciones que habíamos descubierto y que nos parecían increíbles.  Yo le pase "La Bella del Tamunangue", "Asesina sin matar" y "Jota Carupanera".

M: Yo quería que hubiese canciones con cuatro porque cuando Gus lo toca es increíble y él quería que hubiesen cosas del folklore argentino. Él me mostraba cosas folklóricas de Venezuela y yo no lo podía creer, cosas rítmicamente muy parecidas al folklore argentino.  Además a mi me encanta la música andina y boliviana.  Él tenía una data y yo otra.

¿Cómo fue la selección de este repertorio?

M: Fuimos escogiendo canciones que fueran absolutamente "lados B", no queríamos grabar nada muy conocido. No son temas que teníamos muy incorporados.

G: Eran temas que nos parecía que tenían tela para cortar. La premisa era que la música que estábamos adaptando, siempre es muy moderna aunque se haya grabado hace 30, 40 o 50 años.  Si escuchamos "Asesina sin Matar", "Lucero Espiritual" o la "Jota Carupanera", son temas con letras modernísimas.

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¿Cuál fue el mayor reto al versionar estas canciones?

M: Arriesgarnos a hacerlas y no tener miedo de lo que saliera.  Queríamos darles nuestro toque personal con humor pero sin irrespetar esas canciones.

G: Más que versiones son adaptaciones de las originales. Martín es argentino y yo soy venezolano, entonces a la hora de tocar un vallenato, por ejemplo, va a salir algo muy distinto de lo que tocaría alguien del Río Magdalena o del Pacífico colombiano. Es nuestro punto de vista de esos diferentes géneros que admiramos.

Todas las canciones tienen un lado humorístico, pero no por eso dejan de ser versiones serias…

M: Siempre se cree que si tienes un poco de humor no eres serio, pero en estos temas todo viene de la risa, de la fiesta y de pasárselo bien que es lo que nosotros queríamos.

G: El humor es parte esencial de las tradiciones de América Latina, sin él no existimos como Latinoamericanos.  Una de las ideas primordiales del proyecto era reflejar eso y además una de las cosas que nos une a nosotros como amigos es el humor. Martín es un tipo súper gracioso.  Todo el tiempo está buscando un chiste y un juego de palabras.  Eso motivaba muchísimo al proyecto. Él llevó la batuta en ese sentido.  Por ejemplo, el trajo "Llévatela" que no es de los boleros más conocidos de Armando Manzanero, y yo no lo conocía. Lo que decía la letra y como terminaba la historia siempre le llamó la atención porque el personaje principal dice "te pido que te la lleves por el bien de los tres" y ese final le parecía insuperable. Nos cagábamos de la risa leyendo la letra,  quizá lo que buscaba Manzanero no era un final humorístico pero a nosotros nos parecía que lo tenía.

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¿Cómo fue la grabación?

  M: Fui a México a presentar mí disco en el 2014 y me quedé un mes para tener un punto de partida.  Llevé un micrófono y un preamplificador.  También grabamos muchas cosas con el micrófono de la computadora.  Buscamos una cuestión Lo-Fi.  Creo que si hubiésemos ido al mejor estudio hubiera salido otra cosa más pulida y eso no nos importaba. Teníamos muy pocos recursos pero muchísimas ganas de hacerlo, entonces nos dijimos, "tenemos que hacerlo con lo que tenemos y con lo que salga acá", y nos encerramos en casa de Gus a grabar.

G: En mí casa grabamos como el 60 % de Antología 2. Luego en octubre de ese mismo año viajé a Madrid y terminamos lo que faltaba y lo empezamos a editar y  mezclar. También presentamos a El Conjuntoun par de veces en vivo que fue muy bueno para mostrar el proyecto.

¿Qué instrumentos usaron en el disco?

M: Teníamos algo de dinero y fuimos al mercado de instrumentos usados del metro Taxqueña en el DF.  Ir ahí fue una experiencia increíble. Un flash. También compramos unos trajes que fue los que usamos en las fotos.

G: Compramos lo que íbamos encontrando: un banjo, un requinto jarocho que es un instrumento de cuerdas típico de México, percusiones, una imitación de bombo legüero con polillas que usamos en el disco y después se rompió.

¿Y cómo resolvieron los arreglos con instrumentos que no son los que tradicionalmente se usan en esos géneros?

