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Cultură

La fascinación de los indios con un tal Hitler

¿Por qué los indios están fascinados con Hitler?

por Víctor Martín
28 Febrero 2014, 9:15am

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Un vendedor de libros ambulante aprovecha que el semáforo de una calle de Nueva  Delhi está en rojo para acercarse. Tiene varios libros en las manos, pero el que me ofrece es uno en particular: Mein Kampf, la autobiografía de Adolf Hitler. “¿Tengo cara de nazi? ¿Al final resulta que soy ario?”, me pregunto a mí mismo. No, no es ese el problema.

Ese libro en el que el dictador austriaco cuenta su vida y desarrolla sus teorías nacionalsocialistas es un éxito de ventas en las librerías de la India. Se encuentra por todos lados: en los escaparates de las tiendas, en las estaciones de tren, en los aeropuertos, etc. En inglés y en hindi. Al menos 13 editoriales lo han publicado en el país asiático. Algunas escuelas de negocios lo tienen como referencia en sus clases para explicar cómo un hombre puede conseguir los objetivos que se propone. Y no sólo ese. Cantidad de obras con la imagen de Hitler en la portada, ya sea para ilustrar un libro sobre su vida como para uno sobre la Segunda Guerra Mundial aparecen en las estanterías al lado de biografías de Barack Obama, Bill Gates o, cómo no, Mahatma Gandhi. Sí, Gandhi y Hitler juntos.

La palabra Hitler vende en este país. “Tratar de frenar las ventas de Hitler ha demostrado ser un ejercicio inútil en todo el mundo", escribió Chris Faraone, de Vocativ.com a propósito de cómo crece la venta de la obra de Hitler a través de Internet. "Desde que apareció en Asia hace 15 años, Mein Kampf ha vendido más de 100.000 copias en la India” dice Faraone, según recoge la web de Fox News. Lo cual, si tenemos en cuenta que un libro que venda 10.000 copias se considera un bestseller, tiene su aquel.

Bollywood no vive ajeno a este personaje histórico. Varias películas, como Hero Hitler in Love o Dear Friend Hitler han estado en cartelera. También la telenovela llamada Hitler Didi (‘Hermana mayor de Hitler’), con un notable éxito. A veces, el protagonista que lleva el mismo nombre que nuestro protagonista suele ser un hombre cascarrabias. Y es que el mote Hitler para alguien así también llegó a extenderse por este país.

Hace dos años causó revuelo una tienda de ropa en la ciudad de Ahmedabad. Su dueño le había puesto al local el nombre del asesino de más de seis millones de judíos. Un enorme cartel con una esvástica marcando el punto sobre la ‘i’ de Hitler coronaba el escaparate. Según este tipo, el nombre triunfaba entre los habitantes de esta ciudad del oeste de India y, como el líder nazi no le había hecho nada malo al país, no le odiaban. Este caso no es único. En Mumbai se recuerda aquel café que se llamó Adolf Hitler y que tuvo que cambiar a Café de la Cruz por las críticas. O el restaurante Hitler’s Cross, de Kharghar, que también tuvo que cambiar de nombre tras la presión de la comunidad judía.

El escritor Dilip D’Souza contaba que su mujer, profesora de francés en un colegio de Mumbai, un día le dijo a sus alumnos que pusieran “Yo admiro a…” seguido de un personaje histórico. Nueve de los veinticinco chavales eligieron a Hitler. La cara de la maestra tuvo que ser un poema al ver los resultados de su prueba, claro.

A eso hay que añadir una encuesta del periódico –sensacionalista, eso sí– Times of India que concluyó que el 17% de los encuestados, estudiantes universitarios de la elite india, entendían que Hitler era el tipo de líder que el país asiático necesita estos días. Gandhi fue elegido por poca diferencia al alcanzar un 23%.

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¿Por qué les encanta?

No es que los indios sean antisemitas, dicen los expertos. De hecho la comunidad judía de India es, si no la única, una de las pocas comunidades judías que nunca ha sido perseguida por sus compatriotas. Quizá porque es el país de las mil religiones que dicen respetarse entre ellas, aunque rascando un poco sobre la superficie se desmonta la visión de una India idealizada en este sentido.

¿Por qué, entonces, los indios están fascinados con Hitler? Algunos académicos creen que por la poca educación que se da sobre la historia de Europa y el resto del mundo. Es más, recientemente salió un estudio que detallaba los fallos en varios libros de texto que se imparten en las escuelas. En ellos se decía, por ejemplo, que fue Japón quien lanzó la bomba atómica sobre EE.UU., y no al revés. Una educación así puede desembocar en un desconocimiento absoluto del personaje y sus crímenes.

Otros expertos entienden que la historia de India carece de grandes héroes con un liderazgo destacado, un afán arraigado en esta sociedad, de modo que los fans encuentran en Hitler un héroe clásico que se enfrentó a adversidades y luchó por sus metas. Algunos incluso le agradecen sus hazañas: hay quien sostiene que si Hitler no hubiera debilitado al Imperio Británico como lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos no se hubieran ido nunca de India.

El ciudadano indio medio mide más o menos 1,70, tiene la piel oscura, el pelo negro como el azabache y no es aparentemente musculoso. No reúnen precisamente las características de un ario que digamos. Eso sí, les va llevar bigote. Quizá los fans indios de Hitler debieran saber que en Mein Kampf el dictador afirma que los indios no son capaces de autogobernarse y que prefería que siguiesen bajo las garras del Imperio Británico. Los intentos de independencia eran una rebelión de la “raza inferior india contra la raza superior”.

Recientemente se estrenó la obra de teatro La muerte de un conquistador, aunque en este caso no para ensalzar la historia de Hitler, sino que la obra relata, de una manera indiferente, los últimos días del dictador nazi en su búnker de Berlín. “Hitler no es un hombre para ser glorificado. Ningún dictador lo es”, dijo el autor de la obra, el dramaturgo Sameer Mone.

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