Una tarde con los jevis veteranos de Madrid en el concierto de Iron Maiden
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Una tarde con los jevis veteranos de Madrid en el concierto de Iron Maiden

Los británicos hicieron parada en Madrid con su gira "The Book of Souls". Pulseras de pinchos, mucho merchandising de Eddie, birras y muy buen rollo jevi-clásico.
15.7.16

Los primeros fans habían acampado ante la puerta del Palacio de Deportes (como se llamaba siempre) 24 horas antes de abrir las puertas. Era un grupo de chicas jóvenes, fans de Iron Maiden, con sus camisetas y con sus banderas. "Habremos dormido aquí como unas diez, no mucha más gente, no te creas", nos contaban una hora antes de que se pudiera acceder al recinto. Ellas tenían prisa, probablemente era la primera vez que iban a ver de cerca a Bruce Dickinson y los suyos. Es normal. Mientras, los jevis veteranos, los fans de toda la vida, se tomaban la cosa con más calma. 'Slow-life' total.

Saben de que va esto. Una pareja nos habla de que el primer concierto al que fueron de los Maiden fue en el mismo sitio, pero hace más de 25 años. Desde entonces ya ni saben las veces que los han visto, más de cinco, seguro, solo saben que siempre se lo han pasado bien. Y se lanzan a disfrutar del ritual colectivo de la espera que consiste, básicamente, en aguantar a que pase el tiempo empapando la lengua de birra en lata (no podía ser de otra manera) y compartiendo charleta con la gente. Hablando de música, no podía ser de otra forma, de Iron Maiden, de directos perdidos, del set-list que se ha filtrado, de cómo fue el concierto del Resurrection Fest de Viveiro del pasado fin de semana y del estado de forma de la banda en este gigantesco tour que se llama The Book of Souls.

El botellón colectivo y pacífico (con un buen rollo jevi muy característico) comienza a ocupar poco a poco la Plaza de Felipe II, los bares y las clásicas tiendas de comestibles, que se van quedando sin birra fría. Los más previsores han venido con neveras de corcho y bolsas de hielo. Eso es profesionalidad.

Como la de los reventas, que sobrevuelan a los más despistados ofreciendo entradas, de forma muy insistente, y subiendo bastante los precios, porque se habla de un "sold-out". Los que están haciendo su agosto en julio son los del puesto de merchandising oficial. Las camisetas, a 30 pavos, combinan a Eddie en distintas portadas míticas de Iron Maiden con la retahíla de ciudades del mundo que va a recorrer el tour plantadas en la espalda.

Todo el mundo viene con su camiseta del grupo de casa (algunas bien desgastadas por el paso del tiempo), pero nadie se resiste a tener una nueva. Es la prenda estrella del 'look' jevi de la tarde, junto con los inevitables chalecos vaqueros forrados de parches que componen una especie de cartel de aquellos memorables Monster of Rock: Metallica, Anthrax, Motorhead, Scorpions, Kiss…

Se nota en las prendas que han librado mil batallas y que sus propietarios son jevis clásicos, de aquellos que aprendieron a amar los solos de guitarras afiladas con The Number of the Beast, y que se mantienen fieles a sus ídolos a pesar de que ya no sean unos jóvenes salvajes y que Bruce Dickinson parezca un padre de familia. Aunque siga siendo una jodida estrella cuando se sube al escenario, las cosas como son. También entre el público hay gente que va con sus hijos. La pasión por el jevi no entiende de edades y se transmite de generación en generación.

Se acerca la hora, a las nueve empieza el show, la plaza no se vacía, los que tienen asiento adjudicado se lo toman con calma. Un grupo que ha venido de un pueblo de Extremadura aprovecha para hacerse las últimas fotos juntos de recuerdo, parecen una peña en plenas fiestas.

Los jevis veteranos apuran sus birras, posan para nuestra cámara haciendo el gesto de los 'cuernos-metaleros' con sus manos y sacan brillo a sus tachuelas. El concierto está a punto de comenzar, y la bestia a punto de rugir. Nuestra conclusión de tres horas entre birras y fans de los Maiden es que en las filas de los jevis hay un rollo de esos que se llama sano y que esta música no tiene fecha de caducidad. Ni nadie piensa en la jubilación anticipada.