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Cultura

Menestra de torturas

Castración, asfixia entre excrementos, perforación con clavos, cortado de cabelleras y presos fritos como un bistec. Repasamos algunos tormentos de la antigüedad.

por Kiko Amat
11 Septiembre 2015, 3:00am

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Crucifixión

El Bono Vox de los métodos de tormento. Todo el mundo conoce los pormenores de la crucifixión por el papel que desempeñó en la cansina muerte del Mesías, hijo de Dios, uno y trino, etc. Sus características, sin embargo, no eran tal y como las pinta la iconografía cristiana. En la crucifixión, solo uno de los palos estaba "permanentemente clavado" al suelo (según cuenta George Riley Scott en History of torture), imagino que porque de este modo entre calvario y calvario podía usarse como cucaña o poste de rugby. El otro madero (el horizontal) se lo llevaba cada condenado de su Vía Crucis. No hace falta decir que eso resta algo de heroísmo a la primera fase del suplicio de JC (trabajoso transporte de cruz hacia el Gólgota), que en realidad solo se dio un garbeo con un travesaño bajo el brazo. En todo caso: uno pensaría que, una vez claveteado a la maldita cruz, y tras disponerte a sufrir una "lenta e indescriptiblemente agónica" muerte en los próximos cinco o seis días, bajo la solana de Judea y con los metacarpos desgarrados, los verdugos te dejaban a tu bola. Pues no. Riley Scott nos recuerda que los soldados, para echar la tarde, a veces "introducían palos en el orificio rectal o en la uretra, y luego los sacaban" (oh, gracias) y otras, si estaban a punto de merendar, le untaban al crucificado algo de miel en la faz para atraer a los bichos y las alimañas. Pues fenomenal, hombre. ¿Algo más? ¿No desearíais encaramaros aquí y cagar todos juntos en mi boca, tal vez? ¿Quizás atarme los testículos a aquel camello y luego azuzarle para que salga trotando? Joder, tíos, que estoy en LA CRUZ. Dejadme morir en paz, al menos.

Peine Forte Et Dure

No se trata de hacerte la raya al lado con un peine de lo más afilado, no sean acémilas. La Peine Forte Et Dure (PFED) consiste básicamente en despelotar al reo, tumbarlo en lugar adecuado y luego irle aplicando peso encima hasta que el desdichado espicha por asfixia. Ocasionalmente los ejecutores no habían planificado correctamente la adquisición previa de objetos pesados o electrodomésticos de gran calibre, así que no les quedaba más remedio que "aplicar el propio peso de sus cuerpos" encima de la plancha de acero original. Una vez allí apalancados supongo que aprovecharían para jugar una partida de remigio, o al gua. La PFED no era un procedimiento homicida por sí mismo, sino que solía aplicarse como severa coacción para que los condenados confesaran. De forma hilarante, Riley Scott comenta que en algunos casos certificados esta pena se aplicó a presos mudos (rían aquí).

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La hoguera

La barbacoa de personas es un sistema recurrente en el Antiguo Testamento, ese fascinante tratado de urbanidad y buenos modales de los primeros cristianos. El bueno de Yahvé, de hecho, tiraba de ella bastante a menudo para casos de incesto y prostitución, y es bien sabido que la Santa Inquisición la convirtió en su castigo preferido para todos los casos de herejía, brujería o presunta coyunda con Satán. Lo bueno de esto no es que la Inquisición Española o la corte inglesa lanzaran a la pira a cualquier Adamita zumbao que pasara por allí danzando, o a cualquier señora con verrugas y hábitos nocturnos disipados, sino que oficialmente "no se consideraba una tortura". No, claro: era un tratamiento de aguas termales, malditos hijos de zorra; una tarde en el pedicuro. Quizás por esta visión demente de la hoguera, los inquisidores iban inventando nuevos añadidos al plan original: al obispo de Gloucester, condenado por hereje en 1555 y que vacilaba cosa mala a sus captores (rechazó ser atado, el muy manito, aduciendo: "estoy perfectamente seguro de que no les causaré ningún problema") le aplicaron bolsitas de pólvora en los sobacos. Así se aseguraban de que, una vez derretida toda la parte inferior del tronco en una goteante masa de sangre calcinada y crepitante grasaza, se terminaba la falla con una vistosa mascletá de extremidades (con ambos brazos saliendo despedidos hacia la multitud; ¿quizás incluso con premios para quien pillara uno?).

