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Cuando el twerk se convierte en un arte marcial

​Dentro de las danzas de combate habría que incluir el twerk, ¿dudáis de su finalidad beligerante?

Aïda Camprubí

Aïda Camprubí

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Dentro de las danzas de combate habría que incluir el twerk, ¿dudáis de su finalidad beligerante? Dicen que al bailarlo creas un aura zen a tu alrededor: autoconocimiento, sanación, empoderamiento,... pero últimamente cuando lo practico siento que me subo al ring; en este espacio que has creado con tus nalgas siempre tienes que andar dándote de bofetadas no solo contra los que se escandalizan frente cualquier connotación sensual o la absurda mirada masculina predominante que se cree, cual rey León, que hasta donde alcanza la vista es su reinado. También hay haters supuestamente liberales que están más encorsetados que los que salivan viendo bailar el twerk, solo hace falta leer muchos de los comentaristas de esta santa casa cada vez que se habla de reggaetón. Ha sido una sorpresa generalizada notar que mujeres sí somos sujetos sexuales, pero no tal y como los describe la publicidad, que aunque intenta el paso de la chica objeto a sujeto, todo lo intoxica con las turbias artes. Aún se crítica a las chicas que sacan el baile del contexto teórico y lo disfruta en la calle o en los clubes, que al fin y al cabo es lo que debería hacerse con una danza viva.

"Ella tiene el culo enorme, parece que no es suyo. Yo ya le he puesto nombre, ella me dice: 'capullo, da igual como lo nombres, nunca va a ser tuyo'."

También hay guerras femeninas internas sobre quién baila con fines vanguardistas o quien está hipersexualizada; además del factor de expropiación a las afrodescendientes que tampoco ven con buenos ojos que las mujeres blancas lo usen, sea o no con ideales feministas. Parece que por herencia geográfica y social me toca alzar los brazos y agitar mis pechos al ritmo de la sardana, otro baile de unidad y empoderamiento bastante más monótono y menos creativo. Entiendo la injusticia, todas debemos ser conscientes de que el feminismo blanco está poniendo de moda una practica por la que muchas pioneras con distintos matices de piel de ébano han sido ninguneadas y tratadas de perra, cuando en realidad, ejercían su identidad diaspórica. La revolución del twerk les pertenece, la empezaron ellas, pero ante tanto conflicto moral, ¿dónde este nuestro jodido espacio? Esta tierra prometida que se dice que aparece cuando te atreves a mover el culo, espabilar el chacra base y generar ese 'campo de fuerza' que te vuelve impermeable a las miradas nocivas. Como diría mi profesora Kim Jordan,"to twerk is not a crime", pero a veces lo parece.

Hemos convertido un baile liberador en una practica penalizada por todas las mirillas existentes. Ante este panorama desolador, empezaba a pensar que no podía practicar twerk sin forjarme algún tipo de enemigo aparecido desde alguna de las antípodas de la ética. Hasta que tope con Raisa Maudit, que desde su anárquico pedestal me iluminó con la idea de que el cuerpo, ya no solo de la mujer –acabemos con los binarismos de género-, está en el punto de mira, ¡el lugar idóneo para utilizarlo como un arma! Y es en su proyecto Twerking para la revolución: A las barricadas, papi donde suelta la mejor epifanía sobre la unidad del twerk:

"No queremos tener lesiones en esta guerra, el culo siempre tiene que prevalecer"

Vale decir que la frase hablaba sobre el calentamiento previo al ejercicio, pero también puede interpretarse, con un poco de sentido del humor, como una buena forma de llamar al consenso de las distintas elites del twerk para su uso conjunto hacía la insurrección. Ahora que tenemos un fin común aún me asalta la duda, ¿cómo puedo bailarlo siendo a la vez revolucionaría y respetuosa hacía sus orígenes? Kim Jordan me ha dado algunas de sus claves:

1-Conocer e investigar sus orígenes y mostrarles respeto.

2-Respetar también tu propio cuerpo, no hacer nada con lo que te sientas incomodo.

3-Celebrarte, bailar siempre es motivo de alegría y disfrute.

4-Elegir canciones que no sean denigrantes, inapropiadas o sexistas.

"I am woman, hear me rawr, Queen of the Wonderland, not Alice"

Ya no solo en la selección de la música que lo acompañe, hay tantas canciones con mensajes revolucionarios como frases malentendidas. Otra forma de ser cuidadosas es andarse con ojo al usar palabras como ratchet, ¿conocéis su verdadero significado más allá de la broma? Según Kim me cuenta en su origen "era un adjetivo despectivo y bastante racista para hablar sobre alguien (más bien mujeres) que se visten mal o no se recogen bien el pelo (en referencia a los problemas con el cabello de los afro-americanos) o que es promiscua (aquí castigando obviamente a las mujeres, porque solo nosotras somos menospreciadas por ello). Con respecto al twerk tiene que ver con el doble moral de que cuando las mujeres negras lo practican, que además son las que lo inventaron, se ven como sucias y 'ratchets' mientras cuando las blancas lo hacen es aceptado por el 'mainstream' y tiene clase."

No cantéis victoria, porque no es suficiente pagar tributo a los ancestros y pasarlo bien chocando nalgas. Laura Sales criticó certera que "que una mujer decida perrear (por decir algo) no convierte el perreo en feminista, porque los significados sociales del no dependen exclusivamente de la propia voluntad, sino de los contextos en los que se interpreta." ¿Cómo podemos desarticular nuestro 'esperanzador' contexto dominado por la supremacía blanca y la mirada machista? Estamos metidas de lleno en un nido de ratas donde se celebran los casos de Helen Mirren, solo se habla del twerk cuando lo practica una princesita Disney y se conoce más el ejemplo de Beyoncé que el de Sissy Nobby o Big Freedia, The Queen of Bounce.

"I know the world and I know who I am. It's 'bout time I show it."

Quizás la solución esté en twerkear mal, "bailar patoso, desligado, bobo, privado, como Gillian Wearing en medio del supermercado." En las Jornadas Mutantes, el colectivo Nenazas organizó un espacio donde moverse sin cordura, porque "bailar mal es bien, es mandar a la mierda la mirada masculina que nos enfoca constantemente, conocer que nuestro cuerpo no es ni pretende ser perfecto" igual que a veces no lo es nuestro discurso. ¡Abajo la doma del cuerpo! Nenazas me enseñaron que bailar bien es reproducir los criterios que nos imponen, seguir la dictadura del pasado siempre ajeno al presente. Quizás bailar mal, llevar el twerk al extremo de descoordinación, hacía una sexualidad desbocada que asuste al espectador pero que libere al bailarín, sea la única manera de desmontar todo este proceso. ¡Convirtamos el twerk descoordinado en el arte marcial de esta revolución!

"Express yourself, release the glow, attack the floor and work it low."