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Sexo

Bococu, 25 años en el BDSM mexicano

"Es el nombre que me puso mi amo, es padrísimo. Soy un objeto para darle placer. Una boca, un coño y un culo: Bo-co-cu".
4.3.15

Agradecimiento a Maurizio Montes de Oca.

"Bococu es el nombre que me puso mi amo, es padrísimo. Soy un objeto para darle placer. Una boca, un coño y un culo: Bo-co-cu", me cuenta radiante la practicante y vocera del BDSM (Bondage, Dominación/Disciplina, Sadismo/Sumisión, Masoquismo) en México. Me recibe en su hogar, perfectamente maquillada vistiendo un body transparente. Usa un collar con argolla, tiene perforaciones en cada pezón y en los genitales. En la pantorrilla tiene un trisquel por cada año de relación con su Amo: hasta ahora, diez trisqueles y un tatuaje de cadena en el tobillo que indican su sentido de propiedad.

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Es diseñadora gráfica, tiene diplomados en marketing político y en locución de radio, juega volibol, habla inglés y portugués, y tiene un programa de radio. Además, lleva 25 años dentro del mundo BDSM, forma de erotización y sexualidad alternativa en la que se experimenta con los sentidos, el cuerpo y el poder.

Para Bococu la sexualidad es algo parecido a una nevería:

"La sexualidad es enorme, te brinda muchas posibilidades con tu cuerpo. Imagina a dos amigos, Juan y Pedro, que entran por casualidad a una enorme nevería cuyos sabores de helados son vastos y diversos. Hay nieve de aguacate, chamoy, rompope, pétalos de rosa, menta, tabaco, chocolate amargo, etcétera. Juan le pregunta con entusiasmo a Pedro qué helado pedirá y Pedro le contesta —con gran decepción para Juan—, someramente, el lugar común de los helados: pediré el de vainilla". Bococu se refiere a "la gente vainilla", que son aquellas personas que no experimentan, que son misioneros monógamos y que tienen una sexualidad "normal".

La finalidad del BDSM es que todos los participantes tengan placer. Juegan mucho con la parte de dominación mental y psicológica, sin que eso te anule como persona ni como ser humano. Todo es consensuado y se lleva de forma sensata. Si uno de los participantes —o dos o tres o cuatro— ya no tienen una relación sana, entonces se convierte en una relación de abuso, cosa que llega a pasar. Bococu es una mujer que, entre otras cosas, procura difundir la idea de una sexualidad plena, experimental y responsable a través de su programa de radio por internet en MuyMalos Radio y participa en talleres donde enseñan a usar los instrumentos propios de esta práctica sexual.

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En la práctica del BDSM hay distintos tipos de relación. Están los sesionistas, que son dos o más personas que se reúnen y asumen los roles únicamente cuando acuerdan que tendrán relaciones sexuales y el resto del tiempo pueden tener, o no, otro tipo de relación amistosa. Los switchers son los que pueden pasar de ser dominantes a sumisos y viceversa. Y existe la relación Am@/ sumis@, donde hay una conexión física y emocional muy fuerte, y los límites de los participantes se plantean desde el principio (por ejemplo, sexo con menores de edad).

Pero la relación Am@/ Esclav@ es otra cosa. El esclavo le pertenece al amo y no hay límites. Existe metaconsenso y cada quien conoce los límites morales del otro. Apela a la sensatez del amo. Es la entrega total: "Yo creo que en BDSM hay mucha confianza. Imagínate que una persona te tiene desnuda o vestida como él quiera y puede hacer contigo lo que sea. Llegas a tenerle tanta confianza que puedes decirle: sabes qué, ¿por qué no me metes la manguera y le abres? Cualquier cosa. Tu fantasía más secreta, más oscura, aquella que no le dices a nadie".

Mientras escucho a Bococu decir con toda honestidad: "Yo soy sumisa, toda mi vida he sido sumisa" y referirse a su pareja como su Amo, mi feminista interior se cuestiona algunas cosas, pero Bococu parece ser muy consciente de su papel en la relación y no le molesta en absoluto, de hecho me parece una mujer alegre y que sabe lo que quiere.

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Le pregunto su opinión acerca del feminismo. Antes de responderme, me mira con sospecha como adivinando a dónde se encaminan mis pensamientos. Luego dice muy decidida: "Se necesita ser muy segura de ti misma, se necesita estar muy consciente de lo que eres y lo que quieres porque nadie es tan dueño de sí mismo como alguien que decide entregarse a otra persona".

"Yo no soy una mujer con baja autoestima, ni dependiente de si mi amo me escribe en Facebook o no. No, soy una mujer independiente y yo creo que un dominante real busca eso. O sea, ¿para qué quieres someter a una mujer que siente que no vale nada? Es como un costal en el piso".

Bococu me mostró algunos de sus juguetes y me fue explicando para qué servían esos extraños instrumentos que yo hubiera confundido con utensilios de cocina o piezas del museo de la tortura. "No es barato ser BDSM", me dice mientras guarda sus juguetes en dos grandes maletas.

¿Cómo llegó a ser Bococu? Desde la secundaria, el pleno despertar sexual, me cuenta: "desde que tuve mis primeras fantasías sexuales eran todas de dominación y sumisión". Con sus parejas "vainilla" fue experimentando aquello que le hacía sentir placer sexual, sin querer siempre buscaba parejas dominantes: "Yo nada más estaba expresando lo que quería sentir y vivir. Tú como mujer tienes deseos, ganas de vivir cosas nuevas y las expresas".

Posteriormente, con la llegada de internet a México, comenzó a buscar información en chats. Fue así como llegó al BDSM, donde la dominación era virtual, "te la chaqueteabas mentalmente". Viajó a San Diego y Nueva York a conocer a algunos masters y de regreso a México buscó un amo. Ahora se encuentra en una relación de esclavitud desde hace diez años.

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Con más de cien millones de copias vendidas del libro de E. L. James, 50 Shades of Grey, parece que la sumisión no es una fantasía de minorías. "Sobre Las 50 sombras de Grey, hay gente de la comunidad [BSDM] que de plano quisiera llevar todos los libros al Zócalo y quemarlos", comenta Bococu sobre el best seller, del cual hizo un programa de radio. Dice que presenta a uno de los protagonistas, Christian Grey, un joven magnate multimillonario, quien introduce al otro personaje protagonista, Anastasia Steele, al BDSM , como una "persona enferma, traumada, maltratado de niño que no sabe amar", dice Bococu con sorna.

Sin embargo, "puso el BDSM sobre la mesa". No lo dice sólo el éxito comercial y la producción hollywoodense, con toda la campaña de medios y merchandising que ello implica, sino que entre las mujeres de cierta edad es uno de los tópicos alrededor del que giran las conversaciones desde hace un par de años. Incluso, Gabriela Cuevas, actual senadora del partido más conservador en México, puede confesar en una entrevista que lo más "heavy" que ha hecho es leer el libro. "Mientras se desmitifique el BDSM como unos locos cortándose y golpeándose y sufriendo, lo agradezco", dice Bococu.

Con más de 25 años de experiencia en el BDSM, Bococu asegura con una sonrisa: "ya nada más me faltan tres sabores de helado por probar", haciendo referencia a esa gran nevería llamada sexualidad. Le pido que defina placer en una sola palabra, porque ella, una persona que no se ha conformado con una sexualidad convencional, "vainilla", misionera y monótona debe saber qué es.

"Placer es plenitud", contesta.