'La Hoguera', de Javier Krahe.

Hervidos y freiduría

El ritual en ambos procedimientos es muy similar. Al igual que en la cocina, los hervidos se echaban a un cazo profundo o olla estilo caníbal, y los fritos a una sartén gigante. Una vez seleccionado el recipiente y tras haber desplumado y limpiado al Santo que iba a utilizarse, el torturador decidía si correspondía aplicar el modo de suplicio más o menos humano o el de agonía indescriptible. Digamos solo aquí (no se rían ahora) que el método benigno era arrojar al pobre imbécil "de cabeza" al hirviente o chisporroteante elemento. Sí, ese era el benigno. En la Edad Media eran así; no se andaban con chiquitas. Cuando, por el contrario, se optaba por martirizar al máximo al futuro pelanas-al-vapor, se le colocaba en la cazuela con agua hasta que "arrancaba a hervir" (tal cual; como si fuera un puñado de cañaíllas gaditanas). Tanto la fritada como el escaldado se aplicaron con gran éxito en el súper-martirio de los Siete Hermanos Macabeos y la Madre (he ahí un musical que yo iría a ver). En este hit del A.T. y pieza clave del Jánuca vemos cómo Antíoco se ensaña de forma fatigosa con el septeto de terroristas del movimiento judío de liberación (no es un chiste de La vida de Brian), y también con su vieja. Es demasiado nauseabundo para contarlo aquí (José lo describe en un tono de splatter guarro no apto para estómagos delicados), pero déjenme apuntar –porque me hace una gracia tremenda- que a uno de los hermanos, Achas, lo lanzan a "un pote de latón". Esto, por sí mismo, no parece el más terrible de los suplicios, hasta que vemos en los dibujos del Martirology de Clark que el cacharro en cuestión es un mortero, y que hay un andoba arreándole a Achas en la jeta con la mano de mortero; quizás con la intención de aliñar un buen allioli de sesos de judío, o una picadita de mártir. En cuanto a los otros hermanos, mejor dejarlo. Solo les digo que entra en juego un leopardo, y muchos intestinos, y a uno le despellejan como a una liebre, y todos pierden la lengua al final.

El Toro de Latón

Este me chifla. El Toro de Latón, también conocido por Toro de Falaris -bautizado así por el tirano griego que lo popularizó- es un morlaco de cobre hueco a tamaño real, y al que el torturado accede por una trampilla cular (toda humillación es poca). Una vez cómodo el reo en el interior del cachivache, al astado se le aplica un vigoroso fuego bajo la panza, y el preso es asado vivo. Hasta ahí muy sencillo, pero entonces entran en juego los molestos alaridos espeluznantes en los que debían prorrumpir los horneados. Para solucionar esta inconveniencia, su inventor (Perillo, de Atenas) dispuso una serie de flautas en el hocico del bicho (arrea), de modo que los berridos horripilantes del tipo, mezclados con el vapor de su cuerpo en pleno tueste, se transformaran en bellas melodías de free jazz abstracto. Era como colocarse un nuevo equipo de música en el templo, vaya; uno que funcionase a base de infractores calcinados. Hay que ser muy bastardo para ingeniar algo así, ¿no creen? Quien así lo creía era Falaris: pese a ser también un mal bicho, el déspota se quedó tan escandalizado por la villanía de Perillo que ordenó que este fuese la primera víctima del Toro. ¡Silba, silba ahora, Perillo!

