Las inquietantes fotos a color del Tercer Reich

Aunque casi todo el mundo sabe cómo era la propaganda y la potente maquinaria de la simbología nazi, verlo en color en esta impresionante serie de fotos de Life es un auténtico puñetazo en el estómago.

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19 Febrero 2016, 4:00am

Todas las fotografías por Hugo Jaeger/LIFE

El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Hitler era muy popular por el uso de símbolos en sus campañas: enormes banderas con águilas y multitudes perfectamente alineadas que resultaban verdaderamente espeluznantes a la vista. Una tipología de desfile que ha sido imitada por muchos regímenes autoritarios.

Sin embargo, aunque casi todo el mundo sabe cómo era la propaganda y la potente maquinaria de la simbología nazi, verlo en color en esta impresionante serie de fotos de Life es un auténtico puñetazo en el estómago.

Hace algún tiempo, Life estuvo rebuscando en sus archivos para hacer retrospectivas de fotos antiguas —algunas de ellas inéditas hasta ese momento—, pero la más sorprendente han sido de la serie de Hugo Jaeger, uno de los fotógrafos personales de Hitler.

Ver imágenes de ciudades enteras forradas de banderas con la esvástica, como si una marea roja inundara cada rincón de la ciudad, es inquietante. Esa era, obviamente, la impresión que Hitler y su maquinaria de propaganda querían transmitir: que el partido nazi era una fuerza imparable y que la única opción era unirse a él.

El poder de Hitler nació en parte de la estética sectaria que promulgaba. Ante una maquinaria tan increíblemente eficiente, que parece pintarlo todo de rojo, la disidencia se torna una opción difícil.

Pero las imágenes por sí solas, por poderosas que sean, no pueden sostener un movimiento político para siempre. Mientras que el partido de los nazis obtuvo rédito incrementando sus filas al transmitir la idea de que todo el mundo estaba con ellos con un mensaje del tipo "Únete a nosotros o quedarás atrás (o asesinado)", la disidencia, tanto dentro de Alemania como en el extranjero, persistió.

Hitler quiso presentar un "Reich de los mil años" invencible mientras cometía atrocidades indecibles durante su mandato. Sin embargo, los aliados lo derrotaron diez años después de su llegada al poder.

Esa simplificación es parte básica de cualquier libro de historia del siglo XX, pero con fotografías en blanco y negro.

Las fotos de Jaeger son técnicamente impresionantes. El tipo de película que utilizó, Kodachrome de 35 mm, fue comercializado por primera vez en 1936, y fue solo después de eso que la fotografía a color consiguió difundirse lentamente en el ámbito profesional.

Es un increíble ejemplo de lo poderoso que puede ser el desarrollo técnico, incluso en las artes; pocos años después de la aparición comercial de la tecnología de la película en color, la habilidad de Jaeger con el nuevo medio destacaba en esta serie, aunque lamentablemente fuera para documentar la vida de uno de los dictadores más famosos de la historia.

Pero eso es lo que hace fascinantes a estas fotos, sobre todo desde el punto de vista de la innovación. Difícilmente podían sospechar los químicos que trabajaban con esta tecnología el servicio que las películas a color darían a la maquinaria de propaganda nazi.

Es importante resaltar el hecho de que, si bien la campaña propagandística de Hitler era poderosa, no fue suficiente.

Como editor de Life.com, Ben Cosgrove escribe en el texto que acompaña la publicación de este conjunto de fotos: "nunca está de más recordar que se necesitan mucho más que símbolos —no importa lo eficientes que sean, o cuán trascendentes parezcan— para transformar un movimiento en una fuerza política, social o militar perdurable".

Existe una razón por la que el simbolismo de la mano dura del partido nazi ha sido caricaturizado en películas como 1984 y Death Race 2000. No se trata solo de una dimensión política, sino también histórica. El concepto de cubrir cada metro cuadrada de espacio público con banderas que representan al partido, cualquiera que sea, es un viejo truco, y uno que asociamos casi automáticamente con los gobiernos totalitarios.

El libre pensamiento requiere estéticas libres, y un déspota restregando su propaganda en la cara de todos y en todo momento resulta invasivo. Pero a pesar de eso siempre habrá disidencia.

Sigue a Derek Mead en Twitter: @derektmead