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Cultura

Así me ven los tipos que hacen caricaturas

Tres retratos, tres resultados distintos, una profesión.

por Pol Rodellar
04 Noviembre 2014, 2:42pm

Barcelona, 2014. Llevo viviendo toda mi vida en esta ciudad y nunca antes me había sentado en uno de esos taburetes del final de La Rambla para que un tipo, un desconocido, me hiciera una caricatura o un retrato. Para mí es un mundo totalmente desconocido, todo lo que sé sobre la gente que se dedica a hacer caricaturas lo he aprendido de ​ese cómic de 16 páginas de Daniel Clowes, donde un caricaturista (no sé cómo se llama la persona que hace caricaturas, vamos a dejarlo así) de unos 40 años flirtea con una adolescente. Aparte de este interesante dato que en ningún caso pretende generalizar sobre la profesión ni retratarla como un campo de "gente sexualmente especial", el cómic también incide en la capacidad de la caricatura para expresar la personalidadde las personas, en todas sus facetas. El buen caricaturista también tiene que sacar a la superficie el horror y la antipatía de sus modelos. Así, con esta predisposición a ser analizado y criticado, me dirigía a la deconstruida Rambla de Barcelona.

Lo primero que me sorprendió fue la poca presencia de caricaturistas, y es que hablando con ellos me dijeron que el ayuntamiento ha ido, poco a poco, reduciendo las licencias. Es más, en su afán de higienizar La Rambla, la administración ya desterró hace años a las estatuas humanas al final del todo del paseo y, dentro de poco, de las 73 licencias que existen actualmente para los retratistas, quedarán 62. También limitarán las paradas ya que solo dispondrán de un lado de la vía para asentarse. Las nuevas licencias se adjudicarán mediante un examen y no hace falta decir que todos los artistas allí presentes estaban indignados con estas nuevas medidas.

Para que os hagáis una idea, ​esta es mi foto más actual.

Echando una primera ojeada a la oferta de caricaturas me llamó bastante la atención el estilo de este tipo -línea gruesa y curva- y pensé que sería un buen comienzo. Como NUNCA antes me había sentado para ser retratado (¿caricaturado?) lo pasé un poco mal. La experiencia del modelo es terrible. De repente no solo te está mirando fuertemente el "artista", sino que toda la gente que pasa por ahí se detiene a mirar cómo va la cosa. Te miran, miran el retrato y se ríen. Se ríen de ti y tú no sabes nada, no has visto el retrato ni estás viendo su desarrollo. Es una tortura, se crea una ironía dramática increíble -ellos saben algo que tú desconoces- y todas las expectativas que puedas generar se centran en una proyección de futuro terror. Sabes que la caricatura te dejará como la mierda, esa es su función principal. También puede darse el caso de que la caricatura esté muy mal hecha y dé pena (esa pena que hace que incluso te entren ganas de llorar por el pobre autor), entonces tendrás que fingir que te gusta y tendrás que decir eso de "me encanta, increíble". En fin, es una situación en la que siempre pierdes.

Vayamos al dibujo en concreto: Este tipo se supone que soy yo. Este Rajoy se supone que soy yo. La caricatura acierta a remarcar mi frente despejada y esa barbilla puntiaguda pero más bien parece el retrato de un tipo de unos 45 años o más, por lo que yo mismo debo parecer un tipo de unos 45 años o más. Me gusta el contraste entre el blanco absoluto de la frente y el negro de la barba, generando -con la ayuda de esa peca- un Ying/Yang humano, algo que sin duda sí que me caracteriza, ya que mi vida está llena de contradicciones y polos opuestos (borracheras inhumanas/comida orgánica; Rock and roll/paternidad). Toda esta información sobre mí la desconocía por completo pero supongo que su instinto de caricaturista le salvó el retrato.

Después de mi primera experiencia me dirigí a una señora que se dedicaba a hacer retratos realistas. Siempre me han gustado las pinturas figurativas de escenas de caza y bodegones y me apetecía verme retratado según la visión de un artista de las bellas artes, cual aristócrata o burgués que colgaba retratos familiares en su salón para evidenciar su riqueza. Sentado en la silla plegable me di cuenta de que ya había superado el terror inicial del sujeto retratado. La gente que se acercaba y miraba ya no me importaba, ahora era un jodido veterano. La gente que se acercaba comentaba que "estaba clavado" pero al levantarme y ver el dibujo deseé con todas mis fuerzas que NADIE nunca me percibiera de este modo. Evidentemente a la retratista le dije que me parecía "perfecto".

El retrato resultante es el de un tipo que probablemente vive en Sudamérica y toca la guitarra. Seguramente es un tipo simpático pero que al final resulta muy cargante, en fin, un pesado. Juraría que es de izquierdas y que no para de hablar de socialismo. Tiene un perfil de Facebook con un apellido falso, algo como "Rubén Libertario", utiliza su muro para repostear imágenes y artículos de denuncia social. Aunque cueste creerlo tiene un punto de seductor, utiliza esa mirada de bonachón para comerse unos buenos chochos. Joder, esa mirada puede destruir jodidos planetas. ¿Qué me decís de ese flequillito que asoma por la frente? El tipo se pasa horas peinándoselo frente al espejo. Los días que no consigue el rizo ideal ni sale de casa.

Ahora que lo pienso, también parece el retrato policial de un criminal. El retrato de un asesino. De alguien que mata a gente con tenedores. Puede que también se coma partes del cuerpo de sus víctimas. Siempre con esa mirada penetrante y de "buen rollo". Este tipo ayuda a la gente a ascender a un plano existencial superior, les está haciendo un favor. Es un gurú. "El gurú de los tenedores" como le llaman los rotativos locales.

Después de mi experiencia con los retratos realistas decidí volver a las clásicas caricaturas "divertidas". Escogí un autor que tuviera el típico estilo de caricaturas: cabeza grande, nariz grande y labios frondosos. Pese a que tengo la cabeza pequeña, la nariz delgada y unos labios casi inexistentes el tipo me retrató con esos atributos exagerados. En el mundo de las caricaturas exagerar lo inexistente supone uno de los errores más flagrantes que se puedan cometer. La verdad es que el tipo ya me dijo que estaba un poco cansado y supongo que no le apetecía demasiado indagar en mi bello rostro.

En esta representación de mi persona parezco un tipo muy jodido, alguien que lleva como mínimo un año viviendo en la calle. Mi peca de la frente se ha convertido en varias pecas o manchas ocasionadas por el mero hecho de ser un indigente. Si algo ha clavado el tipo es mi mirada de tristeza, esa mirada que enamora a las mujeres y que, en última instancia, las aleja de mí. En el dibujo aparezco con un lápiz en la mano porque le dije al artesano que, a veces, ​"dibujaba cómics", cosa que me convirtió inmediatamente en un dibujante. Como si yo viviera por el dibujo, como si fuera mi pasión y un lápiz sería lo que me llevaría a una isla desierta. De todos modos fue un detalle; en el mundo de las caricaturas no solamente vale la destreza con el lápiz, es igual de importante -o más- preguntar e indagar sobre la vida del modelo para poder llegar a realizar el retrato perfecto.

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