Mutilaciones variadas

Castración, cortado de cabelleras, desmembración, destripamiento y otras lindezas. Lo del destripamiento, de hecho, tiene bastante miga, porque –como sucedía con la hoguera- en la antigüedad no se consideraba "suficiente" tortura. Ajá. Riley Scott la define como "táctica preliminar" para los acusados de traición. Sí, amigos, en el siglo XVII, ARRANCARTE LAS TRIPAS DE CUAJO se consideraba un entremés a la verdadera tortura. Por añadidura, no sé yo qué clase de mozallones sobrehumanos sufrían estos tormentos, porque según datos oficiales, a tres fulanos ingleses acusados de alta traición en 1685 les "arrancaron las entrañas y las quemaron ante sus ojos". Un momento, amigo. ¿"Ante sus ojos"? ¿Les extirparon los intestinos y los arrojaron a una barbacoa, y los pavos SEGUÍAN MIRANDO? ¿Quién leches eran esos tres titanes, Superman, Batman y Wonder Woman? Da lo mismo, no les daría mucho tiempo para deleitarse observando sus propios zarajos a la brasa, porque les decapitaron en un santiamén (exacto: decapitar era la tortura).

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El Agujero Negro de Calcuta

Pese a su altisonante nombre fue algo bastante prosaico: 123 personas cascaron en 1756 en un presidio inmundo de Calcuta, asfixiados en una celda oscura y con miasmático hedor a excremento, aplastándose los unos a los otros para conseguir agua que los verdugos les racionaban a través de un par de ventanucos. No es el súmmum del ingenio, pero lo he añadido aquí por su conveniente uso jocoso-conversacional en situaciones modernas. Puede tratarse de un menda con tremebundo acceso de diarrea explosiva justo en el instante de abandonar el retrete y toparse con el tipo que está esperando su turno ("Yo de ti no entraría ahí ahora mismo, chorbo. Eso es el Agujero Negro de Calcuta"), o el relato de un cunnilingus frustrado por los irrisorios estándares de higiene del partenaire ("Pues claro que intenté comérselo, subnormal, pero aquello era el Agujero Negro de Calcuta"). Siéntanse libres de buscar otros usos. Yo solo les planto las semillas, que decía Bill Hicks.

El Beso de la Virgen María

Aunque se la conoce también como la Doncella de Hierro o Doncella de Núremberg. El modelo alemán, un pueblo mucho más eficiente y refractario al melodrama que el nuestro, consistía tan solo en una especie de sarcófago humaniforme con rostro de Virgen María donde se confinaba al pelanas, para (una vez cerrada la compuerta) perforarle cachazudamente –en la lentitud estaba la gracia- con una serie de clavos retráctiles ocultos en la puerta. Hasta ahí muy bien, y que pase el siguiente (no se olviden de sacar al anterior gilipollas hecho un colador, que dos personas no caben). Asimismo, la inquisición Española en Toledo, según un oficial francés que inspeccionó sus mazmorras, se había ingeniado una pequeña pero salerosa variación al sistema. En el teatral método patrio, los clavos estaban en el interior del busto mariano, y enfocaban hacia fuera. Hasta allí llevaban a rastras al robaperas, con el sospechoso argumento de que debía "confesarse" en brazos de la Virgen María. Al grito de "¡Mira, mira como la Virgen abre amorosa los brazos para recibirte!", y con el pobre pilingui amorrado de este jaez a los santos senos, "la figura empezaba a levantar los brazos metálicos" y atrapaba allí al pobre payaso, a quien acto y seguido se le administraba la acupuntura extrema de un modo demencial. ¿No lo visualizan como lanzamiento de Giochi Preziosi para estas navidades?

Postre de torturas bizarras

Mis tres favoritas: el gato enjaulado y fustigado sobre abdomen de reo, para que al montar en cólera trate de escapar a través de la panza del hombre; los huevos duros calientes colocados en los sobacos del infractor (no suena letal); y el "indescriptible tormento", registrado por el escritor del siglo XV Hipólito de Marsillis, consistente en untar de salmuera los pies del preso y dejar que unas cuantas cabras se los limpien a lengüetazos. De todos los enumerados en el artículo, esta sería (naturalmente) mi opción.