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M: Fuimos buscando inconscientemente cosas de cada lugar y reinterpretamos todo de manera muy respetuosa. En " Linda Urubambina", por ejemplo, grabamos una misa en quechua y cuando hicimos la canción, la dejamos de fondo en la mezcla. O la introducción que es una grabación de un carnaval de Oruro y que después nosotros tocamos encima.

G: Trabajamos los arreglos con los instrumentos que teníamos, más que por una idea de sustitución, por las limitaciones y utilizar eso a favor de la música es bastante positivo.  Por ejemplo, sabíamos que para "Engañada", necesitábamos un conjunto de cuerdas de nylon y no teníamos un requinto de esos de bolero sino que lo hicimos con mi cuatro, el requinto jarocho y la guitarra.  Había una versión que nos gustaba mucho del Trío peruano Los Embajadores y yo grabé todas las cuerdas en el mismo tono de esa versión. Fue muy difícil de cantar y nos costó mucho porque era un rango muy alto.

G: Para el vallenato "Lucero Espiritual" usamos una armónica con un pedal de efectos para que sonara como un acordeón. Es una canción de Juancho Polo Valencia que es como un juglar colombiano con unas letras rarísimas, como un Chuck Berry del vallenato. Ahí, él le está cantando a un lucero de una manera muy particular que a nosotros nos pareció muy moderna.

G: Para "La Bella del Tamunangue", Martín grabó percusiones con todo lo que encontró a su paso: ollas, botellas, cubiertos, maderas y armó una locura sonora. Luego, las voces de todo el disco éramos solo nosotros dos, yo tenía la idea de tener personajes diferentes que participaran, había que tener mucha imaginación y entonces cambiábamos la voz para  crearlos y así fuimos acrecentando los coros.  Los dos pegando gritos en la madrugada, yo no sé como los vecinos no me botaron de la casa, pero esa era un poco la idea, una especie de manicomio.Eso se nota mucho en "Tímidamente". Nos divertimos muchísimo.

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G: El "Merengue sin Letra" fue un respiro porque es un tema que no dice nada pero tiene mambo, nos pareció muy gracioso. Cuando era pequeño esa canción pegó en Venezuela y me pareció interesante incluirla y a Martín le encantó porque es fan del merengue. El tratamiento fue bastante raro, no es un merengue en sí. Como no teníamos piano para hacer los ritmos de merengue grabé como cinco instrumentos de cuerda haciendo octavas arriba, octavas abajo y eso le da también un carácter bastante esquizoide.  Además, tiene una célula rítmica muy compleja y extraña que solamente se le ocurrió a Martín.

G: "Cariñito", es un tema bastante conocido en el mundo de la chicha y la cumbia peruana, el ejercicio fue imaginarnos que la nuestra era la versión original y que Hijos del Sol, que son los autores de esa canción,  fueran la banda de rock que le hace la versión. El tema original tiene guitarras eléctricas y es espectacular, un tema muy bueno para bailar. Tratamos de hacerlo diferente, una mezcla de saya, guaracha y son cubano, un licuado extraño de tradiciones, de música del campo colombiano pero también de música de Perú, Bolivia y Argentina. Quisimos hacer como la versión primitiva y era nuestra manera de decir que la música que estábamos reinterpretando ya era moderna de por sí.

¿Cómo fue la mezcla y masterización?

M: Los dos sabemos algo de grabaciones y nos íbamos mandando premezclas. La mezcla final la hizo Gustavo.

G: Yo no soy ingeniero de mezcla.  Me lancé por esa bajada porque no teníamos presupuesto, tomé ese riesgo y sé que pudo quedar mejor pero quedamos bastante contentos. Luego el master se hizo en Madrid, se pasó todo por una cinta y se volvió a pasar a digital, eso le dio un colorcito. Esperamos pronto editarlo en físico.

¿Qué se va a encontrar el público cuando escuche 'Antología 2'?

Gustavo: Mucha diversión y diversidad de sonidos.  Es una especie de viaje psicodélico. No sé si es una pesadilla o un sueño, para mí es una fantasía del universo tradicional latinoamericano.

Martín: Yo creo que van a encontrar una de esas hermandades musicales que pasan poco en la vida y se agradecen un montón.  Dos amigos pasándola bien, felices haciendo la música que quieren. Parafraseando un viejo merengue… ¡Prepárense bailadores que El Conjunto acaba de llegar!

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Fotos cortesía de El Conjunto. Sigue a Ricardo Armas en Twitter: @acordarrimas.